INSEGURIDAD

Joven narra peripecia de un secuestro en Parque Rodó

Un asaltante drogado le puso un revólver en la cabeza.

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Mathías: evitó el secuestro engañando al ladrón. Foto: Ariel Colmegna

Mathías Bernat jugó en las inferiores de Nacional hasta que comenzó a estudiar Educación Física. Tiene 20 años de edad y le falta poco para terminar la carrera. Mientras está de vacaciones ayuda a su familia en un almacén de la Ciudad Vieja. En la madrugada del sábado estaba con dos amigos en la puerta de su casa en Acevedo Díaz entre Hugo Prato y Maldonado. Estaban comiendo papas fritas y conversando.

"Pasó un tipo. Camperón de Peñarol, morral, gorrito, vaquero y championes con resortes. Paró. Estaba tomando cerveza y dijo que estaba fumando bazoco (marihuana con pasta base). Nos ofreció y no aceptamos. Pidió plata para el taxi y le dijimos que no teníamos. Ahí saca un revólver del morral. Apunta y pide los tres celulares, se los dimos. Le gustaron los championes de un amigo y se los llevó. Después hizo lo mismo con un buzo y una cadenita".

De esa forma comenzó el infierno de Mathías. El delincuente seguía pidiendo cosas. Uno de sus amigos le entregó la billetera que tenía apenas $ 20. "¿Viste que tenías plata y no me la querías dar?", recriminó el asaltante. "Pero eso no te da ni para una ficha del taxi", dijo el joven. "No me importa, me sirve todo y dame esos championes también", exigió el delincuente a punta de revólver.

Secuestrado.

Ahora el arma apunta a Mathías. "Sentate, dame los championes y la campera", gritó. En eso caen las llaves del auto del joven estudiante. "Tenés auto. ¿Dónde está el auto?", preguntó. "No sé, ni idea", respondió Mathías. Sin querer, el delincuente desbloquea la alarma y se encienden las luces del coche que estaba detrás suyo.

"Parate que te vas conmigo", dijo. El rapiñero no sabía manejar. El asaltado trató de explicarle cómo se hacía. "Subite y maneja, vamos hasta Ellauri y la Rambla", exigió.

El joven no encontraba una salida para la situación. "Yo no sabía para dónde arrancar, esas calles nunca se cruzan. Después me dijo que lo llevara al faro. Le dije que no. Después agarré Bulevar Artigas. El tipo creyó que alguien nos estaba persiguiendo. Me apuntaba a las piernas. En eso abrió el revólver y me mostró que tenía el tambor lleno de balas. Intentó abrir la puerta para disparar hacia afuera", narró Mathías.

Durante todo el viaje el delincuente mantuvo el arma en el cuello y la cabeza del joven chofer secuestrado.

Llegó un punto en que Mathías resolvió negociar. Pararon frente a la Escuela Francia. "Te dejo el auto en punto muerto y te lo llevás, así no puedo manejar", le dijo. Y él aceptó.

Cuando el delincuente se puso en el lugar del chofer, Mathías le volvió a explicar cómo manejar. Fue ahí que Mathías aprovechó un descuido. El asaltante encendió el auto y puso reversa. Antes que el coche se trancara, el joven cerró la puerta y echó a correr con todas sus fuerzas sin mirar atrás.

Horas después Mathías volvió al lugar con la Policía. El delincuente había dejado el auto con las llaves y se llevó la campera, una billetera, los tres celulares y tres championes. En la huida dejó un champión.

50 preguntas policiales

Cuando Mathías huyó de su captor se refugió en una estación de servicio. Desde allí se comunicó con la Policía. "Me hicieron unas 50 preguntas por teléfono antes de ir a buscar al tipo. Me preguntaron hasta el color de los celulares de mis compañeros", contó la víctima. "Me sorprendió la lentitud. Si en ese momento lo salían a buscar lo encontraban, después nos dijeron que hay poco personal durante el fin de semana", afirmó.

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