exrecluso de guantánamo

Jihad Dhiab: Uruguay cometió errores, pero "se pueden corregir"

El refugiado aseguró que "le gustaría que la gente se entere de lo que pasó en Guantánamo y que trate de hacer algo por los que quedan".

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Abu Wa’el Dhiab muestra una foto de su familia. Foto: Agustín Martínez

El exprisionero de Guantánamo, refugiado en Uruguay, Jihab Dhiab (Abu Wa'el Dhiab) aseguró al semanario Brecha en relación al país que "recibir a personas que han estado casi 13 años en un lugar como Guantánamo requiere una atención especial y mucho apoyo. Es un desafío y se cometieron errores, pero esos errores se pueden corregir".

Incluso el canciller Rodolfo Nin Novoa y el secretario de Derechos Humanos Javier Miranda reconocieron errores en el proceso en el que se refugió a los seis exprisioneros, sobre todo en el alojamiento otorgado. 

El sirio Jihab Dhiab fue el único de los seis refugiados por el gobierno uruguayo que no firmó la carta compromiso con los beneficios y obligaciones para su estadía en Uruguay porque aún no tiene claro si se quedará, pero podrá incorporarse al proceso más adelante si así lo decide, dijo a El País Christian Mirza, el interlocutor que el gobierno designó para tratar con los liberados.

Dhiab afirmó que "quisiera incitar a los uruguayos, y a todos aquellos que creen en los derechos humanos a abrir los ojos y mostrar un poco de humanidad".

Agregó que le "gustaría que la gente se entere de lo que pasó en Guantánamo y que trate de hacer algo por los que quedan".

El exprisionero de la cárcel estadounidense relató a Brecha las torturas que sufrió en el centro de reclusión: "Cuando estaba en el cuarto de interrogatorios me esposaban las dos muñecas, que a su vez las esposaban a mi cintura. Luego me ataban la cintura y las manos a los pies, así me tenían durante por lo menos seis horas seguidas. Llegaba un momento en que les pedía para ir al baño y se negaban. Trataba de aguantarme todo lo posible hasta que ya no podía más y tenía que hacerme encima, sentado en la silla". 

El exrecluso aseguró que de la celda los guardias lo llevaban a la "sala de torturas" donde se realizaban las alimentaciones forzadas por un tubo que se les inserta a los presos por la nariz hasta el esófago. "Nos ataban tan fuerte a la silla con unas correas que si ya no te habías desmayado por los golpes lo hacías en ese momento", contó.

Relató que él se "desmayó muchas veces. Me sometían a esta violencia varias veces por día. A menudo dos por la mañana y dos por la tarde".

Hoy en Uruguay Jihad Dhiab duerme dos horas o menos por noche debido al calvario que pasó en la cárcel de Guantánamo.

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