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Industria textil en Juan Lacaze, una nueva quijotada

El Pepe (Mujica) decía que estábamos locos —cuenta José Pedro Barrio, gerente general de la Cooperativa Textil Puerto Sauce—; y tiene razón”. Pero este ejecutivo, veterano de muchas derrotas, cree que aún es posible encontrar un lugar en el mundo para la lana tejida en Juan Lacaze.

La cooperativa Puerto Sauce, que fue el nombre de la población hasta 1909, se echó a andar en los últimos meses del año pasado sobre las ruinas de Campomar y Soulas, aunque con aliados poderosos: el presidente de la República y dineros públicos del Fondo de Desarrollo, o Fondes.

Los nuevos cooperativas de Juan Lacaze debieron sortear desconfianzas y un sinfín de etapas burocráticas, pues es una costumbre que los proyectos respaldados con dineros públicos, como Agolan SA, la textil que sucedió a Campomar y Soulas, bajen la cortina tras sufrir pérdidas enormes año tras año.

De hecho la nueva cooperativa se asienta sobre diversas capas arqueológicas de destrucción y en sus muros se puede leer una parte significativa de la historia de la industria uruguaya, con sus grandezas y miserias.


Los 108 cooperativistas saben producir pero hay otras cuestiones esenciales en las que son aprendices: administrar una gran empresa, diseñar nuevas prendas, convencer a los clientes, publicitar sus productos. “No queremos ser Agolan, que perdió dinero durante 20 años”, dice Mariana Castro, tesorera de la cooperativa. Agolan fue el arquetipo de una empresa privada fundida, a la que luego el Estado, actuando como empresario, inyectó vida artificial, con mucho dinero, largo tiempo y poca eficiencia.

La cooperativa ofrece un producto clásico, de gran calidad y de difícil competitividad: lana cardada y teñida, eventualmente mezclada con sintéticos para realzar su brillo y suavidad. Pero vender, en el mercado interno y en el exterior, nunca fue sencillo. Sus competidores directos son temibles: españoles e italianos que poseen una cultura milenaria en el mismo oficio.

El proyecto completo, a financiar por el Fondes en cinco años, cuesta 8,9 millones de dólares.

El Fondo de Desarrollo o Fondes, dineros públicos que desde 2011 se prestan en condiciones ventajosas a cooperativas de trabajadores supervivientes de grandes empresas fundidas, lleva el sello de José Mujica y del Movimiento de Participación Popular (MPP). El presidente lo definió como “una vela prendida al socialismo” y una vía para escapar a la “explotación del hombre por el hombre”.

Sin embargo los resultados han sido más bien decepcionantes. La mayoría de las empresas “recuperadas” sobreviven entre problemas financieros, bajos salarios y envíos de personal al seguro de paro.
El nuevo gobierno de Tabaré Vázquez desea revisar el sistema, pues cuestiona cómo han sido evaluados los proyectos y sus resultados. Sin embargo Mujica promete defender su concepción del Fondo de Desarrollo desde el Parlamento: “En esto del Fondes no me llevan puesto”.

(Lea el informe completo en la edición impresa de El País o suscríbase aquí a la edición digital)

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