La Columna de Pepepreguntón

La indiferencia

Son cada vez menos los que confían en la transparencia de los comicios legislativos que el próximo 6 de diciembre se celebrarán en Venezuela.

Con candidatos detenidos, líderes políticos inhabilitados de participar de la contienda y reglas de juego poco claras, ya ha quedado meridianamente claro que los líderes de La Revolución Bolivariana y los que se benefician de ella no están dispuestos a aceptar una eventual derrota en las urnas. Van a hacer uso y abuso de todos los recursos que tienen a la mano para ganar, por las buenas o por las otras. Si eso no fuera así, ¿por qué tanto empeño del presidente Nicolás Maduro y sus camisas rojas por cerrar la puerta a todas las organizaciones internacionales, incluida la propia OEA, que se ofrecieron a enviar observadores a los comicios? ¿Qué es lo que los observadores no deben ver?

Queda siempre una puerta abierta para lo imprevisto. Una derrota tan tremendamente aplastante en las urnas que no se pueda ocultar. En todo caso, el propio Maduro ya ha advertido lo que esperaría a los venezolanos si, Dios no permita, la oposición ganara las elecciones. "Si se diera la hipótesis sesgada, rechazada y sepultada (de una victoria de la oposición), yo estoy preparado política y militarmente para asumirla. Y me lanzaría a las calles. Y pónganse a rezar para que haya paz, porque en la calle somos candela", dijo Maduro en cadena de televisión.

Mientras Maduro alertaba lo que sucedería si el gobierno perdía las elecciones, su ejército de seguidores pagos inundaba la red Twitter con el hashtag "VictoriaChavistaComoSea". Queda claro. Hasta Maduro y el pajarito que le revolotea lo entendieron.

Lo que está sucediendo en Venezuela es inusitadamente grave. Pero la mayoría de los gobiernos del continente prefieren mirar para un costado. Algunos por afinidad ideológica. O porque sienten que a la hora de perpetuarse en el poder todo vale. Son los mismos que impulsan reelecciones indefinidas y reforman la Constitución para quedarse en el poder un tiempo más. Los que no se animan a cuestionar a Cuba ni a decir que en la isla hay una dictadura. Otros, porque prefieren dejar que los acontecimientos evolucionen, y no quieren ser los que levanten la mano para pedir una reunión de urgencia de la Unasur o la Celac, de esas que cuando Caracas necesita se arman en cinco minutos.

Y algunos, porque dependen económicamente de los favores de un gobierno que cada día es menos democrático. Porque dependen de los acuerdos comerciales que Caracas se ha cuidado de firmar para mantener tranquilos a algunos países que, en otro contexto, podrían ser más díscolos. Porque Venezuela los mantiene cerca con dinero que, como ya no sobra, el gobierno de Maduro le saca a los mismos venezolanos.

¿Hasta cuándo la comunidad internacional va a seguir mirando para otro lado? ¿Hasta que haya una muerte en las calles venezolanas? ¿O deberán ser varias? ¿Cuántas muertes se aceptarán esta vez antes de alzar la voz? ¿Cuántas muertes se necesitan para que algunos recuerden su compromiso con la democracia - [email protected]

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