Poco después, el animal murió por quemaduras al lado de la costa canaria

Se incendió el boliche y su perra Ema lo ayudó a salir

En medio de las llamas de un boliche de pescadores artesanales, situado en la costa canaria, una perra ayudó a su dueño a encontrar la salida. Ema no tuvo tanta suerte: murió poco después por las quemaduras sufridas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"No me dijeron donde estaba Ema, me hubiera gustado despedirla". Foto: Marcelo Bonjour

"Yo salí del rancho que se incendiaba. Me percaté que adentro había cosas de valor. Entonces entré otra vez. Ella me siguió. Me perdí por el humo. Sentí su fuerza, su espíritu que me ayudó a salir del incendio", dijo a El País el propietario de local siniestrado, Nicolás Quincke.

El emprendimiento de Quincke es un rancho de pescadores donde se elaboran comida en base a pesca del día. Tenía un parrillero y varias mesas y sillas. Quincke le ponía "onda" escribiendo poemas y pensamientos en las paredes.

El pescador levantó el "bolichito" a base de mucho sacrificio y tenacidad junto a la rambla del balneario Shangrilá.

El miércoles 28, faltando pocos días para la apertura, un incendió cortó de raíz el desarrollo del rancho-restaurante.

En medio del humo, el pescador perdió de vista a su perra y salió por una entrada diferente a la que ingresó al local incendiado. Fiel, la perra lo esperó dentro del rancho que se quemaba.

El día del incendio nadie le comentó qué había pasado con Ema. A Quincke las informaciones sobre su perra le llegaron en forma fragmentaria.

Primero supo que los bomberos la sacaron desvanecida de los escombros calcinados y las maderas quemadas.

Después alguien le comentó que Ema se despertó y salió corriendo, aullando de dolor hacia la playa. Quizás pretendía calmarse con el agua o morir en el mar. "Era una perra de agua y conocía mucho la costa", dice Quincke en un conmovedor video de despedida que colgó en su página de Facebook. En pocas horas, el video fue visto por 1.500 personas.

La perra se quedó en la orilla. Lamiéndose sus heridas y loca de dolor.

Horas más tarde, un pescador le dijo a Quincke que vio el cuerpo sin vida de una perra muy parecida a Ema en medio del mar. "Me dicen de a poco lo que pasó con Ema. No entenderé por qué no me vinieron a avisar (que la perra aullaba de dolor en la orilla del mar). Me hubiera gustado despedirla", señala el pescador.

En el video, Quincke relata todo el amor que siente por Ema, una perra de agua que llegó a su casa siendo muy pequeña y que envejeció sin dejar de conmoverlo.

La muerte de Ema y el incendio de su rancho, provocó una tormenta interior en Quincke. "Tengo un montón de sentimientos encontrados. Lo que pasa es que Ema era una perra que yo amaba con toda mi alma. Ella se fue el día que se tenía que ir. Recién estoy haciendo el duelo", dice con tristeza. Hoy piensa despedirse de Ema en la playa de Shangrilá. "Será un rezo, un último acercamiento a ella. Es la despedida a mi amiga", explicó Quincke al cronista.

El pescador, que tiene tres hijos, señala en el video que Ema siempre estuvo cerca del agua. "Y volvió de donde sea. La persona que la conoció sabe que junto al mar era el lugar donde ella tenía que terminar. Así que, Emita, chiquita mía, linda. ¿Qué querés que te diga? ¡Me hiciste disfrutar cosas únicas que viví contigo!", dice Nicolás Quincke. Enseguida relata la historia de la perra en su casa, quien convivió con sus tres hijos. Siendo cachorra, Ema se fue para una casa de una familia amiga, luego regresó al entorno de Quincke. Al tiempo se perdió durante seis meses. "Emita, ésta es mi despedida. La gente tal vez no entienda esto. Lo hago con el corazón. Ema ya no está pero me acompañará siempre", afirma.

Dolor.

En el video, Quincke agradece las múltiples muestras de apoyo que recibió de familiares, amigos y hasta de desconocidos. Varias personas le ofrecieron donaciones de materiales de la construcción para levantar otra vez el rancho donde vendía pescado elaborado "con mucha onda".

Quincke dice: "Todo lo que me están dando, lo recibo. Pero creo que hay acciones mucho más importantes que la mía. Hay niños con cáncer y otras personas que necesitan más ayuda que yo".

El rostro del pescador es de alguien abrumado por el pesar de haber perdido a su mascota y compañía y por el incendio del rancho donde vivía ocurrido el miércoles pasado

"Estaba bien el bolichito. Va a estar mejor. No me interesa tanto el incendio, lo que tenga que volver a luchar, lo que tenga que volver a levantar", expresa el pescador. Enseguida agrega: "No me interesa tanto (el incendio del rancho) por todo lo que me dieron. No tengo más palabras. Ema te quiero. Chau".

Quincke, quien se formó en el Colegio Alemán y estudió Administración de Empresas en la Universidad Católica, se considera un pescador, un filósofo y un escritor "mediocre". En las paredes del boliche escribió poesías y pensamientos. En el 2014 pescó todo el año en una barca junto con su amigo y socio, Ernesto dos Santos, conocido en la costa canaria como "el Cáscara". Dos Santos pesca hace 50 años allí.

Una de las frases, escrita por Quincke con letras negras encima del parrillero resultó profética: "Que te enciendes fuego, que me llamas".

Compañera

La perra Ema al costado de una lista de productos con pescado elaborado por los propios pescadores de Shangrilá, Canelones. El rancho donde funcionaba un "bolichito" con mesas, un parrillero e instalaciones muy rústicas se quemó totalmente el miércoles 28. El pescador Nicolás Quincke, que vive allí, sacó algunos objetos de valor. Luego recordó que adentro habían quedado otros y volvió a ingresar al rancho. Su perra Ema lo siguió. Atontado por el humo, Quincke salió por otra puerta. Fiel, Ema quedó adentro.

HISTORIAS DE LEALTAD Y CORAJE


Lo esperó 9 años en la estación de tren


Varias historias reales han puesto al descubierto facetas desconocidas sobre los perros, como la capacidad de sentir emociones y forjar lazos de amistad con sus dueños. Los perros no dejan de sorprender por su valentía, fidelidad o entrega. Una de las historias increíbles tuvo como protagonista a un can que se conocido mundialmente luego de que su vida fuera llevada al cine y la TV. Se trata de Hachiko un perro japonés de raza akita que durante 9 años esperó día tras día, en una estación de tren, la llegada de su amo sin saber que había fallecido de un ataque al corazón. Cada día, el perro se acercaba a la estación de Shibuya, un barrio de Tokio, a esperar a su amo que regresaba a casa. Y después de que éste falleciera, siguió yendo tal y como hacía cuando vivía su dueño, y lo esperaba hasta el anochecer. Los empleados de la estación ya no se sorprendían al verlo día tras día. Hachiko murió sin dejar de ir un sólo día a la estación. Muchos turistas, conocedores de la historia, se acercaban allí sólo para ver a Hachiko. El 8 de marzo de 1935 fue encontrado muerto frente a la estación. Fue un día de duelo para el pueblo japonés. Su cuerpo fue disecado y guardado en el Museo de Ciencias Naturales de Tokio. En 1947 se le erigió una estatua de bronce.

Dorado, el perro que rescató a su amo el 11-S


El 11 de septiembre de 2001, Omar Eduardo Rivera, un técnico en informática ciego, estaba trabajando en el piso 71 del World Trade Center con su perro guía, Dorado. Cuando el avión secuestrado se estrelló contra la torre, Rivera sabía que tardaría mucho tiempo en poder evacuar el edificio, pero quería que su perro labrador tuviera la oportunidad de escapar, por lo que le desabrochó la correa en una escalera llena de gente. "Pensé que estaba perdido para siempre, pero tenía que dar a Dorado la oportunidad de escapar. Así que le desabroché la correa, le di un codazo y le pedí a Dorado que se fuera", dijo Rivera. El perro fue arrastrado escaleras abajo por la masa de gente que intentaba evacuar el edificio, pero a los pocos minutos Rivera sintió al labrador acariciando sus piernas. Dorado había vuelto a su lado. Entre el perro y un compañero de trabajo ayudaron a Rivera a bajar por  70 tramos de escaleras, lo que les llevó casi una hora. Poco después de que salirieran de la torre, el edificio se derrumbó.

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