LUIS ALMAGRO

"Es impostergable liberar a los presos políticos en Venezuela"

En dos días, el martes 26, el excanciller del gobierno de José Mujica cumplirá su primer año como secretario general de la Organización de Estados Americanos. Llegó al cargo con el apoyo de 33 de los 34 países miembros de la OEA, pero desde el inicio dejó en claro que ese abrumador respaldo no lo inhibiría a la hora de opinar sobre la política regional.

Así lo hizo con Venezuela, al punto que el presidente Nicolás Maduro le ha dedicado varios calificativos. Su posición desde la OEA también le ha valido cuestionamientos desde el MPP y que Mujica rompiera la relación política que los unía. Sobre estos temas, Almagro respondió un cuestionario que le envió El País.

—¿Qué importancia le asigna a la visita de Obama a Cuba?

—El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana tras más de medio siglo, es una gran noticia para todo el hemisferio, y la visita del presidente Obama es otro gran paso. Es una demostración que pese a enfrentamientos pasados, ambos países pueden mantener una relación civilizada y de respeto, sin ocultar que mantienen diferencias en varias áreas, pero que sin embargo pueden desarro-llar una agenda común de trabajo en otras. Además, el nuevo curso de acción remueve un problema urticante en la relación entre los Estados Unidos y Latinoamérica. Creo que esto lo supo captar con claridad el presidente Obama a diferencia de otros jefes de estado estadounidenses. A partir de esto ambos países mantienen una agenda positiva con todo el continente.

—¿Cuánto de ese gesto incide en el papel que cumple la OEA para mejorar las relaciones bilaterales?

—No hay una relación de causa y efecto. La relación de Cuba con la OEA tiene su propio andarivel, aunque es cierto que las relaciones bilaterales renovadas entre ambos países generan un contexto más favorable. Nosotros hemos prometido desarrollar una agenda positiva de trabajo con Cuba que favorez-ca a todos los países miem- bros y que implique un valor agregado para Cuba también. Tenemos que lograr las condiciones para restablecer la confianza y generar los acercamientos que correspondan en función de la realidad, sin forzar la marcha de los acontecimientos.

—¿Cree que modifica la visión histórica que tiene la izquierda latinoamericana de Estados Unidos?

—Tiene un efecto positivo, pero no hay una sola izquierda, monolítica, en el continente, por lo tanto no creo que haya una visión única sobre Estados Unidos. Es cierto que la época de culpar al imperio por todos nuestros males tiene aún sus seguidores, pero por otra parte, la mayoría de los países de la región tienen la convicción que, sin importar la posición política, se puede construir agendas de cooperación con Estados Unidos basadas en el respeto mutuo. También es cierto que el Estados Unidos de Obama ha tenido dinámicas constructivas en su relación con América Latina y el Caribe, especialmente desde la Cumbre de Cartagena en 2012. La elección del próximo presidente de Estados Unidos es el principal concepto estratégico hacia el futuro de la relación con América Latina. Si nos guiamos al menos por lo que ha sido la retórica de la campaña electoral, los posicionamientos van a ser muy diferentes.

—¿Cómo analiza la ley de amnistía en Venezuela?

—La ley de amnistía que fue aprobada por la Asamblea Nacional es un instrumento fundamental para la apertura de diálogo y de allí para los entendimientos entre los venezolanos. Ojalá que no hubiera sido necesaria, ojalá que no hubiera presos políticos en Venezuela. Hoy es imprescindible, porque cada preso político en el continente supone la prisión de nuestros derechos civiles y políticos. No podemos ser indulgentes al respecto. Y por ello pedí al presidente Maduro firmar la ley y hacerla vigente inmediatamente, así como la liberación de los presos. Ello contribuiría enormemente a la reconciliación entre los venezolanos.

—¿Qué opinión tiene de que el presidente Maduro ya haya planteado que va a desconocer lo que el Parlamento vote?

—Esa no es la manera de resolver los problemas de Venezuela. Es necesario reencauzar un equilibrio entre poderes. Ni el Legislativo, ni el Ejecutivo o el Poder Judicial pueden estar por encima de la Constitución. Es una agenda pendiente que es imperioso resolverla a la brevedad para que el país pueda salir de la crisis política y económica en la que está inmerso.

—¿Cree que la oposición no está haciendo uso de su conquista en el Parlamento venezolano para lograr cambios?

—Imposible trabajar si no hay ninguna ley aprobada que pueda seguir su proceso para hacerse obligatoria. El Parlamento como tal debe legislar y debe hacerlo en función de interpretar el sentir popular. Se trata de resolver las angustias que hoy tiene la gente, desde las dificultades sanitarias hasta las alimenticias, y los derechos civiles y políticos de todos. Pero insisto, en Venezuela el problema es la disfuncionalidad que hay entre el Poder Ejecutivo y Legislativo y cómo ello repercute en el Poder Judicial. Se produce así una incapacidad institucional para resolver los problemas del país que son acuciantes.

—Se han denunciado varios presos políticos. ¿Está en riesgo la democracia en Venezuela?

—Como ya dije, es absolutamente necesario, imprescindible e impostergable la liberación de los presos políticos en Venezuela. Reitero, no tiene sentido que haya presos políticos, ni en Venezuela ni en ninguna parte del continente. Cuando alguien es condenado por expresiones políticas y públicas, entonces es un preso político. Sería un paso clave en la dirección de favorecer un diálogo nacional necesario. La democracia venezolana tiene problemas de disfuncionalidad estructural que solo un diálogo que ponga al país primero podría solucionar. Solo entonces va a rodar la democracia.

—¿Qué incidencia cree que tiene lo que está ocurriendo en Brasil en la estabilidad democrática de la región?

—Brasil es un país clave en la región. Tenemos que garantizar el respeto a los mandatos constitucionales y respeto a la honestidad de una persona como la presidenta Dilma. Porque si hoy usted no tiene ninguna acusación, ninguna mancha que poner en términos de corrupción sobre la presidenta Dilma, entonces no hay ningún fundamento para avanzar en un proceso de destitución. Si lo hubiera, entonces, si tenemos una acusación bien fundada, como ha habido en otros casos en Brasil, muy bien, perfecto, se va por ese camino. Pero hoy eso no existe, entonces definitivamente es muy deshonesto plantearlo en estos términos. En Brasil, nadie puede estar por encima de la ley, ni los políticos, ni los empresarios ni tampoco los jueces. Por ello también he sido claro en señalar que el proce- so de investigación conocido como Lava Jato debe continuar sin obstáculos.

—En sus primeros cuatro meses como secretario general, Venezuela, Haití y Dominicana protestaron por sus declaraciones sobre distintos asuntos. La canciller venezolana lo calificó de "ruin y cobarde". ¿Qué balance hace a un año de haber asumido la secretaría general?

—El balance es positivo. La OEA tiene una voz potente, fuerte en defensa de los principios. Quizás algunos se han sorprendido acerca de mi defensa de principios en temas como la democracia y los derechos humanos, sin haberse percatado que lo anuncié desde mi asunción, al explicar que para mí en esos campos no hay tonalidades de grises y que definitivamente cuando existieran violaciones no miraría para el costado como si nada pasase. Hemos sido absolutamente constructivos y hemos encontrado soluciones institucionales en los principales problemas que se han presentado en el continente, pero sacar los principios del papel y llevarlos a la acción puede incomodar en algunas ocasiones. Lo asumo con mucha naturalidad.

"Mujica siempre contará con mi apoyo".


—El senador Ernesto Agazzi lo tildó de ser "funcional" a Estados Unidos y el expresidente José Mujica le escribió una carta en la que sostiene: "Lamento el rumbo por el que enfilaste". ¿Qué cambió?

—El senador Agazzi tiene una visión incompleta de lo que hacemos y al decir eso omite partes importantísimas de mi trabajo. Estoy seguro que si nos sentamos a hablar, él me entenderá y yo a él. Ello sin perjuicio de diferencias que podamos tener en temas puntuales. Respecto de la carta del presidente Mujica creo que era necesaria y oportuna para los dos, para que no se confundieran mis posicionamientos como secretario general de la OEA con los suyos como referente esencial de la política uruguaya y regional. Desde el punto de vista personal tengo por él los mismos sentimientos de admiración y respeto que tuve siempre y desde el punto de vista político sigue siendo para mí la persona que mejor descodifica lo que quiero para el Uruguay y por lo tanto siempre contará con todo mi apoyo.

—¿Qué perspectivas tiene para los cuatro años que le quedan en la OEA?

—La OEA es el foro político hemisférico, existe para servir a los países miembros, y no cumpliría su tarea si no trabaja con valentía sobre los enormes consensos que generaron los propios Estados Miembros. Todos ellos están dispuestos a aplaudir las convenciones de derechos, contra la corrupción, contra la violencia de género, y otras muchas, mientras no se muevan del papel, pero se ponen incómodos cuando las queremos usar para modificar nuestras —a veces— pobres realidades en materia de democracia, derechos humanos, desarrollo o seguridad.

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