Jóvenes y adultos circulan en moto sin casco, sin chaleco y de a tres

La IMM no controla en el oeste

El ciclomotor, de 110 cilindradas, tosió por el esfuerzo al encarar la subida de la calle Grecia en dirección a la rambla del Cerro. El conductor del ciclomotor, un anciano de unos 100 kilos y con el torso desnudo, lo aceleró al máximo.

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Una madre circula con sus dos hijos pequeños, ambos sin casco. Foto: M. Bonjour

Sabía, por otros viajes, que la moto podía con su peso y con el de su esposa también corpulenta. En el medio de la pareja, casi aplastado por los dos adultos mayores, viajaba un nieto de unos siete años. La esposa llevaba calzada en su hombro derecho dos reposeras. En el medio de las piernas del anciano iba un bolso mediano supuestamente con el mate y los bizcochos.

Diez minutos después (a las 18 horas de ayer), los ancianos y el nieto llegaron a la rambla de Cerro para gozar de las últimas horas de la tarde.

En esa avenida costanera, los tres no llamaron la atención de nadie.

Unos 20 jóvenes de todas las edades y en motos de distintas cilindradas circulaban por la rambla cerrense sin casco y mucho menos sin el chaleco reflectivo exigido por las normas de tránsito.

Un adolescente, de unos 17 años, paseaba despreocupadamente con su torso desnudo, un visera como casco y auriculares. Circuló por la rambla del Cerro, tomó Grecia y a unas cuadras de Carlos María Ramírez giró en redondo y desandó su camino.

En Carlos María Ramírez, una avenida muy concurrida del Cerro, también circulaban jóvenes con motos y sin cascos. Ni allí llegó el control de la Intendencia de Montevideo.

Una mujer de unos 40 años llevaba a sus dos hijos obesos en una "Scooter" de un color rosado desteñido por el sol. Iba por la calle Vizcaya. Al llegar a la esquina de Juan V. Viacaba, detuvo el ciclomotor para que los dos niños descendieran. Ninguno de los tres llevaba casco ni chaleco reflectivo.

En una recorrida realizada en la tarde de ayer, un equipo de El País constató el mismo fenómeno en el pueblo Santiago Vázquez, Casabó y Verdisol.

Es obvio que los inspectores de la IMM no se dirigen a esos lugares en forma periódica. En esos barrios, aquellos motociclistas que utilizan casco son la gran excepción y no la regla. A ese hecho, se le suma la impunidad con que circulan los motociclistas. Saben que nadie los multará.

"Es más lindo no usar casco. Y las multas no me molestan. ¿Qué me hace una más? No me importa la seguridad", dijo Miguel R., un joven que posee una Winner, de 125 cilindradas.

Impunidad.

El pueblo de Santiago Vázquez, ubicado a unos 22 kilómetros de Montevideo por los accesos y la Ruta 1, es un paraíso para los motociclistas. Allí nadie usa casco.

Y nadie vio a un inspector de la Intendencia de Montevideo desde hace, por lo menos, seis meses.

A las 17 horas de ayer, en una moto armada con componentes de varios birrodados, dos jóvenes circulaban lento por la avenida Batlle Berres en dirección a la barra del río Santa Lucía. En lugar de cascos llevaban gorras. Esa es la moda en los barrios periféricos de Montevideo. Tampoco llevaban chalecos reflectivos. La moto no tenía matrícula. Los motociclistas paseaban con impunidad.

A unos 50 metros de la plaza principal de Santiago Vázquez, una señora estacionó su ciclomotor frente a un supermercado. Luego bajó del asiento del acompañante a sus dos pequeños hijos. Ninguno de los tres llevaba casco. Diez minutos más tarde, los tres subieron a la moto y se dirigieron a la Iglesia.

En los pueblos del interior profundo del país, no hay inspectores municipales. Santiago Vázquez se parece mucho a un pueblo de Durazno o Flores.

Con solo estacionar 15 minutos en la plaza de Santiago Vázquez cualquiera puede ver que el no uso del casco es allí una costumbre generalizada. Un padre con su hija circulaban ayer por la avenida Luis Batlle Berres en una Yumbo 125 cilindradas. No usaban casco ni chaleco. Cuatro jóvenes salieron de la plaza en dos motos rumbo al puente del Santa Lucía. Tampoco llevaban cascos.

"Acá (Santiago Vázquez) nadie anda con casco. Hay poco control de la Intendencia de Montevideo. Los fines de semana el problema se agudiza", dijo Diego Alonso, quien esperaba ayer que alguien comprara su Kawasaki blanca, modelo GTO.

Aviso.

Etiopía es la calle principal del barrio Casabó. Tampoco allí nadie utiliza el casco ni el chaleco reflectivo.

El sol dio una tregua a las 19.45 horas de ayer en la esquina de Etiopía y La Vía. Mujeres, hombres y adolescentes circulan en moto y sin casco por la calle Etiopía a hacer compras o a visitar familiares o amigos por Etiopía. Al igual que en Santiago Vázquez o en el Cerro, no llama la atención que una madre cargue a sus dos hijos pequeños en un ciclomotor y que ninguno lleve casco.

Miguel, de tez oscura y más de 1.90 metros de estatura, compró hace apenas un mes su Winner roja de 125 cilindradas y modelo callejero.

Señaló que los controles de la Intendencia de Montevideo "son muy esporádicos" en Casabó y agregó que cuando vienen los inspectores al barrio "nos avisamos. Para la cortita no pasa nada no llevar casco".

En Camino Lecocq y Camino Ariel (Verdisol) tres motociclistas llevaban niños, uno de ellos era un bebé. Ninguno tenía casco.

A esos motociclistas les parecía que la muerte, al igual que la Intendencia, se olvidó del oeste de Montevideo.

Infracciones

En la tarde de ayer, una madre con sus dos hijos pequeños circuló por la avenida Luis Batlle Berres para realizar sus compras en un supermercado del pueblo Santiago Vázquez. Ninguno llevaba casco. En Casabó (arriba), también es algo usual violar las normas de tránsito y andar de a tres en una moto. En la rambla del Cerro, jóvenes de todas las edades, se desplazaron ayer en motos de distintas cilindradas. Ninguno llevaba casco y mucho menos chaleco reflectivo. En Verdisol (al lado) una pareja salió a pasear por Camino Lecocq y Camino Ariel.

EDIL CASULO

“La IMM no pisa barrios alejados de la costa”

“La ciudad real poco a poco queda fuera de control”, dijo a El País el edil nacionalista, Edison Casulo.

Señaló que las actividades inspectivas de tránsito como de la vía publica (venta ambulante y de ferias) disminuyen por la “falta de gestión y respaldo” al personal por parte las autoridades y por una mirada “complaciente electoral” que empezó a principios de 2014. “Lamentablemente esta mirada política seguirá hasta que terminen las elecciones departamentales”, expresó Casulo. Indicó que con solo ir a cualquier barrio de la periferia basta para ver que circulan motos sin casco, sin chaleco y varias personas en un solo vehículo, o niños y adolescentes en carros tirado por caballos. Señaló que, con solo estudiar las estadísticas de actuación de los inspectores municipales basta para ver que la actividad contra la venta ilegal se hace en pocos barrios de la ciudad. La fiscalización, agregó, se concentra en la parte “linda” de la ciudad, donde “se puede pescar a los vecinos sin problemas. (Los inspectores) no pisan los barrios alejados” de la costa. “Te agarran en Pocitos sin casco y te matan a multas. En Carlos María Ramírez o en Instrucciones no pasa nada porque allí no van”, aseguró el edil .

En Uruguay se importan 80.000 motos cada año

En Uruguay se importa un promedio de 80.000 motos anuales. Muchos prefieren las motos chinas (Yumbo y Winner, entre otras marcas), por mejor precio. Otros, con mayor posibilidad adquisitiva, se inclinan por las motos japonesas buscando marcas ya consolidadas en el mercado.

Según analistas, en el 2014 hubo una desaceleración del mercado de motos y señalan que ello se debió a que el mercado ya está saturado.

En 2013, se vendieron 77.000 motocicletas. No hay datos concretos sobre las motos comercializadas en 2014. Sin embargo, operadores señalaron que no se llegó a la cifra de 2013.

El jefe comercial de la filial uruguaya de Yamaha Motor, Adrián Rosso dijo a El País el 11 de agosto del año pasado que la desaceleración en el ritmo de las ventas de motocicletas es motivada por las limitaciones del acceso al crédito. A pesar de esta tónica, Yamaha señaló que ha logrado pasar de una participación de 1,8% en junio de 2013 a 3,2% en el mismo mes de 2014.

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