UN ÍCONO ESQUINERO DE PUNTA CARRETAS

IMM aclara que no hay permiso para tirar edificio de Cante Grill

Fue hecho por Humberto Pittamiglio pero no tiene protección patrimonial.

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La IMM tampoco otorgó un permiso para construir otra cosa. Foto: D. Borrelli

Fuentes de la Intendencia de Montevideo informaron ayer a El País que no existe un permiso otorgado para construir un nuevo edificio en la esquina de 21 de Setiembre y Williman, donde se encuentra la histórica confitería y heladería Cante Grill.

Como diera cuenta El País en su edición de ayer, el comercio de Punta Carretas cerrará sus puertas el próximo lunes, dando por culminada una existencia de casi 70 años.

La posibilidad de que sea demolido el edificio de dos plantas, ladrillo a la vista y torreón en su frontispicio, generó innumerables comentarios en las redes sociales. Muchos de ellos, criticaban el hecho de que pudiera desaparecer una construcción de Humberto Pittamiglio, que no tiene protección patrimonial. La Intendencia y el Municipio CH también recibieron llamadas de preocupación. Además, en la web change.org se colgó un petitorio para mantener la construcción, que en 4 horas ya había alcanzado 250 adhesiones.

Históricamente, salvo excepciones, los permisos de demolición han sido otorgados por los Centros Comunales Zonales, por lo cual esta competencia pasó ahora a los municipios. Sin embargo, el alcalde de la zona, Andrés Abt, dijo ayer a El País que no autorizó la demolición de la construcción. Tampoco lo hizo la Intendencia, ya que no tiene en sus registros la existencia de un permiso de construcción para una nueva torre, condición previa para otorgar una autorización de demolición.

La Cante Grill fue fundada el 14 de diciembre de 1947 por Mauricio y Humberto Urrutia Mendes y Enrique Maciel, para funcionar exclusivamente como una heladería.

Nueve años más tarde, a mediados de 1956, se anexaron los ramos de confitería, bombonería y jugos de frutas. No fue hasta el 1° de agosto de 1957 que la firma fue adquirida por Gerardo Fariña, quien con visión de futuro realizó importantes reformas en el lugar, dándole un nuevo impulso y echando las bases para solidificarla económicamente, al adquirir en propiedad al mismísimo Humberto Pittamiglio el imponente local ubicado en la esquina de 21 de Setiembre y Williman.

Fariña se asoció a mediados de los 50 con Ignacio Crespo, un joven de 19 años que meses antes había desembarcado en el puerto de Montevideo proveniente de Orense (España).

Crespo tuvo un breve pasaje por el bar Los Farolitos de Agraciada y César Díaz, frente al viejo cine Astor, y constituyó luego con Fariña una sociedad que se prolongó hasta la muerte del fundador del negocio.

"Llegamos a tener 60 empleados permanentes y en las fiestas contratábamos 20 personas más", dijo a El País Ignacio Crespo, de 83 años, quien hasta hace un lustro atendía la caja de la confitería y dirigía el negocio con el mismo entusiasmo que en 1955.

Alquimista y empresario.

Alguien dijo una vez que Humberto Pittamiglio y Francisco Piria podrían haber sido personajes de una novela de Dan Brown. Pero fueron seres reales, políticos, empresarios y destacados constructores del siglo XX, que dejaron un legado tan rico en edificaciones como en mitos y leyendas.

Mucho se ha dicho y escrito sobre el Castillo Pittamiglio de la rambla Wilson, hoy en manos de la Masonería Femenina, cuando su creador, en su época, no pudo ingresar a esa logia por ser homosexual.

Desde su extravagante arquitectura, la propiedad de Trouville nos habla de los gustos, preferencias e ideales de su creador, un hombre nacido en el hogar de un modesto zapatero remendón italiano instalado en Montevideo, que se transformó en una de las figuras más prominentes de su época.

Pero más allá de todo el misticismo que hay en torno a su figura, Humberto Pittamiglio fue edil de la Junta Departamental de Montevideo, ministro interino de Obras Públicas y socio durante medio siglo del ingeniero Adolfo Shaw en una de las empresas constructoras más importantes y prolíficas de su época, que realizó obras referenciales de la ciudad como el Hospital de Clínicas, el Palacio Municipal, el Instituto Alfredo Vásquez Acevedo y la Facultad de Agronomía.

Por eso parece entendible que frente a tamañas construcciones, otras, como el edificio que alberga la confitería y heladería Cante Grill desde hace casi 70 años, hayan pasado desapercibidas y no tengan protección patrimonial.

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