BETINA DUTER

"Los hurtos en Artigas son para cambiarlos por droga"

Es juez letrado departamental de Artigas desde marzo del año 2016. Y desde su lugar percibe las necesidades de la población más alejada de Montevideo. La frontera seca y el cruce sobre el río Cuareim funcionan como el telón de fondo de la mayor parte de los procesos judiciales que debe encabezar.

Desde su punto de vista, la situación social de Artigas es un desafío para los organismos estatales, en particular los relacionados con la salud mental y de asistencia. Con respecto a los problemas de seguridad en el departamento, la magistrado entiende que un incremento en la coordinación con los militares podría mejorar la vigilancia de la frontera.

—Es una zona de frontera que no conocía que se relaciona con la naturalización de varias figuras delictivas. Por ejemplo, todas las modalidades del narcomenudeo, abusos por parte de figuras patriarcales con una impronta de machismo. También el delito de receptación que no se asimila como un delito. Todo está relacionado con las bocas de venta de droga; los hurtos que se producen son para cambiar los objetos por estupefacientes. Todos los días los excluidos incrementan su consumo y terminan en la cárcel por delitos menores. A veces no hay conciencia, se puede escuchar cosas tales como que "yo robé, pero no pensé que estaba mal" o "me dijo a las tres de la mañana que esa hidrolavadora cuesta $ 100 y yo se la compré", por ejemplo.

—¿Cuánto tiempo hace que está trabajando en Artigas?

—Estoy en Artigas desde el mes de marzo del año 2016 y venía de la Ciudad de la Costa.

—¿Con qué panorama se encontró al llegar?

—¿Sucede lo mismo con el contrabando?

—Sí, pero hay cierta permisividad que es propia de la zona, que no constituye una figura delictiva porque está amparada por determinados reglamentos. Lo que más preocupa es la frontera seca que no tiene control, un porcentaje muy alto de los ilícitos se gestan desde el otro lado y se convierten en no perseguibles porque es muy fácil cruzar hacia el otro lado.

—¿La pobreza es el principal problema social en Artigas?

—Hay una situación bipolar. Se ve gente que tiene grandes recursos y por otro lado se observa una gran exclusión. Además, hay un alto nivel de patologías psiquiátricas que sorprende en su número en relación con otras poblaciones similares. Otra sorpresa es la dificultad en el acceso a mecanismos de salud mental.

—¿Cuando usted ordena la internación de una persona con patologías psiquiátricas la trasladan al Hospital Vilardebó de Montevideo, a 600 kilómetros de su casa?

—Sí. En realidad en el hospital local hay infraestructura, pero no existe una zona de salud mental. Hay patologías que no necesariamente no son para la población del Vilardebó. También hay centros en Rivera, Salto o Paysandú, pero es muy dificultoso. Las psiquiatras de aquí me plantean muchas veces que estamos ante problemas sociales, pero esos problemas no los soluciona el Mides no otros organismos.

—Entre los días jueves y viernes de esta semana usted estuvo trabajando en el cierre de una boca de drogas, donde había menores, y el caso de una bebé de 18 meses que consumió cocaína. ¿Cuál es el estado de situación de la infancia?

—El término que se me viene a la mente es desidia. No es algo a propósito, pero falta coordinación en temas como la accesibilidad en determinados organismos. Eso nos complica para trabajar, nos estresa durante la resolución de los conflictos, cosa que no es de responsabilidad judicial.

—¿Cómo es la situación de la cárcel local?

—Bien comparada con otros lugares. De todos modos, ninguna cárcel cuenta con los niveles mínimos para la preservación de derechos a nivel internacional o regional.

—¿Se ha sentido cuestionada por la población local?

—Al contrario, muy respaldada. En estos lugares pequeños todos se conocen, aquí no hay hábiles declarantes, a la gente le gusta decir la verdad.

—Por el cargo que desempeña tiene una estrecha vinculación con la Policía departamental de Artigas, que tiene límites legales para operar en la frontera. ¿Cómo se puede frenar ese método delictivo?

—En realidad la competencia debería ser de la Prefectura Naval porque hay un cauce (el río Quaraí en Brasil y Cuareim en Uruguay). Del otro lado, en Quaraí, hay apenas dos policías. No se cuenta con una policía de frontera. Hay mucho intercambio de comunicación y se logran capturas muy rápidas con Interpol, no hay una logística de vigilancia fronteriza. No hay drones ni nada por el estilo.

—¿Es necesario incrementar la presencia militar en la zona?

—Tenemos a los militares vigilando zonas rurales por los abigeatos. Me parece que se puede variar un poco la conducción, en la medida que no implique ningún tipo de injerencia, preservando el espacio de cada uno. Lo que se necesitaría sería cambiarlo de lugar, llevarlos hacia la frontera. No sé cómo se puede implementar, pero necesitamos todos los medios de disuasión.

—¿Habló con alguien más de este tema?

—Primero lo hablé con personas que respeto mucho del estamento militar, que tienen una gran visión de las conexiones entre órganos del Estado, para poder combinar una mejor acción común, que ninguna de las partes vulnere la competencia del otro. Esta coordinación es necesaria, hoy se puede hacer por diversas vías, hasta por WhatsApp se puede hacer. Consultadas estas personas, me han dicho que no hay ningún tipo de inconveniente para brindar ese apoyo. En estos momentos, cuando la población de estos lugares tranquilos se está poniendo nerviosa por lo que puede ser el incremento de algunas figuras, relacionado con la frontera, me parece que cualquier efecto disuasivo es importante. Tenemos un margen de un río rodeado de mucha vegetación, con tantas dificultades para la vigilancia, la presencia de personal militar ayudaría mucho pero es algo que no me corresponde a mí resolverlo.

—¿A qué tarea de vigilancia se dedican los militares dentro de Artigas?

—Si bien no lo hacen todos los días, para los abigeatos (robo de ganado), una vez cada tanto efectúan una vigilancia.

—¿Se ha logrado frenar ese tipo de delito?

—Sí, en materia de abigeato venimos muy bien. Además, ellos colaboran siempre en asuntos como la erradicación de la leishmaniasis.

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