CARLOS JULIO PEREYRA, DIRIGENTE HISTÓRICO DEL PARTIDO NACIONAL

"Hay cosas en los textos de historia que no son ciertas"

A los 94 años el referente histórico del Movimiento Nacional de Rocha dentro del Partido Nacional reflexiona sobre el descreimiento de la ciudadanía con la política y la necesidad de darle información para que sea más libre.

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Carlos julio Pereyra, dirigente histórico del Partido Nacional. Foto: Francisco Flores.

Es crítico con la educación que, sostiene, está transmitiendo ideología partidaria violando la laicidad. Afirma que es importante la renovación de los partidos políticos y destaca el liderazgo de Luis Lacalle Pou.

—¿Fue dos veces candidato a la presidencia, estuvo 40 años en el Parlamento hasta retirarse en 2004. ¿Qué lo motivó a dedicarse a la política?

—No tenía la menor idea de que iba a terminar en la actividad política. Me formé en una escuela vareliana con una enseñanza destinada a formar hombres dueños de su destino, en el sentido de que no se adoctrina, es decir, se practica la laicidad, que no quiere decir de ninguna manera antirreligiosa sino no adoctrinamiento en materia ideológica, dándole los elementos necesarios para que a través de la reflexión pueda llegar a concebir determinada posición. Tuve la influencia de esa escuela y de una familia que venía con una tradición muy fuerte nacionalista, porque mi abuelo fue guerrero con Timoteo Aparicio y mi padre con Aparicio Saravia. Oí hablar de escenas de la guerra. Todo eso me impresionó. Ahí me encontré con un hombre que marcó rumbos, Javier Barrios Amorín con quien trabajé 25 años. De esa manera me adentré en la política y encontré que era una manera de retribuirle a la sociedad lo que me había dado. La vida política es una tarea muy compleja donde se siente con gran peso la responsabilidad por ejercer funciones en representación de la ciudadanía, por forjar el destino nacional. Creo que hay que combatir esa indiferencia, cuando no ignorancia, de la gente por la actividad política porque creen que es una cosa sucia innoble. En los 40 años que anduve en el Parlamento y más de 50 en la vida política, conocí excelentes políticos en todos los partidos aunque, claro, aparecen de los otros también.

—¿A qué se debe el descreimiento?

—Ha habido desilusión en algunos ciudadanos. Cuando a la democracia la afecta la corrupción, la demagogia, produce una sensación de amargura y desaliento en los ciudadanos que empieza por descreer en los hombres a los que se les confió el gobierno. Pero esa fuerza termina por descreer en los partidos y a veces mella el prestigio del sistema y se nos enferma la democracia. El ciudadano es el gran protagonista así como el estado de derecho, que es lo que todos queremos que siga siendo Uruguay. No queremos que se contamine con doctrinas trasnochadas que implantan totalitarismos reñidos con el principio de la libertad. Es claro que siempre hay riesgo de que eso pase, más cuando los hombres se sienten tentados por el poder.

—En Uruguay se critica mucho lo añejos que son los políticos. ¿Cree que en que sea así hay parte de tentación por el poder?

—Lo de añejo me comprende en las generales de la ley (risas). El tiempo que uno permanezca en la actividad política no depende de uno sino de los votos de la ciudadanía, que es la que los lleva a los políticos al poder o los saca. Es claro que la voluntad también juega. También el individuo que tiene la responsabilidad de compartir el gobierno tiene que responder exclusivamente a los intereses generales y no a los particulares o partidarios. El partido es importante, pero nunca hay que confundir el partido con la tarea del Estado, porque cuando se confunde aparece el totalitarismo, el comunismo. Creo que hace falta enseñar los derechos y deberes de la Constitución porque la gente no sabe muchas veces el verdadero significado del acto del sufragio.

—Usted que se forjó políticamente con un estilo de liderazgos de una época que hasta hoy son reivindicados ¿cómo ve los liderazgos políticos hoy?

—Son diferentes. Yo viví el liderazgo de caudillos populares, el liderazgo de orientadores y pensadores políticos. Yo creo que en definitiva los líderes son importantes, pero los líderes se forman mientras representen las aspiraciones colectivas. Creo que es clave la educación. Hay que apelar a que el ciudadano sea libre y no tenga que recibir verdades prefabricadas en otras cabezas sino que las elabore por sí mismo. Sin información no hay buenos ciudadanos. Para que puedan actuar bien y libres, tienen que tener buena información. Uruguay ha tenido grandes líderes, pero no siempre aparecen.

—¿Hoy ve líderes claros?

—Yo veo surgir la renovación. Los partidos si no se renuevan mueren. En el Partido Nacional cuando aparece Wilson Ferreira había la necesidad de una renovación porque habían desaparecido grandes líderes como Luis Alberto de Herrera, (Daniel) Fernández Crespo, Barrios Amorín. Yo ahora veo con interés el progreso que viene realizando como nacionalista y líder Luis Lacalle Pou. Creo que es un símbolo de renovación, es inteligente, preparado y ha surgido como otros líderes y muestra que no están cerradas las posibilidades de liderazgo.

—¿Cómo analiza las divisiones que cada vez parecen más profundas dentro del Partido Nacional?

—Matices ha habido siempre en todos los partidos. Creo que es bueno porque en ese cotejo de posiciones e ideas se encuentra el camino. Las peleas son inconvenientes, la confrontación civilizada de ideas es otra cosa y es saludable.

—Pese a tener 94 años habla con jóvenes a través del Movimiento Nacional de Rocha. ¿Qué les dice?

—Yo voy a la casa de los Lamas donde me reúno con un grupo a raíz del esfuerzo del diputado Rodrigo Goñi, que se formó una fundación de carácter cultural y difusión de ideas políticas. Han concurrido más de 100 jóvenes. Se les da conocimiento general sobre los estados democráticos y el estado de derecho.

—Fue compañero de fórmula de Wilson Ferreira Aldunate en 1971. Hoy que su figura es puesta como referencia ¿cómo lo describe a la gente que no tuvo oportunidad de conocerlo o verlo actuar?

—Wilson era un hombre con una formación adecuada para ser un gran político. Nació en el interior del país, en Nico Pérez, en un hogar que hacía obra social porque el padre era médico de campaña y recorría a caballo para asistir a los enfermos. No solo conoció la campaña sino a la gente, la acción social. Y luego realizó los estudios universitarios y militó en juventudes nacionalistas muy destacadas. Wilson era un hombre con voluntad firme que manejaba muy bien la razón, la dialéctica y el humor cuando era necesario, pero más que nada manejaba los temas con una gran solvencia.

—La separación política con Wilson se dio luego de votar en contra de la Ley de Caducidad. ¿Ha vuelto a pensar en ese voto?

—No tuve un choque político sino distinta opinión respecto a la ley. Wilson consideró que había que salir de la situación de posible desacato de las fuerzas armadas, que se negaban a enviar a sus representantes ante la Justicia y creyeron que era una cuestión de necesidad pública y lo votaron. Yo no lo entendí así y me pareció que era fundamental defender el principio de la Justicia. Al final a uno le decían por cualquier delito mínimo alguien tiene que responder ante la Justicia, pero ante la violencia, la tortura y la muerte no. Claro que fueron situaciones especiales. A mí me resultó imposible aceptar una realidad que hería el principio de la Justicia. La realidad es importante, pero no siempre es solo la que determina la voluntad del hombre político. Es necesario conjugar la realidad con los principios y es un equilibrio que no siempre es fácil de lograr. Yo también me comí algunas frutas verdes. La realidad a veces obliga y a veces nos permite rebelarnos.

—Esa rebeldía hizo que se lo tildara de nacionalista de izquierda.

—La democracia es un sistema político, pero también social y económico. Yo no sé si eso se llama izquierda o derecha. Nos rebelamos a encasillarnos en definiciones que no dicen nada. La democracia es un sistema integral que debe procurar la libertad política, la justicia social y la justa distribución de la riqueza y eso es lo que debe primar más allá de las designaciones arbitrarias de izquierda y derecha.

—Fue maestro y profesor de Historia y Educación Social y Cívica en escuelas rurales, urbanas y en liceos durante casi 20 años. ¿Cómo cree que debería enseñarse la historia que usted protagonizó?

No me siento protagonista sino un testigo. La pregunta es por el millón. La historia debe contarse sobre la verdad y hay cosas que se están escribiendo en textos de historia que no son ciertas y deforman la verdad. Por ejemplo, que los tupamaros fueron los únicos que resistieron la dictadura en el país y los tupamaros cuando aparece la dictadura en el 73 desde hacía más de un año estaban presos todos y deshecha la organización. Esa es una de las falacias que se están difundiendo. Además hay que ubicar los hechos en el tiempo. Si los tupamaros aparecen en 1963, aparecen bajo un período constitucional que acertó o no pero elegido constitucionalmente, entonces no nació para resistir a la dictadura. Esa es una de las falacias, pero hay muchas en la historia reciente que no hacen bien. Hace poco apareció la famosa aldea de Los Pitufos.

—¿Por qué cree que se cuenta diferente?

—Por el deseo de transmitir a las nuevas generaciones una posición ideológica determinada y eso es violar el principio de la laicidad. Cuando eso entra en la enseñanza, se viola el principio de la laicidad.

—Usted sigue guardando carpetas con hechos de la dictadura. Una es la del episodio por el que recibió las botellas de vino envenenado. ¿Por qué?

—Lo guardé porque fue un hecho político inusitado que se había conocido en Italia en el siglo XV. Aparece la carpeta ahora porque hay personas que están escribiendo libros y yo guardé la información porque me comprende, porque mi familia pudo morir toda. Pero más allá de eso, la historia no se escribe sobre la ignorancia, sobre la mentira, sino sobre la verdad.

—Su nieta hizo un documental con su vida, el cual llamó "Detrás del Traje", que se estrena el 9 de mayo. ¿Qué hay detrás del traje que la gente no conozca?

No tengo misterios. Lo que mi nieta ha escrito es lo que ha visto en la familia. No quiero que se tome como un mensaje político. Es un trabajo para ella como periodista. Para mí no hay después en la vida política, para mí la vida política sigue y la preocupación política hasta que me muera o que la cabeza no me funcione bien.

"VÁZQUEZ DELEGA LA FUNCIÓN DE GOBERNAR".

¿Cómo evalúa la gestión del gobierno de Tabaré Vázquez?

—Yo no comparto la gestión del doctor Tabaré Vázquez y mucho menos cuando delega la función de gobernar en un movimiento sindical. Él fue electo para integrar el gobierno y no para delegar en entidades corporativas la voluntad de la gente. Él debe ser la expresión de toda la voluntad del país y no de un sector del país. Por otro lado no siempre ha respetado el marco constitucional. A veces ha andado por el pretil o ha caído para el otro lado. Lo veo por ejemplo en su actividad política que le está prohibida por Constitución, pero hay decenas de ejemplos. Los estados en el mundo se gobiernan de dos formas: o por régimen de derecho o por régimen de facto. Nosotros tenemos un gobierno con un origen legal en la voluntad popular, pero si se va del marco constitucional cae en la ilegalidad y eso es lo que enferma a la democracia.

—¿Hay un tema actual que lo desvele?

—Me preocupan los mismos temas que a todo el mundo: la inseguridad, la crisis de la enseñanza, la crisis en la organización de la salud. A eso es a lo que los políticos deben prestar oídos porque es la gente que lo reclama.

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