LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

¿Hay alguien ahí?

Después de una década donde los astros nos sonrieron, y durante la que nos creímos altos, rubios y de ojos azules, el viento ha cambiado. Los precios internacionales se han derrumbado. El mundo ya no nos compra todo y al mejor precio. Los inversores ya no hacen fila. Y para colmo de males, el clima se ha ensañado con nosotros.

Hay que reconstruir Dolores. Hay que rehacer rutas enteras, destrozadas por las crecidas. Ha habido un desastre y se necesita de la acción rápida del Estado. El gobierno se ha mostrado presente allí donde se lo necesitaba. Pero también ha dejado claro que la tarea a emprender es enorme y que no hay recursos suficientes para encararla. ¿Por qué? Porque durante diez años de una bonanza sin igual nos gastamos todo lo que nos entró, y bastante más que eso (tenemos un déficit de cuatro puntos del PIB), y no tuvimos la prudencia del ama de casa, que guarda algún billete en un frasco o abajo del colchón por si surge una emergencia.

No. Acá gastamos todo. Y ahora, que hay que hacer frente a una contingencia climática que debió preverse (los anuncios de lluvias inusualmente copiosas en el marco del fenómeno de El Niño eran por todos conocidos) escuchamos al ministro de Economía advirtiendo que habrá que cortar el gasto público. Y sí, habrá que hacerlo. Pero no por esta tragedia de vientos y agua que el país ha soportado, sino porque hace rato que se debió dejar de gastar más de lo que entraba.

No se cortó el gasto en 2014, porque era año electoral. Muy por el contrario, se gastó la plata que no había. Solo importaba mantener el poder. En 2015, a la hora de presentar el Presupuesto, se dijo que no había dinero y que el horizonte no resultaba prometedor, pero se volvió a aumentar el gasto. Una vez más. Los sindicatos de empleados públicos y los sectores más radicales del Frente Amplio ganaron la pulseada a la prudencia.

Ahora se habla, de nuevo, de cortar el gasto. ¿Se hará, finalmente, esta vez? ¿Se podrá? ¿Dejarán el Frente Amplio y los sindicatos al ministro Astori hacer lo que es evidente que hay que hacer?

Y después de todo, ¿alcanzará con la tijera? ¿No será también tiempo de que el gobierno que nos gobierna deje de manotear la soga y esperar la campana, y salga a gobernar? ¿No será tiempo de elegir a diez, o quince o veinte de los mejores hombres y mujeres, pagarles muy bien, y ver cómo hacemos para lanzar antes de finales de año una fuerte ofensiva para avanzar con todos los proyectos de participación público-privada que estén encarpetados?

¿No será hora de atacar las causas por las que ya hay empresas internacionales que están abandonando Uruguay o programan hacerlo en los próximos meses porque están hartas de los paros continuados, la bajísima productividad, el elevado ausentismo y los altísimos costos laborales? ¿Prefieren no hacerlo, para no pagar un costo político? ¿Y cuál será el costo político cuando el desempleo llegue al 9%? ¿Y cuando alcance el 10%?

¿Aló? ¿Presidencia? ¿Hay alguien ahí?

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