CUANDO EL BARRIO ERA CIUDAD

Hallan restos de la casa de los gobernadores y primeros presidentes

Obras en Plaza Zabala destaparon trazas de una construcción histórica.

Se hallaron trazas de las cimentaciones del fuerte y de edificios interiores. Foto: Ilustración de Carlos Menck Freire
Se hallaron trazas de las cimentaciones del fuerte y de edificios interiores. Foto: Ilustración de Carlos Menck Freire

Tras levantarse parte de las veredas en el entorno de la Plaza Zabala, emergieron vestigios de lo que fuera la primera casa presidencial de Montevideo, antes fuerte colonial y residencia de los gobernadores de turno.

Por entre sus muros pasaron gobernantes españoles, almirantes ingleses, mandatarios portugueses, brasileños y argentinos, según la dominación del momento, y nuestros presidentes Rivera, Oribe, Suárez, Giró, Berro y Flores. En una de sus salas, en 1853, murió el general Juan Antonio Lavalleja.

Si bien la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación informó que el hallazgo pertenece a "El Fuerte" proyectado por el ingeniero español Domingo Petrarca, "construido entre 1724 y 1725 con el objetivo de defender la ciudad colonial", los restos encontrados pertenecen a una edificación posterior.

Documentos de época refieren a que "el fuerte grande que está situado en un paraje para la defensa y resguardo de la batería (de cañones) y toda la península (…) se ha concluido a fin de diciembre del año de 1725". Sin embargo, los vestigios corresponden a la Casa del Gobernador o Fuerte de Gobierno, que se levantó hacia 1768.

El experto en fortificaciones coloniales Raúl Baroffio dijo ayer El País que de acuerdo al segundo plano de Petrarca, de 1725, en ese lugar había un fuerte "de tierra y fajina" (es decir, de barro y ramas, una combinación que lograba detener hasta las balas de los cañones), por lo cual lo que se halló fueron cimientos de la construcción posterior.

En una conferencia de prensa realizada ayer en la Intendencia de Montevideo, la arqueóloga de la Comisión de Patrimonio Virginia Mata explicó que se estudia la forma de incorporar el hallazgo al espacio público. "La propuesta de puesta en valor todavía está en desarrollo, está siendo estudiada por la Intendencia con el equipo de arqueólogos, pero la idea es integrar estos vestigios que hasta el momento estaban olvidados e invisibilizados para la gran mayoría de los montevideanos como un valor más de la plaza, para poder leer y recuperar ese relato histórico", indicó.

Características.

Según la publicación Viaje al Antiguo Montevideo de Carlos Menck Freire y Juan Antonio Varese, el fuerte era una sólido edificio bajo, construido en cuadro, casi todo de piedra y con techo de teja. La portada principal miraba hacia el norte, casi frente al antiguo teatro San Felipe. Entrando, a la izquierda, se hallaba el Cuerpo de Guardia, la Tesorería, la Contaduría y otras oficinas auxiliares.

A la derecha estaba la "oficina de servicio indispensable" y un lienzo de pared hasta la esquina oeste, en donde años después se edificó en altos.

En el costado sur se hallaba el gran Salón de Gobierno, y hacia el oeste y en el centro la Capilla del Gobernador, lugar en el que se celebraba misa los días festivos.

Sobre la portada de la capilla había un cuadrante o reloj de Sol y a la derecha otras oficinas, la habitación del gobernador y las piezas de servicio.

En la esquina del costado sudoeste se encontraba una segunda puerta que desembocaba, por los fondos, a un patio interior, con el cual comunicaban las habitaciones del gobernador y otras separadas que servían de alojamiento a los asistentes y porteros. Seguía luego una gran pieza de azotea con mirador, en donde se enarbolaba la bandera.

Mata indicó que la investigación la viene realizando un equipo a cargo de la arqueóloga Nicole de León. "Apenas al levantar la vereda, se encuentran las trazas de lo que eran las cimentaciones del fuerte. Se encuentra la traza de lo que era la cimentación de la fachada, en el lado que queda por la Circunvalación Durango y que está enfrentada al Palacio Taranco. También se encuentran vestigios con alta probabilidad de estar asociados a las construcciones internas del fuerte", indicó. Ahora, los arqueólogos intentan hallar restos de otras construcciones, trozos de vidrio y cerámica, aunque poco más es lo que se podrá excavar en esa zona de la Ciudad Vieja por las construcciones circundantes.

En 2013, el hallazgo de parte de una fortificación interior del llamado Fuerte de San José, a pocas cuadras de allí, hizo que la Comisión de Patrimonio solicitara ampliar la excavación, lo que puso al descubierto parte de la muralla exterior de la primera construcción militar de Montevideo.

El predio intervenido hace cuatro años pertenece a Prosegur, cuya sede se encuentra en el padrón lindero. En uno de los estacionamientos de la empresa se hizo hace años un hallazgo similar, que se encuentra demarcado en el piso y con cartelería explicativa sobre la ubicación e importancia del yacimiento.

Historias



Un español que llenó el cuartel de flores

El historiador Rómulo F. Rossi, en Recuerdos y Crónicas de Antaño (1924), recuerda que en el gran patio que formaba el cuadro del edificio, en 1808, el gobernador Francisco Javier de Elío "hizo arreglar un jardín para su recreo", con canteros resguardados por barandillas de madera.

Milton Schinca señala en su obra clásica Boulevard Sarandí que no más de ocho años duró el enjardinado porque en 1816, cuando el militar uruguayo Fernando Otorgués se posicionó en la Plaza de Montevideo en nombre de Artigas, "flores y plantas cayeron arrasadas por el celo de aquellos patriotas exagerados que no querían ni flores de los godos. Después se le agregaron al edificio nuevos despachos y salones, más oficinas y un mirador, que acentuaron aún más el carácter desapacible de la construcción.

El edificio fue construido hacia 1768 y demolido por su estado ruinoso en 1880. Fue sede y residencia del gobernador español en la época colonial y luego del gobierno nacional, hasta el posterior traslado al Palacio Estévez, sobre la Plaza Independencia. En su lugar se encuentra la Plaza Zabala.

De bailongo entre las murallas de piedra.

Fue en este fuerte tan poco inclinado a la mundanidad donde se celebraron los bailes más fastuosos que hasta esa época se vivieron en Montevideo. Allí se congregaba lo más granado de la sociedad, para dar esplendor a los saraos y bailes de etiqueta que se celebraban en fechas especiales.

El historiador Isidoro de María recuerda que las damas "vestían trajes de rico terciopelo o raso, con sobrepollera de punto bordado de oro, zapatos de raso blanco bordado, gargantillas de oro con piedras preciosas, peinados de rodete con tirabuzones o en espadón, grandes y ricos pendientes de diamantes o de oro macizo, guantes de seda de medio brazo o media mano y valiosas sortijas de diamantes".

Los caballeros, en tanto, "se presentaban de calzón corto, medias de punto, zapatos de raso negro con hebillas doradas, rica camisa con pechera plegada, puños con volados, corbata blanca alta con almohadilla por dentro, chaleco de raso, alfiler de pecho, frac negro, reloj con cadena de oro y sellos del mismo metal con piedras finas".

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