La columna

¿Habrá que darle una carta de crédito?

Diez asesinatos se registraron en Montevideo, Canelones y Salto, en lo que va de febrero, al menos hasta el momento en que comienzo a escribir esta columna. A estos crímenes hay que sumarle los 29 casos computados por las estadísticas oficiales en enero; lo que debe estar ubicando a Uruguay en un triste y destacado lugar en la región. Pero lo preocupante no son solo la cantidad de muertes, que son muchas para un país como el nuestro, sino la violencia con que se produjeron.

Un almacenero de 57 años en Piedras Blancas asesinado a sangre fría tras ser asaltado en su comercio; un joven de 16 años, otro de 24, ambos muertos en la calle y luego de que sus matadores bajaran de sus motos y les dispararan con armas de fuego —al mejor estilo de la Medellín de Pablo Escobar—, y un narcotraficante cuyo cadáver apareció maniatado en el fondo de un aljibe en Salto, son, en una apretada síntesis, los casos más impactantes de lo que va del mes.

Días atrás, y cuando ya se habían registrado cuatro muertes en menos de 72 horas, el jefe de Policía de Montevideo, Mario Layera, se mostró preocupado por la ola de violencia. En declaraciones formuladas a Canal 10, sostuvo que también "en enero hubo días en que se dieron este tipo de casos".

Si el jefe de Policía se encuentra preocupado, qué deja para el resto de los ciudadanos. Estamos hablando de asesinatos a comerciantes, y de muertes de jóvenes que podrían ser ajustes de cuentas o vendettas. También la muerte del narcotraficante nos está indicando las cosas extrañas y graves que se vienen registrando de forma creciente y que la Policía se muestra incapaz ya no digamos de prevenir, sino de resolver.

Con razón, el tema de la seguridad se ha convertido en una obsesión para los uruguayos y especialmente para los montevideanos. No faltan aquellos que le atribuyen a los medios de comunicación la creación de un clima de temor; una "sensación térmica", como decía la ex ministra Daisy Tourné, hasta que el año pasado le reventaron en un semáforo el vidrio de su auto y le arrancaron la cartera. Los motochorros se han vuelto parte del paisaje de la capital y de varias ciudades del interior.

El gobierno que fenece puede mostrar entre sus mayores fracasos su política de seguridad interior. Una nueva administración se inicia el próximo 1° de marzo (aunque el Dr.Tabaré Vázquez haya sido ya Presidente) y como a todo gobierno que desembarca se le debe dar una carta de crédito.

No obstante, resulta difícil extenderla cuando quienes estarán al frente del Ministerio del Interior, son las mismas personas que estuvieron en los últimos cinco años.

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