LA ENTREVISTA DEL DOMINGO - GABRIEL ODDONE, ECONOMISTA, SOCIO DE CPA FERRERE

"El gobierno no tiene agenda, pero la oposición tampoco"

El economista Gabriel Oddone tiene el desvelo de alentar una mirada del Uruguay para el futuro y discutir una agenda de temas cruciales que, a su entender, hoy, se perdieron por anécdotas secundarias del sistema político.

Gabriel Oddone. Foto: Marcelo Bonjour
Gabriel Oddone: "Había una agenda posible en educación. Se diluyó y hoy estamos en el medio de la absoluta nada”. Foto: Marcelo Bonjour

—¿Cómo ve el escenario político actual?

—Relativamente quieto desde el punto de vista programático y más bien convulso, con anécdotas menores. La sensación que hay es que el debate gira en torno a un conjunto de anécdotas y no sobre los grandes temas de transformaciones a largo plazo. Eso es habitual, normal, pasa en todos los países, pero creo que hay un exceso de esos episodios anecdóticos.

—¿Por ejemplo?

—Las escaramuzas en las internas de los partidos que cobran mucha relevancia por escándalos. Los tráficos de influencias o de cuasicorrupción, de comportamientos individuales, como puede ser el atropellamiento de una persona. Entiendo que deben formar parte de la agenda, pero a veces le destinamos un tiempo excesivo. Por eso veo el escenario político muy pobre. Todo es muy predecible. Estoy convencido de que si viene un medio internacional a preguntarle a los seis o siete dirigentes más relevantes del país sobre dónde va a estar Uruguay en los próximos 30 años, su contenido va a ser predecible. Va a ser contenido sobre una discusión provinciana, de entrecasa. Eso afecta al oficialismo, pero también a la oposición. Unos 15 o 20 años atrás había debate político de más contenido y eso sería importante reflotarlo.

—¿Cómo ve la política educativa?

—Desde mi mirada como ciudadano, no tengo claro cuál es la política educativa. Tengo la sensación de que me van a decir muchas cosas, pero no cinco elementos clave. Fernando Filgueira (exsubsecretario de Educación) me ha enseñado que cuando escuchás hablar a las autoridades, hay toda una vocación por construir desde el territorio, desde la práctica, lo cual es muy importante para salir del escritorio y la visión tecnocrática. Pero el riesgo de un exceso de mirada territorial es coleccionar miniaturas y terminar perdido en el territorio. En los últimos tiempos se están atacando temas y resolviendo asuntos, pero creo que todos muy chiquitos, y su articulación global no está clara. No se están atacando los grandes problemas de deserción.

—¿De qué magnitud cree que es ese estancamiento que señala?

—Tenemos en la educación un problema enorme, y otro tema que está muy vinculado es la convivencia en Uruguay. A pesar de que estamos todos mejor económicamente, la forma en que convivimos es mucho menos integrada que la que teníamos. Ese problema de convivencia es multicausal: es parte de la salida de una crisis muy abrupta. Pero si se le suma que tus viejos sistemas de inclusión social —el educativo, el de salud, el transporte colectivo— siguen actuando con las mismas recetas de hace años, entonces tenemos una mayor brecha. Cuando se innova se hace con anécdotas de miniaturas, encontramos que las personas que viven en los circuitos en los que estamos, conviven mucho menos con las personas que viven al norte de Avenida Italia. Viví siempre en la costa y jugué al fútbol en todo Montevideo, y siempre usé el transporte colectivo. Tengo la impresión que hoy mis pares viven en un circuito mucho más cerrado. Mis hijas viven en un circuito mucho más cerrado del que yo viví. Están más conectadas al mundo y a sus pares, pero mucho más lejos de una parte de la sociedad. Esto tiene que ver, en gran parte, con que el sistema educativo ha continuado con los mismos estándares de hace 30 años, y con un sistema fragmentado.

—¿Lo ilusionó la promesa del "cambio de ADN" en la educación?

—Conozco mucho a Filgueira y sé que es muy competente. El país debería haberlo escuchado más. Si bien no tenía la ilusión de que la historia se iba a dividir en un antes y un después, era un motivo para ser optimista. Lamentablemente cuando conocí la decisión del presidente (Tabaré Vázquez) de cuáles eran sus autoridades educativas —que son las que controlan el ámbito sustantivo— tuve la sensación de que había un empate. Ponemos a modernos de un lado, y del otro a personas con una mirada que cierra políticamente, pero es casi contradictoria.

—¿Algo parecido a los dos equipos económicos en el periodo anterior?

—Esa idea de compensar uruguaya que al Frente le hace muy bien, probablemente fortalece la institucionalidad, pero hace avanzar lento. Es una respuesta institucional similar a la de los dos equipos económicos. Pero aquel caso fue más complejo, por los efectos colaterales que generó. Fue una gran desautorización al Ministerio de Economía con sus complejas consecuencias. Aquí lo que había era una agenda posible, que se diluyó y que hoy estamos en el medio de la absoluta nada. Nada que va a empeorar, pero que hay que esperar unas autoridades que tracen algo distinto para la educación.

—¿Ve al gobierno con agenda?

—Lo planteé antes de que se instalara como discusión. Efectivamente el gobierno no tiene agenda, pero la oposición tampoco tiene agenda. ¿Cuáles son los factores que van a ser sostenibles y cruciales? ¿Los temas educativos? Hay algunos temas que emergen, como ahora el TLC con Chile, pero no hay una discusión de fondo. Entre el 85 y el 2015, crecimos casi cuatro veces más de lo que habíamos crecido entre el 55 y el 85. Llegamos hasta acá con una agenda de temas. Logramos integrarnos al mundo y abrir la economía. Pero esa agenda heredada se terminó. En algún caso porque ya se hizo, y en otros casos porque las circunstancias cambiaron. Mi pregunta es: ¿cuál es la agenda para los próximos 30 años? No la veo. Sí hay esfuerzos por el Uruguay 2050 pero con cosas muy, muy generales, o sumamente micro. También es cierto que no hay problemas cruciales. Capaz que después de diez años de crecimiento tenemos una suerte de autocomplacencia. Hemos rebajado la atención en relación a los desafíos que tenemos.

—¿Cómo cree que va a llegar la economía al año electoral?

—En general si la economía no anda mal, el partido de gobierno tiene la ventaja. Cuando uno mira desde el 2017 al 2019, estimo que si no pasa nada muy agudo a nivel internacional —que por ahora parece inesperado— vamos a llegar con un escenario económico relativamente estable y positivo. Creciendo a tasas moderadas del entorno del 3% y con una situación fiscal no saneada, pero sin empeorar. Manteniendo el grado inversor; un país caro en dólares, pero disimulado por la plaza argentina y brasileña. Los signos de interrogación en Argentina y Brasil nos van a llevar a que en los próximos dos años no vamos a tener un gran empuje de inversión y vamos a mantener costos elevados en dólares, en particular en lo salarial. Tampoco vamos a ver un rebrote sustancial del empleo.

—¿Será un escenario más complejo que en 2010 y 2014?

—Va a ser con una economía estable, que llega bien, pero con un estado de ánimo en la gente que no va a ser espectacularmente positivo. Los empresarios van a observar que sus márgenes son comprometidos. Y los trabajadores que sus salarios están relativamente bien, pero en el núcleo familiar tendrán integrantes sin empleo. No va a ser un escenario como el del 2010, o 2014. Vamos a llegar a las elecciones no con la sensación de que las cosas van bien, aunque mejor que lo que vimos en 2015 o 2016 donde la economía se veía estancada. Va a ser un escenario como el de hoy: de moderado optimismo, o moderado pesimismo.

—¿Qué expectativas tiene para lo que queda de gobierno? ¿Qué le gustaría que pase?

—Lo que creo que va a pasar es esencialmente un gobierno preocupado por la estabilidad, preocupado por no generar sorpresas y garantizando una convivencia razonable. Es un gobierno serio, responsable, prudente, no es un conjunto de cara de locos. ¿Qué me gustaría? Asumiendo que las restricciones políticas tienen otro peso porque uno desde afuera no lo puede evaluar, hay dos ejes que deberían estar sobre la mesa. El primero es: ¿qué hace que el crecimiento económico sea sostenible en este país en los próximos años? ¿Cómo logro seguir siendo atractivo para la inversión extranjera directa? Ahí tengo una agenda de inserción donde tengo que mirar al Pacífico, no por pelearme con el Mercosur, sino porque ahí está el dinamismo y el Mercosur está estancado y va a estar estancado en los próximos años porque Brasil y Argentina tienen una agenda interna relevante. El otro punto central es ¿cómo logro fortalecer la competitividad del sector transable (aquel que comercia con el exterior)? La estructura de exoneraciones de aportes patronales, ¿a qué lógica responde? Los sectores que no tienen aportes patronales son los no transables con alta capacidad de influencia sobre los gobernantes: el transporte, la salud, las ONG. Eso supone que hay un sector de la sociedad que genera actividad y riqueza que no contribuye de la misma manera que otros sectores. Tengo sectores de la economía que tienen escaso de nivel de competencia, lo que genera prácticas de precios insostenibles: por ejemplo los combustibles. Ahí, ¿voy a introducir reformas de competitividad en empresas públicas para introducir más eficiencia?

ODDONE

"El Frente Amplio hoy, no es el del que yo fui frenteamplista"


—Hace unos años se desafilió del Partido Socialista, ¿qué le queda de frenteamplista?


—(Piensa 12 segundos) Trataría de responder así: yo tengo la sensación de que el Frente Amplio (FA) hoy, no es el Frente Amplio del que yo fui frenteamplista, y por lo tanto mi entusiasmo, mis ganas de defender cosas intelectual y comprometidamente, ya no son las mismas. La sensación que tengo es que el FA se ha vuelto mucho más complejo y mucho menos comprensible a mi pensamiento o a mis ilusiones. En qué parte es culpa mía y qué parte es culpa del FA no lo sé. Sí sé que algunas señas de identidad —que eran cruciales a la salida de la dictadura— a veces no las veo con claridad. Un caso claro es el de Venezuela. No deja lugar a dudas que allí las libertades y el funcionamiento pleno de la democracia están en duda. No veo al FA en una actitud comprometida y decidida en esto. Yo que soy hijo de la transición democrática, donde quedó claro que no hay nada más importante que la democracia es un fin en sí misma, es una señal que nos separa. La mayoría del FA hoy está en mano de personas afines a movimientos de los cuales, a la salida de la dictadura, nosotros éramos muy críticos. Por lo que habían hecho, o por su comportamiento.

—Está hablando del MPP, ¿cree que el crecimiento de esos grupos le quitó frenteamplismo?

—Te hace tener una mirada más distante, más fría, menos comprometida. Por decirlo de una manera resumida: la magia no está ahí. Puede haber más o menos empatía, pero la magia no está ahí. Por estas razonas y porque tampoco el FA después de 15 años de gobierno ha logrado armar una agenda entusiasmante en torno a las transformaciones que quedan. Eso no quita que reconozca la cantidad de mejoras que ha realizado el FA en los últimos años.

Un cargo sí, pero no solo para ocupar un sillón.

Cuando Danilo Astori inició su carrera para intentar ganar la Presidencia renunció a su cargo en el Ministerio de Economía. Fue en septiembre de 2008. Con él, se fue todo el equipo. Previamente, el presidente Tabaré Vázquez había designado a Álvaro García para suplantar a Astori, y en la búsqueda de un subsecretario pensó en Gabriel Oddone. Pero el economista decidió no aceptar el cargo. Pasaron nueve años y El País consultó a Oddone si ahora estaría dispuesto a aceptar un cargo en la actividad pública. "Para un economista que se ha dedicado a la macroeconomía, el interés general es su obsesión. A veces, mi mirada tiene un sesgo hacia el interés general. Aprendimos en la facultad que hay acciones de política que pueden hacer que cosas de la economía funcionen mejor. La vocación por lo público es genérica para los macroeconomistas", dijo.

Luego explicó cuál es hoy su posición personal. "Desde el punto de vista más personal, confieso que tengo muchas dudas. Porque la pregunta es ¿para hacer qué? Si efectivamente se trata de intentar tener una agenda de transformación ambiciosa, justa, sostenible y factible, y se trata de un conjunto de gente que comparte objetivos, compromiso y dedicación: sí. Ahora, si es por decir ocupaste un cargo, la verdad que no. Porque el costo personal que tiene la vida pública, que la gente a veces no lo valora, tiene que tener una compensación que en ningún caso es ni mucho menos la económica y en ningún caso es la realización personal, es la posibilidad de construir algo que valga la pena. No sé si va a ocurrir algún día. A mí me lo plantearon, tenía una circunstancia muy particular. La razón por la que dije que no, no fue porque no valiera la pena, fue por un tema familiar que no me permitía pensar en otra cosa".

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