EL AJUSTE FISCAL: LAS NUEVAS PROYECCIONES A LA BAJA

Gobierno admite crecimiento magro el resto de su período

Este año el alza del PBI será de solo 0,5%, en lugar del 2,5% proyectado.

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El MEF tiene como objetivo llevar el déficit a 2,5% del PIB. Foto: G. Pérez

Aunque quizás pasaron desapercibidas entre los anuncios tributarios que afectan el bolsillo de los uruguayos, las proyecciones de crecimiento que anunció el gobierno para lo que queda de la actual administración, son realmente magras. Hasta ahora para 2016 aguardaba un crecimiento de 2,5% que ahora redujo a 0,5%; para 2017 proyectaba 2,8% y ahora no espera más que 1%; para 2018 iba a ser de 3% y ahora la meta es 2%. Recién en 2019 se crecería 3% (sin cambios respecto a la actual proyección).

Las nuevas proyecciones fueron dadas ayer por el ministro de Economía, Danilo Astori, que reconoció que el gobierno ya había calculado un crecimiento superior para 2015 al que se verificó. Para ese año aguardaba 2,5% y al final el crecimiento fue de 1%.

Un punto clave será lo que ocurra con el consumo. Astori ayer solamente dijo respecto a este punto que se espera que retome su crecimiento a la brevedad.

Pablo Roselli, de Deloitte, explicó a El País que más allá de la reducción del IVA, el "saldo neto" de las medidas de ayer es una caída del ingreso disponible de las familias y empresas, por lo que va a afectar al ahorro y al consumo. "Si se suma la política monetaria contractiva (reducción de la cantidad de dinero circulante para desacelerar la inflación) y la política fiscal contractiva se afecta al consumo. Es una combinación contractiva", sostuvo.

Para Rosselli "no cabe duda de que se trata de un ajuste importante". "Más que considerarlo adecuado o inadecuado hay que considerar que es más bien realista. Era muy poco probable que se hiciera solamente bajando gastos y hacerlo solo con impuestos era muy mala señal. Y era poco viable ir a una mayor carga del consumo porque ya está muy cargado y hubiese sido regresivo", sostuvo.

Según Rosselli, el ajuste era "inevitable" aunque no nota que se corrija "lo más superfluo e ineficiente". A su juicio, las calificadoras de riesgo que habían comenzado a advertir de la inconveniente trayectoria de las cuentas públicas tomarán nota del esfuerzo que hará Uruguay. Una de ellas, Moodys, había advertido el 9 de mayo que "en caso de que las medidas de consolidación se queden cortas en reducir el déficit, la deuda pública podría superar el 50% del PIB en 2017, lo que socavaría la credibilidad de la política fiscal y debilitaría los indicadores crediticios de Uruguay en relación a sus pares de calificación". El "grado inversor" que dieron las calificadoras a Uruguay, tras la crisis de 2002, es un activo para el gobierno porque le permite endeudarse a tasas más bajas que si no lo tuviera. El "grado inversor" implica que los mercados de capitales consideran que el país es un buen pagador. Pero si las calificadoras perciben que el monto de la deuda se incrementa mucho respecto al producto, podrían bajar la calificación.

El economista Ignacio Munyo cree que se debió hacer un esfuerzo mayor en bajar el gasto de los entes autónomos. Javier de Haedo escribió en Twitter: "entiendo que se diga NO a este ajuste, pero dado el déficit que hay, hay que ajustar".

"Se pudo evitar llegar a situación tan frágil".

El economista Aldo Lema consideró que "hay que reconocer la autocrítica implícita y el mayor realismo al bajar proyecciones de crecimiento; perpetuar el error habría sido aún más costoso", pero advirtió que las modificaciones previstas al Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas (IRAE) que pagan las empresas puede desestimular la inversión que está estrechamente vinculada a la masa salarial que se expande si lo hace la economía. Advirtió también que el ajuste "va a comprometer la prioridad de atender la educación". "La ciudadanía está menos dispuesta a aceptar más impuestos porque no ve resultados. Hubo oportunidades de evitar una situación fiscal frágil", dijo. Lema consideró que deberían adoptarse "reglas fiscales" que permitan ahorrar en momentos de bonanza y ve como una "mala señal" que se graven sueldos altos que se asocian con una mayor educación.

Pablo Rosselli, de Deloitte, dijo que espera un crecimiento de 0% este año y que todavía no tiene suficiente información para revisar todavía sus proyecciones al respecto.

"Se genera malhumor y distorsión con ajuste".

El economista Ignacio Munyo advirtió a El País que la estimación del gobierno sobre lo que se recaudará con el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF) puede ser excesiva, porque la economía está muy desacelerada. Consideró también que el gobierno "le quiere dar mayor progresividad a la estructura tributaria" dando más importancia a los impuestos directos por sobre los indirectos, pero consideró que en realidad el gasto público tiene un efecto mucho mayor sobre la distribución de la riqueza que los cambios tributarios. A su juicio, los anuncios de ayer generan en un momento delicado en el cual la economía no crece, "malhumor, cambios en las decisiones y distorsiones". La confianza del consumidor está en niveles bajos y existe la posibilidad de que el desempleo llegue hasta 9%.

El ahorro de US$ 500 millones se debió haber buscado con mejoras en las empresas públicas, opinó. Y mostró "sorpresa" porque se haya recurrido a "toda esta parafernalia" para obtener esa cifra. A su juicio, el equipo económico cedió ante el sector oficialista que pedía cambios en la imposición sobre la renta. Este año será el peor económicamente desde la crisis de 2002, vaticinó Munyo.

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