¿ENSEÑANZA GRATUITA?

Se gastan US$ 23 millones al año en clases particulares

La mitad de los jóvenes que estudian acudieron, alguna vez, a un profesor.

Matemática es la asignatura que demanda más apoyo particular. Foto: F. Ponzetto
Matemática es la asignatura que demanda más apoyo particular. Foto: F. Ponzetto

Son la emergencia móvil de la educación; el manotazo de ahogado de los estudiantes —o de sus padres— ante la inminente llegada de un examen. Son la respuesta al "no entendí" o "el profe no sabe explicar". Las clases particulares, para las que el conjunto de hogares uruguayos destina US$ 23 millones al año, comenzaron su zafra.

El 0,04% del PIB del país, equivalente al presupuesto anual del Ministerio de Trabajo, es el esfuerzo que hace la sociedad para financiar las clases particulares, según los cálculos del Ineed en base a la Encuesta de Gastos de los Hogares. Y aunque parezca un detalle dentro del dinero que mueve toda la enseñanza, se trata de un monto similar "al que el Estado destina a políticas para prevenir la desafiliación educativa", explicó el sociólogo Gustavo De Armas.

De cada $ 100 que las familias gastan en educación, casi $ 3 de ese total va a estas clases de apoyo. Y no se trata de un privilegio de los niños más ricos. En todos los contextos hay un "significativo" porcentaje de hombres y mujeres que dicen haber necesitado, al menos una vez, este tipo de ayuda académica.

Uno de cada tres jóvenes del quintil de ingresos más pobre acudió a clases particulares y uno de cada cinco hasta pagó por ellas. A medida que aumenta el dinero de los hogares, se acrecienta la demanda de este apoyo; al punto que entre los más ricos, aún yendo a la enseñanza privada, dos de cada tres llegó a asistir a profesores por fuera de su centro educativo.

La mayoría de las clases de apoyo recibidas, en todos los sectores, son pagas (las restantes fueron provistas por los liceos, ONG o vecinos). Entonces "el grueso de los recursos destinados" correspondió a las familias de "los estudiantes de la educación media pública", señaló De Armas.

Ante este panorama, dijo la consejera de Secundaria Isabel Jaureguy, cabe preguntarse cuán "gratuita" es la educación pública. "Es una forma de privatización de la educación, y se da, sobre todo, porque los chiquilines no acuden a las tutorías u otros acompañamientos que se brindan en los liceos".

—¿Por qué no van?

Muchos no están dispuestos a ir al liceo en otro turno.

Los más precavidos comienzan a ir a un profesor particular tras las primeras clases, ni bien notan que están "perdidos". Estos cursos paralelos suelen darse, sobre todo, para Matemática, Física y Química, explicó Ari Wolf, propietario de la academia Wolf. "Son adolescentes que asisten a clases de apoyo dos veces por semana, a razón de una hora y media por vez, y pagan unos $ 1.800 al mes".

Pero el gran auge de los cursos de apoyo es previo a los exámenes. Los que se acuerdan muy sobre la fecha, y que Wolf llama "los paracaidistas", pretenden "aprender todo un programa en menos de dos semanas". Para este tipo de asistencia, intensiva, la hora de clase oscila entre los $ 200 y $ 500.

Los "paracaidistas" también suelen acudir, mayormente, para preparar los exámenes (o evitar irse a ellos) de Matemática, Física y Química. Es que son, a nivel mundial, las materias con menores porcentajes de aprobación. En 2016, por ejemplo, solo la mitad de los liceales uruguayos que cursó cuarto año en públicos salvó Matemática.

Las letras, sin embargo, no se quedan atrás. "En los últimos años, Filosofía se coló en el cuarto lugar de la demanda", contó Raúl Guerra Font, dueño de la academia homónima. "Hay mucho de opinión o razonar, y ya no alcanza con leer a Platón y memorizarlo; eso a los alumnos les complica".

Primero pienso…

Nadie llega a una clase particular para aprender, "a lo sumo lo hace para salvar un examen".

Pero Guerra Font recibe alumnos que han abandonado una materia a mitad de año, tras perder el primer parcial. "Y ahí hay que dar el programa entero y las técnicas de estudio a la vez".

No es que los estudiantes de hoy sean más ineptos. Tampoco es que la asistencia a clases de apoyo sea una realidad muy uruguaya: en Brasil acude el 50% del alumnado y en Egipto llega al 74% en el octavo grado, según el Banco Mundial. Pero un conjunto de factores lleva a que la mitad de los estudiantes locales mayores de 15 años haya asistido alguna vez.

"El concepto de esfuerzo pasó a ser desconocido", criticó la consejera Jaureguy. "Se pide que todo sea fácil y divertido, cuando estudiar lleva su tiempo, complejidad y esfuerzo". A eso se le suma los problemas de formación de los docentes y la falta "de una buena base".

Ellas no temen a la ayuda.

Entre los jóvenes que dicen haber asistido alguna vez a clases de apoyo, poco más de la mitad son mujeres (53%). Pero en algunas academias, como Wolf, suele notarse un porcentaje aún mayor. “Durante el año la relación es siete cada tres hombres”, dijo el profesor Ari Wolf, dueño del instituto. Y él le encuentra un único motivo: “Ellas no tienen miedo de pedir ayuda antes. Los varones, en cambio, esperan a último momento y son presionados por sus padres”. Esta realidad, explica, es común a todos los contextos, a públicos y privados. De hecho la mitad de su alumnado concurre a un colegio.

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