vea la fotogalería

El final de las Siete Manzanas

Hace ya dos semanas que los obreros de las empresas contratadas por la Intendencia están trabajando a lo largo de la calle Mariano Estapé, que en unos meses dejará de ser tal, para transformarse en la continuación de la avenida Dámaso Antonio Larrañaga, en su desembocadura hacia el Hipódromo de Maroñas.

Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L.Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L.Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L.Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L.Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L.Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L.Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L. Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L. Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L. Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L. Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L. Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L. Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L. Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L. Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L. Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L. Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L. Carreño
Demolición barrio Siete Manzanas. Foto: L. Carreño

La mayoría de los vecinos que vivían en las 7 hectáreas de terreno de esta calle han sido realojados en diversos complejos habitacionales, que fueron construidos con ese propósito.

"Quedan pocos vecinos. Es una lástima porque la mayoría son buenos vecinos y muy trabajadores", afirma Juan, un abuelo de 94 años que vive en la zona desde mediados de 1945.

"Nosotros nos vamos el jueves 14. El día anterior tenemos que ir a buscar la llave del apartamento", contó Raúl Góngora, que vive en una de las pocas casas que siguen en pie, rodeada de escombros, por la calle Estapé y Juan Carrara.

Raúl y su familia se van a un complejo ubicado en el barrio Arana, a unas tres cuadras de la sede de Policía Caminera, por Camino Maldonado y Roma.

"Es un cambio para mejor", dice Góngora que no oculta su ansiedad por irse de la zona, después de haber vivido en el lugar los últimos 25 años. Su casa, humilde pero bien cuidada, será destruida en el correr de la última semana de mayo, según le dijeron en la Intendencia, junto con otras tres edificaciones que siguen en pie, aunque llenas de escombros.

El plan de realojo, que fue organizado por la Intendencia, está pensado para unas 70 familias que, según se manifestó desde la propia comuna en su momento, "ocupan irregularmente" esa zona de Maroñas.

Durante la presentación del proyecto, se señaló que el inicio de la obra estaba previsto para el mes de mayo de este año y que el plazo de ejecución de la misma sería de cinco meses, según lo acordado con la empresa constructora. La inversión total que la comuna realizará en esta obra es de $ 43.500.000 (más de un millón y medio de dólares).

Entre otras cosas, en la avenida se construirá una ciclovía y se colocará un total de 26 columnas con 52 luminarias.

"Esta es la verdadera Plaza Libertad", dijo con orgullo Luis, un vecino que se crió en el lugar, señalando la plaza que está circunscripta a las calles Mariano Estapé, Horacio Areco, José Pedro Ramírez y Besares.

Frente a esa plaza, por Estapé, Marcos y su señora tienen un almacén. El comercio, junto a tres viviendas contiguas, son las únicas casas que quedan en pie en esa cuadra, entre Areco y Ramírez.

"La semana que viene se va toda esta gente y nosotros quedamos solos acá", afirma Marcos, sin ocultar su malestar por esta situación.

Consultados por si conocían el criterio que había aplicado la comuna capitalina para tomar esta decisión, señalaron que fue por sorteo.

El matrimonio se mudará a un complejo habitacional que está ubicado en la calle Argerich, aunque, según afirman, aún no está terminado.

"La Intendencia nos dijo que hasta julio no nos vamos", dice el comerciante, quien no entiende el criterio de dejarlos solos en una cuadra durante dos meses más.

Claro está que una vez que la pareja se mude al complejo habitacional asignado no podrá tener el almacén, uno de sus medios para ganarse la vida.

El próximo jueves, a las 7:30 de la mañana, los vecinos de Marcos recibirán a los camiones de la Intendencia, que se encargarán de la mudanza.

En las cuadras contiguas, ya son varias las casas que están marcadas con una cruz. Serán las próximas viviendas a demoler para seguir adelante con la obra municipal.

No se van.

"¡Qué se van a ir, estos pichis! Sacan a la gente bien. A estos rateros de cuarta no los sacan", espetó a viva voz Alejandro, un joven que aún vive en la zona y que tiene marcado realojo para esta semana.

Alejandro hace referencia a la mentada banda de "Los Tatitos", acusada de cientos de robos a taxistas, repartidores y conductores en general.

"Ahora van a tener Dámaso Larrañaga en la vereda de su casa", afirma. "Van a estirar la mano y a afanar un coche", agregó.

La banda de Los Tatitos actúa principalmente sobre la calle Victorica, paralela a Mariano Estapé. Según el vecino, "se van a levantar y a toda hora van a tener tránsito. Esto puede ser fatal".

Con paso cansino, dos jóvenes, flacos y con cara de pelea, miran con recelo la conversación entre los vecinos y el cronista. "Ahí los tenés", dice una vecina por lo bajo.

Incluso, durante la recorrida realizada por el barrio, algunos supuestos integrantes de la banda se tapaban la cara, al notar la presencia de la cámara de fotos.

Pérdida.

Eduardo Muñoz es cadete de una farmacia. Trabaja en la zona donde se crió: Maroñas. Vivía hacía más de 10 años en una casa ubicada en el 4953 de Mariano Estapé.

"Era una casa con todos los impuestos pagos, con una construcción firme, bien realizada y que nosotros cuidamos desde que nos fuimos para allá", dice Muñoz, quien fue realojado de vivienda a un apartamento que, dice, no es ni la mitad, en calidad y tamaño, de lo que era su casa.

"Yo entiendo que a la mayoría de la gente le sirve el cambio porque hay muchos vecinos de acá que vivían en una precariedad tremenda. Pero nosotros salimos perdiendo con este realojo", dice Muñoz, que reside en el complejo de viviendas de la calle Argerich.

"Hace una semana que estamos viviendo acá y ya está rajado el piso", afirmó Eduardo, que ahora vive en un pequeño apartamento con su esposa y sus tres hijos. Además, no lo dejan tener un auto estacionado en la puerta de su apartamento.

"Yo en mi casa tenía mi garaje", dice. "Yo pierdo por todos lados. Al principio nos dijeron que nos iban a dar los títulos de la propiedad a los dos años, pero después de dos supuestas modificaciones nos lo van a dar a los diez años de estar viviendo allí", aseguró.

La nueva casa de Muñoz y su familia, es un departamento de dos pisos y poco más de 38 metros cuadrados, con una cocina "en la que apenas nos podemos mover", un living comedor en el piso de abajo y tres dormitorios arriba".

"Cuando llegamos los caños de la cocina perdían, funcionaba apenas un enchufe de todos los que había en la casa y varios de los escalones de madera de la escalera estaban sueltos", afirmó el empleado de la farmacia.

"Yo quiero que me entiendan: acá hay gente que comía en el mismo lugar donde hacía sus necesidades fisiológicas, entonces si les dan esto para ellos es el palacio de Buckingham, pero yo tenía mi casa bien puesta. Con todo lo que hice con el sacrificio de mi vida. No es justo que nos metan en la misma bolsa", afirmó.

El hombre, que es cadete en una farmacia de la avenida General Flores, está casado con una empleada doméstica y tienen tres hijos de 15, 14 y 9 años de edad.

DETENCIÓN


“¿No sabe que un civil no puede exhibir su arma?”.


Mientras Eduardo Muñoz contaba a El País los problemas que tenía con su nueva vivienda, en la esquina de Besares y Estapé dos mujeres policías cortaron la conversación.

“Caballero: ¿identificación?”, solicitó una de las agentes. “¿Por qué está armado en plena vía pública?”, le preguntó, y sin esperar respuesta, le inquirió: “¿No sabe que un civil no puede exhibir su arma en público?”

Muñoz, efectivamente, anda armado, según explicó, porque ya le robaron dos motos mientras trabajaba. “Tengo porte y papeles. Mi patrona me pagó cursos de tiro”, explicó a las agentes, mientras una de ellas lo ponía contra la pared.

“Usted sabe que no puede andar con el arma así”, decía la funcionaria policial mientras le apoyaba el codo contra la espalda y revisaba los papeles del arma. Muñoz trataba de defender su posición en relación con el arma. La otra funcionaria se llevaba la mano al arma de reglamento, pronta para desenfundarla si fuera necesario.

En tanto, algo alejados de la escena, desde el interior de una camioneta de la Inspección de la Intendencia de Montevideo, un funcionario municipal filmaba con un teléfono celular lo que estaba pasando.

Las funcionarias policiales le devolvieron los papeles al trabajador, no sin solicitar varias veces al fotógrafo de El País que guardara su cámara.

El hecho se saldó sin inconvenientes luego de seis minutos de discusión.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Edinson Cavani festejando su gol número 151 con la camiseta del PSG

Cavani no quiere hablar del récord de Zlatan

Max caracteres: 600 (pendientes: 600)