Julio Guarteche

"El final del caso Milvana podría ser más sorprendente todavía"

En la sede que el Ministerio del Interior tiene en Uruguay y Río Branco están en obras, y por eso Julio Guarteche se disculpa por el polvo. Pero dentro de su amplio despacho, donde pasa al menos 10 horas por día, todo está impecable: la bandera de la Policía, el Pabellón nacional, el cuadro de José Artigas detrás del escritorio y ningún atisbo de desorden.

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"Cuando hicimos el operativo, Etchart ya estaba prófugo", afirma. Foto: D.Borrelli.

El último mes casi no durmió, pero no se le nota. Sereno y medido, dice que apenas conversó con Milvana Salomone “para no revictimizarla”. Cuenta por qué sufrió este caso como ninguno, y se anima a soltar que la investigación, que aún no ha llegado al fondo, promete un desenlace inesperado.

Hay varias incógnitas que el director de la Policía Nacional aún no puede despejar. Pero una semana después de la aparición de Milvana Salomone, Guarteche -que tiene 55 años y 15 en puestos de jerarquía-, quiere transmitir que los secuestros no deben preocupar a la sociedad en general. Si bien han aumentado los casos, la gran mayoría se explican por disputas entre narcotraficantes. Y los que no, se han resuelto.

—¿Usted cree, como el subsecretario Jorge Vázquez, que la elección de Milvana no fue al azar?

—Todavía estamos investigando. No podemos decirlo realmente. Tenemos algunas ideas nuevas ahora, pero estamos en pleno proceso de investigación, por lo que no puedo adelantar nada. Nos preocupa muchísimo, especialmente por darle tranquilidad a la familia. Si alguien obtuvo la suficiente inteligencia —me refiero a información analizada— de un miembro de la familia, obtuvo información sobre toda la familia. Entonces queremos llegar realmente a la fuente que proporcionó la información para darle tranquilidad real a la familia. Siempre sucede: cuando se está pidiendo información sobre una persona, se conoce todo el entorno. Es natural. Creemos que es importantísimo llegar al fondo del asunto.

—O sea que todavía no se ha llegado a ese fondo.

—Todavía no, estamos investigando todo.

—¿Se está buscando esa fuente en el entorno de la familia?

—Estamos con la mente abierta buscando entre toda la información que tenemos y analizando todo. Pero no precisamente ahí.

—Hay una pista que vincula a alguien que trabajó para la familia, ¿es así?

—Sí, pero no es la pista más firme que estamos manejando. Tenemos varias hipótesis más bajo análisis.

—¿Alguna más fuerte que otra?

—Sí, claro.

—¿Cree que llevará tiempo aclarar todo el caso?

—Pensamos que no. Si tenemos éxito, esta semana podremos resolverlo. Quizás sea más sorprendente todavía. Quizás, no lo puedo asegurar. Pero por la información que estamos manejando, puede ser más sorprendente todavía.

—¿Sorprendente porque vincula a un impensado?

—Eh… Bueno, después lo hablaremos.

—¿Aún manejan la hipótesis de que el prófugo salió del país?

—Bueno, es lo que se presume teniendo en cuenta su pasado, porque el individuo tiene antecedentes en Italia. Lo que pasa es que cuando hicimos la operación, él ya estaba prófugo porque le había robado US$ 50.000 a Lepere.

—¿No hay ningún rastro de él?

—Todavía no.

—Es un criminal con mucha experiencia en el exterior.

—Sí, no tiene antecedentes en Uruguay pero sí afuera. Pero tampoco es que tenga mucha plata. Yo creo que vamos a agarrarlo. A veces dependemos de algunos factores. Si está afuera, hay cosas que no están en nuestras manos.

—Con el secuestro del comerciante, ¿sí se llegó al fondo?

—Quedan algunas personas sin detener.

—Pero no está del todo probado que haya sido entregado.

—Todavía no, pero la mayoría de las personas implicadas están detenidas. Es un caso mucho más claro. Y se resolvió distinto: el del comerciante se resolvió por la respuesta; el de Milvana, por la investigación.

—Usted dijo que los secuestradores de Milvana fueron "el grupo más organizado" al que han enfrentado y que realizaron "tareas de inteligencia y contrainteligencia". ¿Qué quiso decir?

—Inteligencia son las tareas que se realizan para obtener información y después analizarla. Las tareas de contrainteligencia consisten en detectar a la gente que está haciendo inteligencia contra nosotros. Ellos se manejaron muy bien en algunas áreas en las que nosotros somos fuertes, como por ejemplo dejando rastros y comunicaciones falsas. Ya lo habíamos visto en otro secuestro, pero en este caso el manejo de la gran cantidad de aparatos de comunicación y de rastros falsos fue importante. Inclusive se sabe que hicieron llegar información falsa a páginas relacionadas con la búsqueda de Milvana con el fin de confundir a la Policía. Uno cuando está en una investigación de este tipo no puede dejar de analizar todas las cosas, y eso lleva tiempo y gente, por lo que dificulta las tareas investigativas.

—¿Cómo hacían para despistar con llamadas?

—Utilizaban distintos teléfonos, cambiaban permanentemente de teléfonos, los apagaban, los cambiaban de sitio… Utilizaban una red muy difícil de poder investigar. Pero finalmente pudimos descubrirla.

—¿Es esperable que aparezcan otros grupos organizados para secuestrar, similares a este?

—Creo que no, que esto que pasó ahora va a ser un desestímulo importante para los que pudieran estar pensando en hacerlo. Pero bueno, nunca sabemos. Hubo dos secuestros: este y el del comerciante. Los demás han estado vinculados al narcotráfico y al ajuste de cuentas. Hay una larga tradición de la Policía, que va más allá de esta administración, que siempre aclaró los secuestros que ocurrieron. Creemos que eso ha desestimulado en el pasado, y va a desestimular ahora.

—Pero usted había dicho que era previsible que el delito de secuestro llegara a Uruguay dada la situación en la región.

—Sí, pero especialmente asociado al narcotráfico. Al igual que asociamos el narcotráfico al aumento de los homicidios o al tráfico de armas. Pero también es cierto que en otros lugares los secuestros han pasado a la sociedad civil, tal como nos pasó ahora. El asunto es que, creemos nosotros, una respuesta tan contundente de alguna manera va a desestimular este accionar.

—¿Qué diferencia hay con los secuestros entre narcos?

—Los que están en el mundo del delito muchas veces ni siquiera denuncian los secuestros porque al denunciarlos también exponen la actividad ilícita que realizan. Muchas veces se elige el camino de la justicia por ma-no propia para resolverlos. Y de ahí los ajustes de cuenta.

—¿Se registran estadísticas de secuestros?

—Sí, claro. Los datos son mínimos. Los únicos casos similares a este fueron el de la chica de Carrasco (Valentina Simon) y el de (Ignacio) Rospide. Ahora tuvimos un pequeño repunte, sí, en secuestros de bandas narcotraficantes. Los que se han denunciado los hemos resuelto todos, pero somos conscientes de que en ese submundo criminal no todas las cosas se denuncian.

—¿Qué análisis se puede hacer hoy de este caso y de lo que deja en la Policía?

—Todavía no hemos hecho una reunión de evaluación (nosotros le llamamos reunión posterior a la acción) para evaluar las debi-lidades y fortalezas que tuvi-mos. Pero tenemos capacidades —que obviamente debemos mejorar— para poder resolver un caso como este. Y creo que la enseñanza más importante es que vamos a desestimular este tipo de accionar. Es muy repudiable en Uruguay, es muy sensible. Todo el mundo conversó sobre este caso, se preocupó y se alegró del resultado final, y esa condena social hacia este delito en particular, que es tan grave, hace desistir de cualquier tipo de idea. Además, el secuestro requiere de una estructura, de tiempo, se corren riesgos que en otro tipo de delitos son de menor entidad. Mantener a la víctima, montar todo un esquema para poder cobrar y después disfrutarlo es muy complejo. Yo creo que por un tiempo largo no nos vamos a tener que preocupar de esto. No es tanto una afirmación sino un anhelo.

Conocía a la familia de Milvana y dio contención.

Julio Guarteche nació en Durazno pero hizo la mayoría de su carrera en Florida. Por eso conocía a la familia de Milvana Salomone y a la de su marido, y durante el cautiverio de la ginecóloga le tocó darles "contención". Además, recibió "muchísimas" llamadas de floridenses pidiendo información. "Estamos haciendo lo posible", se limitaba a contestar la mayoría de las veces, aunque en otras llegó a dar explicaciones de los pasos de la Policía. Las llamadas lo agotaron (fueron "a cualquier hora") y a la vez lo pusieron en un lugar que lo perturbó. "Fue bueno que lo pudiera hacer porque yo los conocía y me sentía en la obligación de hacerlo. Pero también tuve la oportunidad de ver todo el trabajo que estaban haciendo los investigadores. Estaba en una posición muy incómoda", reveló. Quizá por eso Guarteche se molestó con el trabajo que hicieron los medios al cubrir el caso, y en una conferencia de prensa hizo un llamado a la reflexión. Ahora quiere promover "un ámbito para conversar" con los periodistas, como se hizo cuando el secuestro de Ignacio Rospide, en 2010. "Lo que no sirve es que nos estemos peleando. No fortalece a las instituciones. Siempre va a haber un poco de conflicto, pero pienso que ha sido demasiado en este caso en particular. Deberíamos hacer un punteo de cosas que sí podemos hacer y cosas que no, sin compromiso. Quizá establecer una línea de comunicación nuestra para que puedan evaluar si algo interfiere con la investigación", dijo. Aseguró que la vida de Milvana "peligró" por la difusión de ciertos datos.

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