LA HISTORIA QUE EL EXTUPAMARO NUNCA CONTÓ

Fantasmas de Amodio lo acosan en su propio living

El exguerrillero cuenta una experiencia paranormal que vivió en España en 1995.

Amodio Pérez recibió a los medios tras el fallo del Tribunal. Foto. M. Bonjour
Foto: M. Bonjour

El hombre al que durante décadas se lo creyó muerto y era un perfecto desconocido para los jóvenes hoy no precisa presentación. El ex guerrillero tupamaro Héctor Amodio Pérez se encuentra desde fines de septiembre en España, donde vivió la mayor parte de su vida, intentando recomponer su vínculo familiar.

Seguramente la existencia de Amodio en la Madre Patria podría servir de insumo para otro libro autobiográfico, aunque menos vendedor que los que publicó en Uruguay desde su regreso en 2015 y que han hecho tambalear la historia "oficial" del MLN-Tupamaros.

Cuando se encontraba cumpliendo arresto domiciliario en Montevideo, Amodio le narró algo que le sucedió en 1995 al investigador Héctor Amuedo, conocido por sus trabajos sobre la fuga de los criminales de guerra nazi hacia el Río de la Plata y por haber escrito para la desaparecida revista "Dimensión Desconocida".

El día que Amodio se encontró con Amuedo, El País había publicado la historia de la búsqueda (por parte de la CIA) del criminal Joseph Mengele en Uruguay. El exguerrillero la había leído y se pusieron a conversar al respecto. Hasta que una charla llevó a la otra.

Un cuadro con presencia.

Luego de años de estar en pareja con la ex guerrillera tupamara Alicia Rey, Amodio inició una relación con una mujer española que ya tenía un hijo. Los tres viven en Madrid, donde pasaron por una experiencia paranormal que jamás olvidarán.

Cierta noche en la que Amodio se encontraba trabajando hasta tarde, recibió de su casa una llamada telefónica. Había, en ese momento, un gran corte de luz que afectaba buena parte de la ciudad. Al otro lado de la línea, Amodio pudo escuchar la nerviosa voz de su mujer que le explicaba que se encontraban a oscuras desde hacía horas. Pero su estado de exaltación se debía a otra circunstancia: ante la sorpresa e incredulidad del extupamaro, le comentó que ella y su hijo se encontraban literalmente aprisionados en un rincón de la sala, ya que cada vez que intentaban pasar por delante del sitio donde había un viejo cuadro colgado, una extraña "fuerza" o "barrera invisible" les impedía avanzar.

El cuadro (cuya imagen se reproduce a la derecha) había sido traído de la casa de campo que perteneció a la familia de la mujer. Y tiene la imagen de la abuela de esta, fallecida en 1935, durante un parto, cuando tenía 22 años.

Héctor Amodio no pudo evitar mofarse de la situación y prometió salir de inmediato hacia su casa. Al arribar, pocos minutos después, la oscuridad y el silencio eran totales. Cuando ingresó al salón principal vio a su familia en el extremo opuesto y, apenas pudiendo contener su risa, les dijo que vinieran hacia él. Le respondieron que ya lo habían intentado varias veces, pero que les era imposible. Ya un poco molesto por la situación, comenzó entonces a caminar hacia ellos. Pero al llegar a la altura del cuadro, tampoco podía avanzar.

Así lo narró Amodio ayer a El País desde Madrid: "No podía pasar, era como si hubiera un muro transparente que me impedía hacerlo. Lo mismo que sentían mi compañera y su hijo. Llegamos a la conclusión de que era por el cuadro. Y moviéndome con cuidado, como si estuviera pegado a ese muro, me dirigí hacia la pintura y la descolgué. Ahí se acabó todo".

Al amanecer del día siguiente, lo primero que hicieron fue descolgar de la pared aquel misterioso retrato familiar. Jamás pudieron averiguar cuál pudo ser la explicación de ese extraño fenómeno.

"El cuadro está en una pared ahora de esta nueva casa. Estuvo un tiempo guardado en un ropero, en un cajón (se trata de un óleo pequeño, pintado al natural, de 40 x 30 centímetros), pero cuando nos mudamos dijimos: ¿qué hacemos con esto? Y resolvimos volver a colgarlo. Lleva 12 años en el mismo lugar. Nunca más pasó algo así con la pintura, aunque en dos oportunidades se cayó sin justificación", comentó el exguerrillero.

La casa de campo.

Cuando ocurrieron los hechos, el cuadro estaba en la anterior casa de Madrid en la que vivían Amodio, su mujer y su hijo. Pero originalmente, la pintura estuvo en una antiquísima casa de campo.

La esposa de Amodio posee una propiedad en Bohoyo, un pueblo de la provincia de Ávila, de poco más de 280 habitantes. La propiedad tiene más de 500 años de antigüedad y allí el exguerrillero, su familia y amigos ya habían vivido situaciones extrañas.

"Había movimientos, sentías corrientes de aire estando todo cerrado… Bohoyo es un pueblo metido en un valle, y cuando se apaga la luz, la oscuridad es total. Sin embargo, había un espejo en el que de vez en cuando aparecía como iluminada una de sus esquinas: la superior derecha. Y en esa iluminación, se veía como una cabeza con un sombrero", recuerda.

Amodio dijo que la extraña imagen "la vieron varios", pero que nunca se animó a comentarlo "por aquello de que iban a pensar que estaba loco o sugestionado". Hasta que una vez, conversando en una playa con testigos del hecho, el tema salió a colación.

"Sexto sentido".

Amodio asegura que durante toda su vida tuvo una especie de sexto sentido para el peligro, y que eso incluso lo marcó en sus vivencias como tupamaro.

"Es como un aviso, como una sensación de hambre que te aprieta el estómago. Es una premonición que he tenido siempre y que no me ha fallado nunca. Me doy cuenta que algo me está pasando y que me afecta para mal", explica.

De todos modos, esta "advertencia" no le permite eludir los problemas o ponerse a resguardo. "Hay cosas que no podés evitar, pero yo he sabido que me iba a pasar algo jodido por ese aviso, por esa sensación. Pero no te salva, porque no sabés qué es lo que te va a pasar", concluyó el extupamaro.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)