Inseguridad ciudadana

Familiares de víctimas de delito organizadas para pedir "justicia"

Con pocos recursos, organización brinda asistencia judicial y psicológica.

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El crimen del hijo de Barrera aún sigue impune. Foto: Francisco Flores.

Graciela Barrera y Daniel Amaro se conocieron repartiendo volantes y "golpeando las puertas del Palacio Legislativo". Pedían Justicia. Sus hijos habían sido asesinados. Fueron víctimas de la inseguridad. Conmovido por la impotencia de ellos, uno de los porteros del Palacio se les acercó y les dio una idea. "Armen una organización, porque así, por separado, no los va a escuchar nadie". Y le hicieron caso. Se unieron a otra madre en la misma situación, María Luisa Martínez, y así nació la Asociación de familiares y víctimas de la delincuencia (Asfavide). Esto fue en 2012.

El hijo de Barrera, Alejandro Novo, de 30 años, fue asesinado mientras repartía pollos en la zona de Las Acacias. El de Amaro, Gustavo, era taxista y lo mataron de un tiro. Y el hijo de Martínez, Maximiliano Rossenberg, fue asesinado en la Unión mientras entregaba un pedido para la pizzería que trabajaba.

"Mi causa está impune —dice Barrera. Estoy igual que al principio. No tengo nada. Van siete años y un mes, hablo con los detectives pero no se avanza. No hay sospechosos. No hay nada. Al principio 120 personas fueron indagadas. Pero no se avanza".

Amaro, en tanto, dice que la Justicia sí dio con el asesino de su hijo. "El caso está resuelto. Era un menor que ya tenía cuatro muertes encima. Ahora mi hijo tendría 34 años. Y lo único que a uno le queda es llevarle una flor. Es muy difícil. Uno la lleva porque estamos acá, ayudando a otra gente, si no fuera por esto, ya está. Esto nos ayuda a salir adelante".

Por otro lado, lo que hizo la Justicia con el caso de Rossenberg no logra conformar a Martínez. "Mi hijo era un delivery de la Unión. En realidad era peluquero, pero se buscó un trabajo más para llevar más plata a la casa porque en ese momento tenía un hijo de un año y un mes. Lo quisieron robar y lo mataron. Fue un menor y un mayor. Pero, como pasa en este tipo de casos, el menor se hizo responsable, estuvo unos meses nada más preso, entró y salió, y ahora no sé en qué quedó. Al mayor nunca lo indagaron. Pero este es uno más de los casos que pasan todos los días y por los que, lamentablemente, sigue muriendo gente joven", cuenta ella.

Asfavide comparte unas oficinas en la calle General Flores con Mujeres de Negro. El lugar se los dio el Estado y también están exonerados del pago de agua y luz. Sin embargo, para mantenerse, para "poder ayudar a la gente", como dice Barrera, deben poner plata de su bolsillo o hacer rifas.

Han logrado avanzar, consiguieron que se les pague una pensión de 18.000 pesos a las familias que quedan desamparadas tras las muertes de uno de los miembros víctimas del delito. Y aspiran a seguir avanzando.

"Vamos a los juzgados. Ayudamos con los trámites. Contamos con tres psicólogas que trabajan con nosotros. Solo se le paga a una y las demás son honorarias. También tenemos dos abogadas honorarias. Este es un tema que nos preocupa mucho, porque en cuanto a lo legal no hay nada para las víctimas. Los delincuentes pueden tener un abogado de oficio, pero las víctimas no", precisó Barrera, que de todos modos destacó que la organización es reconocida por el Ministerio del Interior y que poco a poco van tejiendo alianzas para trabajar juntos.

"Lo que nos gustaría es cambiarnos, irnos nosotros y que vengan nuestros hijos a este mundo. Pero no podemos. Entonces tratamos de ayudar a los que pasaron por lo mismo que nosotros", concluye Barrera.

Primer paso, mejorar el factor humano.

"No es lo mismo que te pase algo como nos pasó a nosotros y que cuando te toque esperar en un juzgado o una comisaría una persona te diga: bueno, espere ahí, de malos modos; a que venga alguien y te diga: señora, espéreme cinco minutos que ya la atiendo", señala Graciela Barrera. Este es uno de los cambios que Asfavide quiere impulsar: "Un cambio cultural". Daniel Amaro, también impulsor de Asfavide, dice que "no puede ser que uno vaya a la puerta de una comisaría y que lo traten mal". "No estamos para poner palos en la rueda —sigue Barrera. Estamos para que esto funcione. Porque en definitiva son las personas las que hacen que esto funcione. Porque no cuesta nada que en vez de tanta violencia, pongamos un poco de corazón para que las cosas funcionen bien".

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