La Columna

¿Falla o montaje electoral?

Parecía un problema solucionado o al menos encauzado. Me refiero a las personas que duermen y o viven en la calle en Montevideo. Transcurridas las elecciones nacionales de noviembre comenzaron a aparecer compatriotas en casi todos los barrios de la ciudad acampando nuevamente en plazas, veredas y entradas de casas y edificios abandonados.

Pasó el verano y empezó la campaña por las elecciones departamentales. Curiosa o coincidentemente con ella, dejaron de verse en los lugares más transitados de la ciudad. Transcurrieron los comicios del 10 de mayo y como por arte de magia una cantidad sorprendente de hombres y mujeres volvió a ganar los espacios públicos. Se los ve en el Centro, en el Parque Rodó y el Parque Batlle, debajo del puente de la avenida Sarmiento, donde es justo decir, una camioneta del Mides dos veces por semana pasa y los traslada o los conmina a abandonar el lugar.

A manera de ejemplo, desde hace poco más de una semana, un hombre y una mujer, cuyas edades es difícil estimar por las marcas que el alcohol y la droga han dejado en sus rostros, armaron un campamento en un amplio espacio lindero a la terminal de ómnibus de Punta Carretas, en Bulevar Artigas y la Rambla. Es un predio amplio, cubierto por césped que está separado por un frondoso cerco del club de Golf y al frente linda con la playa de estacionamiento de los ómnibus.

También en las últimas semanas han resurgido los limpiavidrios en cruces claves de la ciudad y en esquinas en que no estaban, al menos hasta hace muy poco tiempo.

¿Qué ha sucedido en tan corto lapso? Es cierto que desde el propio gobierno se ha admitido que la economía ha entrado en un proceso de enlentecimiento. No obstante, las cifras oficiales de desempleo se mantienen en el entorno del 7 por ciento. Creo que por ese lado no va la cosa.

Una década atrás, cuando el Frente Amplio llegó al gobierno nacional y el país comenzaba a salir de la crisis económica más dramática de su historia, el paisaje de personas y familias enteras viviendo en la calle era desolador. Pasaron diez años, una bonanza económica sin precedentes y la puesta en marcha de una serie de programas sociales para atender estas y otras tantas situaciones dramáticas. Centenares de millones de dólares se volcaron para paliar el descalabro social. Podrá discutirse cómo se administró y distribuyó esa enorme cantidad de plata; pero no puede desconocerse que era imperioso hacer algo por esos compatriotas que habían quedado en la calle.

Hoy, transcurrido el tiempo y ante un nuevo gobier-no de izquierda en lo nacional y en la capital del país, uno de los síntomas más dolorosos de aquellos años en que la economía del país estalló en mil pedazos, vuelve a verse. Es evidente que algo está fallando o ha dejado de funcionar.

Me cuesta pensar que esos hombres y mujeres que deambulan y pernoctan en las calles hayan sido sacados o corridos, en los tiempos electorales para pintar una realidad que no es tal.

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