TURISMO CANNÁBICO

Extranjeros hacen "catas" en tours de marihuana en el Este

Clubes cannábicos abrieron las puertas a turistas para mostrar los cultivos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Turistas llegan a pagar US$ 250 por conocer genética y cultivo de la marihuana. Foto: AFP

Acá no se compra ni se vende marihuana: se convida. Se catan como en una degustación de vinos, algunas de las 27 variedades genéticas de cannabis que se cultivan". El que informa sobre la novedad es el emprendedor Alexander "Sasha" Hauptmann, mientras muestra las amplias instalaciones de su flamante club social a la altura del balneario La Caracola: el José Ignacio Social Club.

A tres años de la aprobación de la ley que regula el consumo y la producción de cannabis, esa legislación ha abierto un negocio de pingües ganancias. No solo allana el camino para la industria de la marihuana medicinal, sino que también atrae a los extranjeros, a través de tours cannábicos que incluyen degustaciones y catas de variedades uruguayas.

Instrumentadas por el gobierno, las dos primeras vías de acceso al cannabis mediante el autocultivo en los hogares —de hasta seis plantas— y la conformación de clubes de membresía de 15 a 45 miembros, resta ahora el expendio de la droga en farmacias.

José Ignacio Social Club es una chacra marítima de cinco hectáreas de campos quebrados, donde pastorean vacas y caballos, que también alberga en ese predio uno de los 3 clubes cannábicos y 6.057 autocultivadores que hoy se esparcen por Uruguay.

Austríaco, residente en Buenos Aires, junto con socios locales, Sasha Hauptmann impuso este verano el "turismo sensorial" para extranjeros. Copió la modalidad de los tours can-nábicos que desde hace dos años se ofrecen en Montevideo y le sumó servicios premium. No solo por la calidad orgánica de Cannabis sativa e índica que se convida en los tours. También por las actividades recreativas que ofrece la sede social: pileta, cancha de fútbol, cabalgatas, DJ, tragos de autor y platos gourmet preparados por un chef italiano.

La gran piscina del club acoge a una veintena de socios europeos, estadounidenses, argentinos, brasileños y uruguayos entregados al desprejuiciado ocio veraniego. Todos fuman la marihuana proveniente de seis plantas, que autocultiva en la sede uno de los socios uruguayos. De esa manera, los extranjeros sortean las limitaciones de la ley 19.172, que restringe el acceso al cannabis a todo aquel que no sea uruguayo. La clave radica en la acción de convidar. Y es ese atajo también el que les franquea a los extranjeros la posibilidad de interiorizarse sobre el mundo cannábico y visitar el club contiguo: un invernadero con tecnología de punta que alberga 99 plantas con 27 variedades de Cannabis sativa e índica en proceso de floración.

Por US$ 250, los tours informan sobre genéticas, métodos de cultivo indoor y outdoor, floración, secado de los cogollos (la flor) y hasta instruyen sobre cómo separar los cristales de cannabidiol (CBD, el componente no psicoactivo) y de THC (tetrahidrocannabinol, que es lo que produce el efecto narcótico) para la elaboración de aceites medicinales. Además de la explicación sobre los pasos legislativos que dio el país para la regulación del consumo y la producción de cannabis, los turistas culminan el tour con una exploración organoléptica de sabor, aroma, textura, color y anatomía de las flores. Todo un conocimiento que difunde el cultivador del club, Matías Lorenzale, un cordobés radicado en Punta del Este.

"Armamos el club para que extranjeros como yo y mis amigos pudieran venir acá a informarse sobre cannabis", dice Sa-sha. Su familia tiene desde hace diez años una patente en Holanda, Echo Pharmaceutical, con la cual producen cremas, aceites y goteros a base de CBD. "Al no ser un componente psicoactivo, y que tiene un uso medicinal muy amplio para diferentes dolencias, se lo puede extraer legalmente. Nuestro próximo paso es elaborar y exportar aceites de CBD fuera del Mercosur", cuenta Sasha, que adquirió con socios locales un predio para plantar cáñamo.

La uruguaya Camila Gian-nastasio es la secretaria del club cannábico, que cuenta con 16 socios que pagan una membresía anual de US$ 800 y el derecho de obtener 40 gramos mensuales de las 27 variedades cultivadas, que cuestan de US$ 6 a US$ 12 adicionales el gramo, dependiendo de la genética. En marzo obtendrá su primera cosecha y para entonces aspiran a aumentar a 45 socios.

"Apuntamos a la mejor calidad orgánica y a poder competir con nuestra genética en certámenes", dice Giannastasio. Lorenzale agrega: "Hacemos cruces de semillas, que nos dan una variedad de sabores que van del limón a la naranja y la canela, y aspiramos a obtener diferentes efectos: los que te pegan arriba y los más relax, como la índica".

A 30 kilómetros de allí, en La Barra, Humos del Este es uno de los clubes cannábicos organizados como asociaciones civiles sin fines de lucro aprobados por el Instituto de Regulación y Control del Cannabis. Funciona hace tres temporadas, tiene su cupo completo, una lista de espera de aspirantes y una producción anual de 21,600 kilos de marihuana en 12 variedades.

"El 40% de los miembros son mujeres y aquí se paga una cuota mensual de US$ 280 que permite retirar 40 gramos mensuales o 480 gramos anuales a cada socio", cuenta su presidenta, Carolina de los Santos.

El club, una casa cerca de la laguna de La Barra, luce como una fortaleza. Está monitoreado por cámaras de seguridad y circuito cerrado de TV, y vigilado por un californiano, Sky, que también oficia de cultivador y responde a un director técnico responsable de la producción.

"Todos los veranos —dice Carolina— tengo que adoptar una actitud de perro bulldog. Los turistas de todas las nacionalidades tocan timbre y preguntan si pueden comprar. La respuesta es siempre la misma: No, este es un club para socios. También preguntan si elaboramos aceites y me cuentan que lo necesitan para un familiar." Desde su apertura, Humos del Este recibió tres fiscalizaciones del Ircca, que revisó plantaciones, seguridad y registros de los retiros de los socios.

Oliver Cano, miembro fundador del club y promotor de los Punta High Tours, a través de una alianza con una agencia turística local, AGT, asegura que la regulación del cannabis aportó aspectos positivos para los 55.200 consumidores habituales de cannabis, según cifras oficiales. "La ley aísla a los fumadores del narcotráfico, las bocas de expendio, el trabajo esclavo y la delincuencia de toda organización criminal. Uno sabe lo que consume, sabe que tiene otra calidad que el prensado del mercado negro. Además, la ley diluye el estigma social de quien es fumador", dice.

Respecto de los tours para extranjeros, señala que las degustaciones y catas "se emparientan con el mundo del vino". Para los neófitos, supone canalizar un interés en los procesos de cultivo con semillas o esquejes con información correcta. "Hay gente que jamás vio una planta, cree que lo que se fuma es la hoja y no la flor", explica.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)