LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTON

La etiqueta

El sobrepeso y la obesidad se han transformado en un problema creciente en el Uruguay. Ya nadie puede negarlo ni hacerse el distraído. Cada vez son más los compatriotas enemistados con su balanza. 

Y cada vez son más preocupantes las cifras de uruguayos que enferman e incluso que mueren como consecuencia de enfermedades derivadas de su exceso de peso.

Las causas están claras. Los uruguayos comemos mal. Nos alimentamos entre horas, picamos lo que sea, nos morimos por unos bizcochos calentitos para acompañar el mate, no desayunamos o lo hacemos a las corridas y nos gustan los asados interminables, con mollejas y sobremesa, la pizza, los panchos con mostaza, y las papas fritas, bien fritas y saladas. A lo light, si podemos, lo evitamos. Total, el lunes empiezo la dieta. O en enero. O en algún momento.

Además, nos movemos poco. Pasamos la mayor parte del día sentados en el trabajo, sentados en el auto, sentados frente al televisor, sentados en la reposera. Sentados. Somos, en esencia, sedentarios. Por suerte, cada vez son más los uruguayos que corren o caminan a diario por la rambla, por la playa, por los parques. O que andan en bicicleta. O que van a un gimnasio aunque sea un par de veces a la semana.

Tenemos un problema. Y el gobierno del presidente Tabaré Vázquez parece decidido a atacar el tema de la mala alimentación. ¿Alguien puede decir que hace mal en encarar el problema? Sólo alguien que no mire la realidad que nos rodea y no piense en nuestros hijos y nietos. De hecho, hay también en la oposición dirigentes que han puesto el foco en este tema, como el senador Javier García, quien fue el primero en levantar la voz acerca de la necesidad de cuidar lo que nuestros niños consumían en las cantinas de escuelas y liceos.

Vázquez se dispone a estampar su firma en un decreto que va a determinar un novedoso sistema de etiquetado de alimentos, que nos va a permitir saber cuáles tienen exceso de azúcar, grasas, grasas saturadas y sal. Y digo novedoso porque, los que saben, sostienen que un sistema así no se aplica en ningún país del mundo, esencialmente porque el criterio que se propone utilizar el gobierno uruguayo no tiene base científica, porque no sigue los lineamientos del Mercosur ni los de la Organización Mundial de la Salud, y porque, de aplicarse, va a determinar que el 95% de lo que uno encuentre en una góndola tenga exceso de algo, o de más de una cosa, o de casi todo.

La industria alimenticia ha pedido ser escuchada. Y nones. La Asociación de Ingenieros de Alimentos del Uruguay advirtió que se está cometiendo un error. Y nada. Cambadu alertó sobre los riesgos de dar este paso para toda la cadena comercial y solicitó un encuentro con el presidente. Silencio. Hasta la Unión Europea comunicó por carta a Uruguay que este no es el camino para hacer lo que nadie duda que hay que hacer.

¿Por qué el apuro? ¿Alguien lo entiende? ¿Por qué hacer por decreto algo que Uruguay debiera hacer por ley, con todos los actores involucrados y con todo el sistema político alineado en lo que debe ser una política de Estado, porque compromete la salud de todos?

¿Por qué ir contra la OMS, la industria, el comercio y los expertos en nutrición? ¿Por qué?

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