LA ENTREVISTA DEL DOMINGO 

Espuelas: "No hay nada más peligroso que el concepto de paisito"

Conocido mundialmente por fundar Starmedia, el primer portal de Internet en español, Espuelas (51) es hoy socio de Mercury, una empresa con oficinas en 16 países que atiende a más de 800 clientes de gran porte.

Fernando Espuelas. Foto: Francisco Flores
Fernando Espuelas. Foto: Francisco Flores

Allí, el uruguayo vuelca su experiencia de más de tres décadas en negocios, medios y programas de corte social. Crítico de quienes “piensan chiquito” pondera a los emprendedores que salen a conquistar el mundo sin complejos.

Espuelas es referente en análisis político en Estados Unidos, defensor de los derechos de los latinos y férreo opositor del presidente Donald Trump. Sus podcasts tienen millones de visitas y se transformó en un referente de su comunidad. Ahora, asesora a políticos en Europa y hasta en Medio Oriente y sueña con aportar su granito de arena en Uruguay. Está casado con una estadounidense y tiene dos hijos. Sigue una síntesis de la entrevista que concedió a El País.

—¿En qué se reconoce uruguayo y en qué ya no?

Mi formación en Uruguay es la base de mi vida, es cómo veo al mundo. En febrero celebraremos con mi esposa 29 años de matrimonio y una de mis exigencias prenupciales fue que íbamos a volver a Uruguay. Para mí el concepto no ha sido algo romántico, sino una meta. Cada vez que vengo, veo progreso. Sé que no es parejo, pero eso me da tremendo optimismo con relación al país. Aunque creo que los uruguayos somos culturalmente pesimistas, hay desarrollo y se están haciendo cosas grandes: la visión del país es más abierta al mundo de lo que era. Uruguay siempre me parecía una especie de isla muy particular.

—¿Donde todo tardaba en llegar?

Sí. Ahora está a la vanguardia. Estoy acá gracias a una invitación de la Fundación da Vinci y lo que más me entusiasmó fue la posibilidad de encontrarme con jóvenes emprendedores, saber qué están haciendo, qué piensan. Los cerebros uruguayos sirven para proyectar a este país internacionalmente al nivel más alto. Ver esto hace ver que ser uruguayo no es una limitante. Esto me fascina y me pregunto cómo contribuir.

—¿Qué vio en las presentaciones locales?

Que no están pensando en chico, piensan en salir a conquistar el mundo, en cómo ser competitivos a nivel más alto. En inteligencia artificial, por ejemplo, vas a Londres a presentar un trabajo y a nadie le importa si sos de Uruguay o no. No te van a descontar el valor de lo que hacés por el lugar de dónde venís. La pregunta es cuáles son tus ideas, cómo funcionan; claro que importará la presentación de cada uno, la confianza que se tenga en el proyecto, pero no si viene de Uruguay o de otra parte. Estas son las cosas que me dicen que en Uruguay ha habido un salto.

—Ahora es asesor de gobiernos y políticos, ¿qué tipo de estrategias diseña?

—Yo estaba ayudando a un político al que aprecio mucho y quería apoyarlo para ser reelecto para el congreso y los asesores de ese político eran Mercury, la empresa con la que ahora me asocié. Yo no había escuchado de ellos, porque es una consultora en la que el 99% de lo que hacemos son cosas confidenciales, nunca salimos en la prensa. Tenemos más de 500 clientes, pero salen solo diez en el sitio web. Resolvemos problemas grandes para el gobierno, políticos y empresas, con estrategias que van más allá de lo que quizás puede pensar una agencia de relaciones públicas. Estoy involucrado ahora en asesorar a un Primer Ministro en Europa que tiene ciertos problemas, una elección el año que viene, problemas internacionales y nadie sabe que yo lo asesoro. Diseñé un programa de gobernación para un país en vías de desarrollo en el Medio Oriente con un esquema de inversión básico a cierto nivel, pero revolucionario para ellos; invertir en educación, en infraestructura, en destruir a los corruptos, fomentar un sistema de Justicia totalmente independiente: la fórmula clásica de cómo se desarrolla un país.

—¿En qué problemática de Uruguay se enfocaría?

—Voy a empezar por lo filosófico: yo creo que no hay nada más peligroso para Uruguay que el autoconcepto del paisito. Ese es un limitante obvio, un limitante psicológico y una excusa nacional para no lograr cosas. Ahora: hay gente con ganas, con talento. Pero la pregunta que siempre tiene que hacerse es si el sistema político-social apoya a esa gente o la invita a irse a otro país donde lo puedan hacer. Históricamente, por lo menos quizás en los últimos 40 años, la respuesta es que si querías hacer algo grande no era en el paisito. Yo no creo que haya soluciones fáciles para grandes problemas de Estado, pero soluciones hay. Creo fundamentalmente que la ideología, no importa si de derecha o izquierda, es carísima y un país como el Uruguay —con tanto potencial, con una propiedad de crecimiento ilimitado— no tiene suficientes recursos para vivir en un mundo de ideologías. Es tiempo de pensar en cuál es la mejor solución, medir los resultados, ajustar la solución.

—¿Se dedicaría a la política aquí?

—Ese es mi interés principal. Estoy dispuesto a participar en la sociedad uruguaya en el lugar en el que más puedo aportar. Si eso es traer una empresa, bien, si es participar en la política, también. No me identifico con ningún partido. Yo critico a los demócratas y a los republicanos por ineptos, no porque son de derecha o izquierda. Cuando hablo con la gente y escucho la frustración a través de los medios, creo que más allá de la camiseta de un partido la gente quiere progresar, que sus hijos tengan una mejor vida, que sea un lugar más seguro. Leí hace poco de un cambio de ley que se hizo en este país años atrás, donde no te permiten defender tu hogar. Esto se ha estudiado décadas y décadas: la base de la prosperidad de cualquier país empieza con el respeto de la propiedad privada y no hay nada más básico que la integridad de tu cuerpo y de tu hogar.

—¿Le preocupa la inseguridad?

—No vine a Uruguay para criticar a nadie, pero veo que este es un esquema fracasado. Es la primera vez que veo rejas por toda la ciudad, estaba en la casa de un amigo y siento que viven enjaulados. Vivir en la jaula cuando sos un ciudadano que paga impuestos y que trabaja todos los días, es algo totalmente irracional. Es un fracaso de gestión. Me comentaron también del caso de un policía muerto en una rapiña en una pizzería y la respuesta del Ministerio. Eso me parece que es un insulto a la inteligencia del uruguayo, eso le dice a los delincuentes de una sociedad que tienen la libertad de operar. Que se reconozca la muerte de un policía como un mal que afecta a todos los uruguayos, no es de derecha o izquierda, es lo más básico para la convivencia de un país. Ese es un problema grave, la inseguridad impacta a toda la gente, su felicidad. Entiendo que uno de los consejos que dio este ministro es que no se resistan o que no salgan a la calle después de tal hora, eso es una entrega a la delincuencia. No es lógico eso.

—¿En qué aspectos ve al país más desarrollado?

—Si uno piensa más allá de la riqueza natural de Uruguay, la principal riqueza que tenemos es el capital humano. Para que este pueda crecer y vengan empresas a invertir, hay una cantidad de condiciones previas. Si uno crea trabas para que el humano se desarrolle, es obvio que va a fracasar. Viendo los resultados que están saliendo de las escuelas públicas, que eran la joya de América Latina, y el presupuesto que es mucho más grande que antes, no tenemos un problema de recursos sino de gestión. Eso me entusiasma porque es un tema que ya vi en Los Ángeles. Una de las cosas que se aprende en el mundo del desarrollo tecnológico es que hay ajustes que se pueden hacer para mejorar las cosas, no hay que deshacer todo. Una sociedad tiene que ser equilibrada, el hecho de que haya relativamente bajos niveles de pobreza en Uruguay no quiere decir que se termina el tema ni que las soluciones que se han implementado sean las correctas. Siempre se puede mejorar, el problema es cuando los políticos se enamoran de sí mismos, de sus ideas y de la filosofía. Los esquemas tienen que incentivar la producción y el autoestima. Yo fui muy pobre, no lo hablo de forma teórica: había semanas donde no sabía si íbamos a comer y empecé a trabajar a los 11 años. Cuando terminaba la semana tenía algo para darle a mi madre y algo para mí. Eso me dio el sentido de independencia y también de capacidad. A nivel teórico en Estados Unidos hay una presión hacia la independencia económica.

"Vendimos el primer dólar de publicidad en internet".

—Con Starmedia, impulsando Internet en un portal en español, usted fue catalogado como un visionario. ¿Qué le dejó esa experiencia como emprendedor?

—Starmedia fue una de las mejores experiencias de mi vida. Me entusiasma mucho ver que esas ideas que en el 2000 eran revolucionarias en Uruguay y en América Latina ahora son realidad. Tuvimos un papel protagónico en fomentar el comienzo y a través de la bolsa de valores mostramos que era un negocio, que había apetito. También aprendí sobre mí mismo, cuando cayeron las acciones y tuve que dejar el puesto. Me responsabilizo 100% de todo, de lo bueno y lo malo. Sobre la humanidad no aprendí nada cuando iba hacia arriba, lo hice cuando iba para abajo. Soy historiador de profesión, creo que sin saberlo, imité fórmulas de comportamiento que han sido exitosas durante siglos. No empecé Starmedia con el concepto de ganar dinero. Vi a Internet como una herramienta esencial para quebrar los monopolios de poder en América Latina. Había trabajado por la región por AT&T y por Ogilvy y el tope en esos años era la política cerrada de un grupo, grupos mediáticos que controlan la realidad, una ciudadanía que tiene que aguantar y a lo sumo hablar cada cuatro o cinco años en las elecciones. Mi idea antes de pensar en un portal o en e-mail gratis, era dar acceso a la información y poder comunicarla. Nos anticipamos a las redes sociales y le llamamos comunidad en Internet. Vendimos el primer dólar de publicidad en Internet cuando nadie pensaba que se podía hacer. Hoy en día el anunciante que no está pautando en Internet posiblemente no va a existir como empresa en nada.

Cambiar la dinámica de participación de los latinos en EEUU.

Además de la veta empresarial, estuvo haciendo escuelas para padres.

Soy miembro del think tank Instituto Aspen. Allí, mi proyecto fue cambiar la dinámica de participación democrática de los latinos a través de un programa de radio. En Univisión me dieron media hora en las mañanas y a las tres semanas me dijeron que querían moverme a la tarde y me dieron una hora, luego dos, después tres. El programa tomó vuelo por criticar de forma directa sin pelos en la lengua. En Los Ángeles el 55% de la población desiste de estudiar y el 80% de los estudiantes en el sistema público son latinos. Tuvimos un tema con mi hijo que va a una escuela pública y mi esposa fue al centro educativo y le dijeron que no se preocupe. Ella sí se ocupó, leyó sobre las leyes y en una semana todo un equipo estaba evaluando a mi hijo. ¿Pero qué pasa con la señora que no habla inglés? Yo fui mi propio abogado en el sistema educativo, entonces sé luchar. Empecé a entrenar a las señoras en cómo se trata con la directora de la escuela y a utilizar las palabras mágicas: me dan una reunión o vuelvo con mi abogado. Esa amenaza cambia la dinámica de poder. Había un grupo que estaba trabajando sobre un cambio de la ley de Educación que le daría a los padres el poder de cambiar la dirección de las escuelas. Empezamos el movimiento y (…) pudimos cambiar. El impacto real es que la ley cambió pero más que nada fue un cambio en la mentalidad de los latinos.

Ahí hubo una visión empresarial de la gestión.

No lo percibí en el momento pero en un análisis posterior me di cuenta que un periodista y CEO que ha manejado cosas complejas, es una buena combinación y los políticos no estaban listos para eso.

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