Experiencia. Lo practican más de 10 escuelas de la capital y alrededores

Escuelas incorporan el yoga como actividad extracurricular

Entre 10 y 12 escuelas públicas ofrecen yoga a sus alumnos. Las clases las dictan profesoras voluntarias que tradujeron técnicas tradicionales en juegos y dinámicas de relajación que los ayudan a expresarse, serenarse y confiar más en sus compañeros.

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sáb nov 1 2014

Las mesas están contra la pared y un grupo de niños juega en el pizarrón; entran y salen del salón riendo y hablando casi a los gritos. La profesora no se altera. En el centro de la habitación, junto a un grupo de chicos en ronda, manteniendo la voz baja, indica que giren las muñecas hacia uno y otro lado y después que hagan círculos con el cuello hacia atrás y hacia adelante.

Poco a poco el salón se va quedando en silencio. Los más dispersos salen del pizarrón, se acercan y la empiezan a imitar. A veces se ponen nerviosos y se ríen pero la profesora sigue señalando distintos ejercicios de estiramiento y relajación. En un momento otra docente enciende un pequeño equipo de audio y la música llena el lugar.

La escena se da en una escuela pública de Montevideo, con una matrícula que procede en un 75% de un asentamiento cercano. Una vez por semana, llega Malia Ferrer junto a Camila Llano y Andrea Libisch y dan clases de yoga a un grupo de pequeños. "No tiene mucha continuidad porque venimos una vez por semana. Pero tratamos de ir rotando los grupos para que todos vayan teniendo la oportunidad", comentan en diálogo con El País.

Ferrer impulsa un proyecto de yoga en escuelas públicas que poco a poco va logrando más directoras e inspectoras afines y ya alcanza a unas 12 instituciones de Montevideo y departamentos cercanos. Próximamente presentarán una propuesta formal ante la ANEP para evaluar la posibilidad de generalizarlo a más escuelas del país.

"No es el yoga clásico que se hace con los adultos", aclara Ferrer, quien estudió la forma de adaptar los rituales tradicionales a la cultura uruguaya y las edades de los chicos. "No seguimos a rajatabla las posturas sino que pensamos qué actividades pueden llevar al niño a tener conciencia de su vida, del otro, del respeto, de sus emociones", explica la profesora.

El resultado es una serie de juegos y de actividades que los hacen estar en el momento concreto en el que se encuentran, no dispersarse tanto y confiar en unos y otros. Un juego, por ejemplo, puede ser conducir a un compañero que tiene los ojos cerrados hasta un lugar del salón, lo que les hace vivir una experiencia de confianza y respeto a la que no están acostumbrados.

Las técnicas de respiración también se adaptan a la etapa que estén viviendo los alumnos. Si son muy chicos pueden, por ejemplo, soplar un algodón con la nariz o tirar un globo hacia arriba, ejemplifica Ferrer. Estas dinámicas también los entretienen y los ayuda a distenderse.

CONFLICTOS.

El año pasado un niño se puso a llorar desconsoladamente a la mitad de una clase. Interrumpieron los ejercicios, llamaron a la directora y junto a la maestra descubrieron qué le pasaba: era abusado en su casa. "Fue una situación dramática pero fue bueno porque pudo salir eso que él tenía adentro desde hacía tiempo", apunta Ferrer.

La situación fue canalizada formalmente con asistentes sociales y el chico pasó de ser un niño violento, agresivo, irritable y difícil de tratar, a ser uno de los líderes de la clase, que se suelta, convoca y motiva a los demás compañeros.

Pero no todo ha sido color de rosas. La directora de otra de las escuelas donde se practica la actividad (que pidió no ser identificada por temor a la reacción de los padres) lamenta que mucha gente tenga tantos prejuicios hacia la actividad.

"Hay padres que creen que los hipnotizamos para preguntarles si venden droga o que te dicen que no les gusta que el hijo haga eso cuando la escuela es laica", cuenta con cierta pena.

Ferrer, quien organiza las Primeras jornadas de yoga en la infancia y adolescencia el INJU el 7 y 8 de noviembre, aclara que el yoga no es sinónimo de religión.

"Es una técnica laica. De hecho los antiguos hindúes no tenían dioses. Las religiones surgieron después y algunas tomaron las técnicas del yoga", señala. Básicamente se trataba de dinámicas que imitaban animales y enseñaban a respirar.

Camila Llano, una de las compañeras de Ferrer, dice que es muy gratificante ver cómo al comienzo muchos niños se resisten y después les piden que vayan a su clase.

"Hay veces que proponemos hacer un dibujo en la espalda de un compañero. Eso les hace cosquillas, pero no se dan cuenta de que se están tratando con cariño", puntualiza Llano.

En el caso de los adolescentes los ayuda a prestar atención a cómo se siente su cuerpo si toman una u otra decisión para así discernir qué camino tomar. "Les hace bien, realmente", resumen.

LAS CLAVES


¿Qué es yoga?


El yoga es una disciplina tradicional que se originó en la India y busca el bienestar físico y mental, a través de ejercicios y técnicas de respiración y concentración.

En los niños


Al dirigirla a los más pequeños se adapta a su edad en forma de juegos y dinámicas.

Beneficios


Los ayuda a expresarse más libremente con su cuerpo, a tomar conciencia de él y a relacionarse con más confianza y serenidad con compañeros.

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