ÚLTIMO SOBREVIVIENTE DE UNA FAMILIA PERSEGUIDA

Escapar del nazismo en Uruguay

Falleció Juan Spielmann, un protagonista involuntario de la Batalla del Río de la Plata.

La familia Spielmann en la calle Libertad, Pocitos. Foto: Archivo Diego Fischer
La familia Spielmann en la calle Libertad, Pocitos. Foto: Archivo Diego Fischer

Es una historia que de no haber conocido a uno de sus protagonistas me hubiera parecido una notable creación de un novelista. Fue real y sucedió a comienzos de la Segunda Guerra Mundial cuando el nazismo anexó a Austria (Anschluss) y comenzó a deportar judíos a los campos de concentración. Por entonces vivía en Viena la familia Spielmann integrada por Wilhelm (a quienes todos llamaban Willy), su mujer Sidy y dos hijos, Kurt (1919) y Hans (1923). Los Spielmann formaban un clan muy representativo de la alta burguesía vienesa de aquellos tiempos. Willy era el gerente general del banco Brüll Kallmus y, como todo austríaco, amaba incondicionalmente la música. Vivían en un cómodo apartamento en el centro de la ciudad a pocas cuadras de la Ópera de Viena. Sus hijos acudían a la escuela pública de la zona y su mujer era ama de casa.

Con el Anschluss, el ambiente se volvió tenso y hostil hacia los judíos y como una marea imparable fue contaminando a toda la sociedad austríaca. Los amigos de los Spielmann les aconsejaban que se fueran del país. Willy indignado se negaba, argumentando que "él había peleado en la Gran Guerra (1914-1918) defendiendo al imperio Austro-Húngaro".

Hans camina con su padre por la rambla de Piriápolis. Foto: Archivo Diego Fischer
Hans camina con su padre por la rambla de Piriápolis. Foto: Archivo Diego Fischer

A mediados de 1939, los Spielmann fueron desalojados de su apartamento por las fuerzas de las SS y confinados a una pequeña vivienda de una habitación, en las afueras de Viena, que debieron compartir con otra familia judía. De allí a un campo de concentración era cuestión de tiempo.

Thomas era un amigo británico de Willy que vivía en Viena. Cuando se enteró de lo que había sucedido, decidió enviarle una carta al entonces ministro de Gran Bretaña en Montevideo, Eugen Millington Drake, de quien era amigo de la juventud. En agosto de 1939, Thomas escribió:

Estimado Eugen:

Luego de un largo tiempo, retomo comunicación contigo (…). Debes sentirte afortunado de estar lejos de Europa en estos momentos en que el estallido de una nueva guerra es cuestión de semanas. Por el momento, sigo viviendo en Viena, aunque viajo con frecuencia a Londres. El clima de violencia e intolerancia en Austria es cada día más asfixiante.

Hoy mismo en Viena presencié como en pleno centro y a la luz del día arreaban como ganado a una docena de personas, supongo que judíos (…). No hay dinero ni negocio, por mejor que sea, por el cual uno tenga que ser testigo —y en cierta forma cómplice— de este régimen oprobioso. Por eso, antes de marcharme definitivamente quisiera apelar a tu reconocida generosidad y pedirte que ayudes a salir de este infierno a un querido amigo austríaco que, por ser judío, estimo que él y su familia tienen los días contados. Se llama Wilhelm Spielmann, es un hombre de una gran cultura y, antes de que la barbarie se apoderara de este país, gozaba en el ambiente financiero y empresarial de un enorme prestigio…

La carta le llegó a Millington Drake dos días antes de que se produjera la Batalla del Río de la Plata. Los conocidos sucesos que terminaron con el hundimiento del Graf Spee hicieron que la respuesta del diplomático inglés demorara. No obstante, en enero de 1940, y mediante gestiones personales ante el canciller uruguayo Alberto Guani, Drake logró que los Spielmann pudieran escaparse de Austria. El periplo está lleno de episodios que no pueden ser comprendidos exclusivamente por la razón. Lo cierto es que en abril de 1940, la familia Spielmann llegó a Montevideo.

Durante más de dos años vivieron en una casa de la calle Libertad que Drake pagó de su bolsillo y también —a lo largo de todo ese tiempo— se hizo cargo de todos los gastos de la familia; hasta que Kurt por entonces de 21 años y Juan de 18, lograron trabajo y estabilidad para mantener el hogar. Willy era un hombre grande y por más que lo intentó, no pudo encontrar trabajo. Tuvo serias dificultades para aprender a hablar el español con fluidez y abandonar su Austria natal fue un golpe que nunca pudo superar. Al terminar la guerra, de los casi veinte primos que los Spielmann tenían en Viena, solo habían sobrevivido tres. El resto había muerto en Auschwitz.

Hace cuatro años Juan me contó su historia y me autorizó a escribirla en un libro. Entendía que si ese libro se publicaba sería su homenaje y el de su familia a Millington Drake. Juan hablaba un perfecto español pero conservaba un acento alemán que nunca lo abandonó. Sentía un amor por el Uruguay como pocas veces he visto.

"Este país es una maravilla", decía y repetía. Es que el Uruguay lo recibió con los brazos abiertos. A poco de llegar consiguió trabajo en una fábrica de chocolates en Pocitos, luego trabajó en la compañía Torrendell para después hacer una carrera en una agencia de publicidad. Se casó, tuvo dos hijas que a su vez le dieron varios nietos y bisnietos. Se divorció y volvió a formar un nuevo hogar.

De tanto en tanto nos hablábamos por teléfono o nos reuníamos a tomar café. Recuerdo que en una ocasión le pregunté si creía en Dios.

—Dios es para mí Millington Drake —me dijo.

El pasado jueves Juan falleció. Tenía 94 años y hasta un par de meses antes de morir conservó su admirable vitalidad, lucidez y agradecimiento al Uruguay.

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