EL PAÍS ENSAYA RESPUESTA A TERRORISMO

Un ensayo general: despliegue de seguridad en la frontera

Con la puesta en práctica de un dispositivo de control en todo el territorio de cara a los Juegos Olímpicos, el país da un paso más en la actualización de sus protocolos de seguridad ante la amenaza terrorista, una demanda internacional de la que no es ajeno.

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Ensayo ante la amenaza terrorista. Foto: Ejército

Solamente en los últimos cuatro días se movilizaron, por lo menos, 850 efectivos militares y policiales. La gran mayoría están enfocados en los cerca de 1.000 kilómetros que dividen a Uruguay de Brasil. El motivo principal son los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, pero además se trata de un ensayo general para la puesta en práctica de una estrategia nacional contra una posible amenaza terrorista.

Entre el 5 y 21 de agosto, a unos 2.000 kilómetros de Uruguay, los Juegos concitarán la atención mundial y concentrarán a miles de personas. Es una oportunidad perfecta para grupos coordinados o "lobos solitarios" que apenas con un arma y la intención de causar daño podrían aguarle la fiesta al deporte mundial. Por eso, los ojos de todo el mundo están puestos en Río, donde esta semana la Policía Federal brasileña, alertada por el FBI, detuvo a once personas que, a través de internet, discutían las posibilidades de realizar un atentado.

Desde que Uruguay volvió a formar parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, actualizar los protocolos de seguridad para poner foco en la actividad terrorista ha sido uno de los objetivos que se planteó el gobierno. Presidencia cuenta con un borrador de proyecto de ley que pretende, según publicó Búsqueda esta semana, servir de "ley integral" contra el terrorismo. Incluye la tipificación de nuevos delitos, como la figura del combatiente terrorista, reclutamiento e incluso incitación. Además, supone niveles de alerta, como ocurre en otros países, dijo a El País el director Nacional de Policía, Mario Layera.

"Siempre hubo y siempre tuvimos protocolos. Ahora los estamos actualizando porque la situación cambió en el mundo y en la región. La tecnología que tiene la policía es mejor y eso implica modificar los planes", explicó Layera, quien agregó que el despliegue en la frontera es la "fase primaria" de un plan para todo el territorio nacional.

Un colador.

La frontera seca con Brasil es la que concentra gran parte de los esfuerzos locales por cerrar el paso a movimientos que puedan atentar contra la seguridad local y del país vecino. "Tenemos una frontera extensa con Brasil. La mayoría es terrestre y sin ningún impedimento geográfico sustantivo. Eso siempre va a dificultar el control", reconoció Layera.

Alcanza con consultar a quienes viven en la frontera para conocer los caminos de más fácil acceso al país vecino, que hasta la implementación de este despliegue tenían escaso control. Tradicionalmente, los agujeros más grandes del colador han sido Rivera, Chuy, Río Branco y Aceguá. Solamente desde Vichadero, en Rivera, por ejemplo, hay puntos vulnerables y se puede llegar a Brasil por Bagé, Dom Pedrito y Livramento. Según pudo comprobar El País, hace cerca de un año era posible cruzar la frontera a través del Chuy, en Rocha, en taxi, sin pasar por los controles migratorios ni de aduanas.

Esto sin mencionar los pocos controles que hay a los pasajeros de ómnibus en Uruguay. En Brasil, en cambio, al subir a un ómnibus intermunicipal se solicitaba, hasta antes de los operativos de seguridad por los Juegos Olímpicos, documentación para probar la identidad de quien viajaba, pero por razones de seguro. Esto quiere decir que no era necesario comprobar el ingreso legal al territorio norteño y que, si un individuo llegaba a Livramento, alcanzaba con tomarse un ómnibus a Porto Alegre o cualquier otro punto del país vecino para adentrarse sin ser identificado.

Las autoridades también planificaron un despliegue en aeropuertos y puestos de control de migraciones, hoteles, pensiones y rutas nacionales. El Ministerio del Interior anunció este viernes que ya dispuso de 400 efectivos de varias de sus unidades para la "Operación Gavilán II", que implica el fortalecimiento de la actividad en todo el país.

La operación incluye inspecciones en rutas, hoteles, pensiones de todo el territorio y un refuerzo de personal en migraciones, con funcionarios de Inteligencia, Interpol y Drogas para evitar retrasos de los vuelos en caso de que se encuentren actividades sospechosas. Asimismo, hace un tiempo el Aeropuerto de Carrasco cuenta con controles de huellas dactilares y a través de fotografías.

La Guardia Republicana será la que tendrá más movilización, ya que oficiará de "apoyo táctico" en puntos de control. Según dijo a El País Alfredo Clavijo, su director nacional, la Guardia tiene 120 efectivos comprometidos en la operación además de una guardia de "reacción" que pertenece al nivel más elevado de formación y que oficiaría en una eventual "fase sorpresa", de ser necesario. "Lo que tenemos lo llevamos todo", dijo Clavijo, quien explicó que además se distribuyeron en el interior tabletas y dispositivos de identificación digital que antes estaban concentrados en la capital.

Mientras, el Ejército movilizó a 300 de sus efectivos y equipamiento que incluye vehículos y radares hacia la frontera. Se trata de cinco camionetas con tecnología para detectar movimiento de personas desde 12 kilómetros de distancia y vehículos a partir de los 40 kilómetros.

Por su parte, la Armada sumó a otros 150 funcionarios para cubrir no solo la frontera con Brasil, sino también con Argentina. El aporte de la Armada incluye lanchas, botes rápidos y un radar que circulará en distintos puntos de la frontera, en ríos y lagunas. Fuerza Aérea se encuentra en "fase de planificación".

El énfasis de la Policía está puesto en controles que se realizarán en rutas a través de puestos fijos que funcionarán las 24 horas del día —uno para Rocha, dos en Cerro Largo, dos en Rivera y dos en Artigas. A su vez, habrá controles "sorpresivos" en caminos secundarios. Es que la frontera es casi imposible de controlar por completo.

Los retrasos en embarques llegaron a ser de dos horas. Foto: Reuters
Los retrasos en embarques llegaron a ser de dos horas. Foto: Reuters

Lobos solitarios.

En apenas unas horas, Vítor Magalhaes pasó de trabajar en el taller familiar de la periferia de San Pablo a estar detenido en una prisión de máxima seguridad por ser un supuesto terrorista, pero en su humilde barrio se niegan a creerlo. "Con seguridad voy a probar que es inocente. ¡Él no conocía a esas personas del Estado Islámico!", clamaba su madre, Rosemeire Barbosa. Magalhaes, de 23 años, está recluido en una prisión de máxima seguridad en el estado de Mato Grosso do Sul (centro-oeste de Brasil). Lo mismo ocurre con los otros nueve brasileños detenidos el jueves, de entre 20 y 40 años —a los que se agregó un hombre más que se entregó este viernes—, sospechosos de planear ataques terroristas durante los Juegos Olímpicos de Río.

En busca de una religión con la que identificarse, este joven, que vivía en una zona plagada de iglesias evangélicas, se convirtió al Islam hace seis años. En 2012, estuvo seis meses en Egipto, donde aprendió el idioma y se fotografió con una bandera vinculada al grupo Estado Islámico. Desde su vuelta de Egipto, daba clases de árabe a través de WhatsApp y Youtube, donde todavía es posible encontrar su canal llamado Vítor Abdullah.

Fue precisamente su actividad digital la que llamó la atención de los investigadores, que llegaron hasta los miembros de esta célula descrita por las autoridades como "absolutamente amateur" y "desorganizada" a través de los mensajes que intercambiaban en WhatsApp y Telegram. El contenido de sus conversaciones —en las que subían videos de ejecuciones públicas y exaltaban atentados como la masacre de Orlando—, así como el intento de uno de ellos de comprar un fusil AK-47 por internet en Paraguay, hizo que la policía considerara que coordinaban preparativos para ejecutar acciones violentas durante los Juegos.

Solo dos de los sospechosos se conocían entre sí, dijo la policía, pero el grupo se comunicaba extensamente en Internet y a través de servicios de mensajes. En comentarios a varios diarios brasileños publicados el sábado, Rafael Brum Miron, el fiscal federal que tiene el caso en el sureño estado de Paraná, dijo que el FBI había entregado un breve reporte en el que identificaba al menos a seis personas que sospechaba que eran potenciales militantes. "La información provino del FBI", declaró al diario Estado de San Pablo. "Enviaron un breve reporte: estas personas merecen investigación", agregó.

En la lista de preocupaciones que amenazan el éxito de los Juegos Olímpicos de Río hay una que viene subiendo peldaños a lo largo de los últimos meses: la de los llamados "lobos solitarios". Un hombre armado, invisible para los servicios de inteligencia, pero bajo la influencia de la ideología radical de grupos terroristas, puede hacer un desastre y es hoy en día una amenaza mucho mayor que la de un ataque planificado por el Estado Islámico u otra organización.

Según un informe de los servicios de inteligencia, publicado por la revista Veja, los atentados de gran sofisticación y complejidad logística ya no son una amenaza para Brasil; pero sí el incentivo de grupos extremistas religiosos a sus simpatizantes para que actúen por cuenta propia. "Una de las mayores preocupaciones gubernamentales está en el seguimiento de la radicalización de individuos alineados ideológicamente con el Estado Islámico", señala el texto. (Redacción, agencias, GDA)

Un proyecto nacional contra el terrorismo.

Desde febrero de este año el gobierno trabaja en un proyecto de ley que busca actualizar el marco regulatorio para hacer frente a la amenaza internacional del terrorismo. Según informó Búsqueda esta semana, Presidencia ya acordó un borrador para este proyecto, que incluye nuevos delitos por terrorismo, financiamiento de actividades terroristas y la figura de combatientes, reclutamiento, incitación y facilitación. Para el primero, las penas serían, de aprobarse el proyecto, de entre seis y 25 años de prisión.

Aeropuertos saturados por las medidas de seguridad.

Los pasajeros de vuelos nacionales en Brasil se encuentran con largas filas de espera en algunos de los principales aeropuertos. La Agencia Nacional de Aviación Civil (Anac) ha ordenado inspecciones corporales y de equipaje más rigurosas en trayectos domésticos, parecidas a las de los vuelos internacionales.

Las medidas no responden, según la agencia, al temor por posibles amenazas terroristas en los Juegos Olímpicos que Río de Janeiro acoge este mes, sino a una actualización para adecuarse a la reglas globales. Entre las medidas que desde el lunes aplica Brasil a vuelos domésticos está la posibilidad de inspecciones corporales a los viajeros (incluidos niños) realizadas por agentes del mismo sexo.

La Anac solicita que quienes planeen viajes domésticos lleguen a los aeropuertos con una hora y media o dos de adelanto.

Varios pasajeros acudieron a las redes sociales para quejarse por los tiempos de espera, de hasta dos horas, para embarcar. LA NACIÓN/GDA

Reservas canceladas, paros y caos en Río de Janeiro.

Miembros del gabinete del presidente Michel Temer creen que posiblemente la cacería al terrorismo en el país vecino en lugar de transmitir una imagen de seguridad, alimentó la idea de que Brasil es tierra de nadie, según publicó la agencia Ansa. Hace dos semanas, policías de Río de Janeiro en huelga "blanca" se concentraron en el Aeropuerto Internacional Tom Jobim con pasacalles en los que recibían a los pasajeros con la frase "Bienvenidos al infierno". Este jueves, empleados del metro hicieron lo mismo y alertaron a los visitantes que planean un paro por tiempo indeterminado por lo que no habrá transporte en los juegos.

Mientras el alcalde carioca Eduardo Paes reconoció problemas de seguridad al hablar para la cadena CNN, ministros de gobierno recordaron que ya hubo "20.000 turistas que cancelaron sus reservas" de hoteles en Río de Janeiro recientemente. Incluso fueron devueltos 50.000 pasajes de avión que habían sido comprados en meses anteriores.

La sombra de EI planea sobre Brasil antes de los Juegos.

Cuando faltan dos semanas para que comiencen los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro , el fantasma de un atentado sobrevuela con más intensidad que nunca la ciudad. La última noticia que aumentó los temores fue la declaración de lealtad de unos extremistas musulmanes brasileños al grupo jihadista Estado Islámico (EI).

Según reveló la organización de inteligencia SITE (Search for International Terrorist Entities), especializada en el monitoreo de las actividades jihadistas en Internet y las redes sociales virtuales, los hasta ahora desconocidos miembros de Ansar al-Khilafah Brasil (Seguidores del Califato en Brasil) publicaron un manifiesto en el servicio de mensajería Telegram en el que aseguran que están "dispuestos a sacrificarse para convertirse en mártires" durante los juegos.

Manifestaron su respaldo a Abu Bakr al-Baghdadi, autoproclamado líder del califato que EI pretende establecer en Irak y Siria, que se ha responsabilizado por la reciente serie de cruentos ataques en París, Bruselas, Estambul, Daca, Bagdad y Niza, y advirtieron a las autoridades brasileñas que de nada les servirá la colaboración con las fuerzas de seguridad de Francia.

"Si la policía francesa no pudo detener los ataques en Francia, la formación impartida a la policía brasileña tampoco alcanzará", señaló el grupo en uno de sus mensajes.

Para la directora ejecutiva de SITE, la experta en temas de seguridad israelí Rita Katz, es "preocupante el aumento drástico de la actividad en los canales de EI en lenguas occidentales", como el inglés, el portugués, el español y el alemán, en las últimas semanas. Ante la aparición de este presunto grupo jihadista local, las autoridades brasileñas prefirieron mantener la cautela, aunque decidieron reforzar las medidas de seguridad después del ataque en Niza con un camión, que dejó 83 muertos y cientos de heridos.

"Tenemos que tener cuidado al divulgar rumores que no tienen una veracidad comprobada", señaló el ministro de Justicia, Alexandre de Moraes, que explicó que Brasil tiene la capacidad, la tecnología y los métodos de inteligencia más modernos para el rastreo de complots terroristas.

Por primera vez en unos Juegos Olímpicos, para el evento en Río se montará en Brasilia el Centro Integrado Antiterrorismo, del que participarán agentes de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, España, Bélgica, Paraguay y Argentina. También, al igual que sucedió durante el Mundial de fútbol de 2014, se montará el Centro de Cooperación Policial Internacional, con representantes de casi todos los países que tendrán atletas en las Olimpíadas.

"No tenemos hoy la probabilidad de un atentado terrorista en los Juegos Olímpicos. La posibilidad siempre existe, como existe en todo el mundo. Es por eso que trabajamos 24 horas por día en el monitoreo, análisis e intercambio de informaciones", afirmó el ministro.

En total, unos 85.000 efectivos, 41.000 de ellos militares, integrarán el megaoperativo de seguridad para estas Olimpíadas. Unos 10.000 militares y efectivos de la Fuerza de Seguridad Nacional ya están en Río desde principios de este mes y cada día realizan simulacros y ejercicios de entrenamiento en coordinación con la policía civil y militar del Estado de Río de Janeiro y la policía federal. A comienzos de esta semana se realizaron operativos de chequeo en el aeropuerto internacional Tom Jobim/Rio Galeão, así como un impresionante desembarco de fusileros de la marina en el Aterro de Flamengo. Las autoridades de seguridad trabajan tanto con la hipótesis de un atentado terrorista como con eventuales disturbios políticos motivados por el polémico proceso de impeachment a la suspendida presidenta Dilma Rousseff, que debería acabar a fines de agosto.

A partir de la última semana de julio, llegará a Río el resto del contingente de seguridad, incluidos vehículos blindados para patrullar las principales vías de acceso a la ciudad, las instalaciones deportivas, los dos aeropuertos, los lugares de reunión más concurridos y los ingresos a las favelas. "Si necesitamos hacer una incursión en una comunidad, el uso de los vehículos mecanizados, de protección blindada, es importante", indicó el general Fernando Azevedo, coordinador general militar en Río. LA NACIÓN/GDA

El atentado que oscureció los juegos.

El ataque del viernes en el centro comercial Olympia de Múnich, Alemania, trajo a la memoria de muchos el atentado perpetrado durante los Juegos Olímpicos de 1972. A poca distancia del lugar del tiroteo, se produjo el mayor ataque terrorista sufrido por el movimiento olímpico durante los juegos.

Fue el 5 de setiembre de 1972, en pleno desarrollo de la competencia deportiva, cuando un comando de ocho terroristas palestinos irrumpió fuertemente armado en la villa de los atletas en Múnich y ocupó a la fuerza los alojamientos de los deportistas israelíes.

El luchador Joseph Romano y su entrenador Moshe Weinberg resultaron heridos al comienzo del tiroteo y debido a sus graves lesiones ambos murieron delante de sus compañeros de equipo en la Villa Olímpica.

En lugar de informar sobre los nuevos récords mundiales, los medios de comunicación tuvieron que dar cuenta de los sangrientos hechos. Mientras tanto, los secuestradores amenazaban con matar a todos los atletas israelíes, si el gobierno de Israel no liberaba hasta las 12 de ese mediodía a todos los prisioneros palestinos. En corto tiempo se pudo llegar a un acuerdo de prorrogar las negociaciones por cinco horas más, es decir hasta las 17 horas. Pero los terroristas se enteraron por la radio y la televisión de la operación de rescate que venía alistando la policía. Los terroristas pidieron entonces un helicóptero para poder huir hacia El Cairo. Posteriormente, los palestinos consiguieron que las fuerzas de seguridad alemanas accedieran y los trasladaran al cercano aeropuerto de Fürstenfeldbruck. Sin embargo, la policía tenía planeado realizar una acción para liberar a los secuestrados, pero el intento tuvo un desenlace fallido. Las autoridades no contaban con suficiente personal especializado y se instaló en los techos del aeropuerto a policías mal entrenados. Luego de dos horas, la mal preparada acción terminó en un fiasco. En el intento murieron los nueve rehenes israelíes, un policía alemán y cinco terroristas. LA NACIÓN/GDA.

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