El cerramiento de las terrazas modificó el proyecto original

Un edificio gemelo alterado por confort y la posmodernidad

Las terrazas de los edificios gemelos de la Rambla y Guayaqui tienen 27 metros cuadrados, la cuarta parte de los departamentos grandes.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Edificio contiguo alterado respecto al original.

Los más chicos alcanzan una superficie de 87 metros y por el último que se arrendó en La Goleta debe pagarse $ 36.000 mensuales, más $ 12.000 de gastos comunes.

Uno rematado no hace mucho, sin derecho a garage, y bastante venido a menos, quedó cotizado en US$ 210.000.

Los apartamentos cuentan con calefacción por radiadores comunes, tienen agua caliente central y hay servicios de portería y guardia de seguridad durante todo el día.

Quienes han cerrado las terrazas incrementaron la dimensión de sus apartamentos sin tener necesariamente que pagar más por los gastos comunes o por cualquier otro concepto.

Algo lógico esto último si se contempla el asunto desde el lado del confort. Los propietarios de una de las torres que optaron por tal solución, eliminaron el sistema de brise-soleil y colocaron grandes ventanales sobre los bordes de los balcones de la fachada.

El proceso se inició hace unos 25 años, según indicó a El País Juan Carlos Cortese, otro habitante de La Goleta que desembarcó allí en 1985.

Tiempos.

Los edificios que proyectó el arquitecto Sichero en 1951, trasuntan la bonanza de posguerra en Uruguay: amplios halls, y un gran patio con baños para ducharse en verano después de jornadas playeras.

La cantidad de cocheras también era óptima al inaugurarse los bloques: 16 garages por edificio.

"El país había estado más que floreciente y los apartamentos se vendieron como pan caliente. Pero la gente que compró era mayor de edad y les tocó a los señores morir. Quedaron las viudas con sus pensiones y todo empezó a decaer; también Uruguay comenzó a tener complicaciones en toda la época pos Luis Batlle. En los ochenta estos edificios estaban decaídos, no había ni para poner todas las lamparillas en el hall. Con el tiempo las señoras que no tenían recursos fueron vendiendo, y hasta vino gente de Estados Unidos, que no hacía cuestión en invertir. Y así volvió a reflotarse la cosa. Estos edificios son como una maqueta de la evolución y la involución de la situación económica del Uruguay", contó a El País el arquitecto José Scheps.

Pero además de los vaivenes financieros, las distintas opciones culturales quedan proyectadas por los edificios gemelos, como se observa en otros, a lo largo de toda la rambla.

"Es un lindo espectáculo mirar el último piso de los edificios. Se ve de todo, una cantidad de creaciones de los distintos propietarios, en variados estilos de todas partes del mundo. Algo que no puede construirse, por reglamentación municipal. Tendría que haber un control mayor pero nunca jamás existió. Se mira el edificio cuando se presenta el plano y después de terminada la obra; de ahí en adelante se desatiende totalmente", concluyó el arquitecto José Scheps.

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