Polémica

Una dura carta pública a Mujica por sus dichos sobre los exreclusos

Edgardo Rubianes,involucrado en el proceso de recibimiento y adaptación de los exreclusos de Guantánamo en Uruguay, escribió días atrás una carta pública a Mujica por sus dichos en Córdoba.

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Foto: EFE

Edgardo Rubianes fue una de las personas involucradas en el recibimiento de los exreclusos de Guantánamo que a fines de 2014 llegaron a Uruguay. Fue, además, presidente y vicepresidente de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) entre los años 2007 y 2011, así como también integrante del Equipo Operativo asesor del Gabinete Ministerial de la Innovación entre 2005-2011.

Rubianes hizo pública una carta al expresidente Mujica, recogida hoy por el sitio Uypress.

En la misma, critica los dichos del Mujica, quien la semana pasada dijo en Córdoba que "para venderle unos kilos de naranjas a Estados Unidos me tuve que bancar a cinco locos de Guantánamo".

Y sostiene que ahora el expresidente está tirando "todo por la borda y lo reducís a un mero trueque comercial".

"Le estás dando la razón a los que decían que era hacerle el trabajo sucio al imperialismo. ¿Lo hicimos a cambio de unos kilos de naranjas? Le estas dando la razón también, a los que en la otra punta, sostienen que todo tiene un precio. No, no es así. Me niego que sea así", señala.


La carta completa: 

Ni por un millón de containers

Mirá Pepe, escuché lo que dijiste sobre los de Guantánamo y me vino el recuerdo de cuando el Cnel. Washington Varela, Jefe de Policía de la época, nos miró indignado y dijo: "Me mostraron estas fotos y no podía creer. Esperé dos días para citarlos. Piden permiso para un festival de canto popular y me hacen esto" y las blandía.

Se refería a que en las gradas del Palacio Peñarol desplegamos durante el recital, 9 gigantescas pancartas pidiendo la libertad de cada uno de los rehenes. La tuya y la de los otros ocho. Había sido el objetivo central de esa semana de DDHH en Abril de 1984 organizada por ASCEEP y otras organizaciones: lograr que la situación de los rehenes si hiciera pública en el país y fueran trasladados a la cárcel de Libertad junto a los otros presos políticos. Los 6 o 7 citados nos miramos en silencio, convencidos por dentro de lo actuado y hasta alguno atinó una pequeña respuesta. "No saben quiénes son esos asesinos" replicó tajantemente.

"Bueno, la mayoría de ustedes no lo saben" agregó, y sentí que sus ojos se enfocaban en mí provocándome un sudor frío. Y sí, cuando vos caíste por última vez la mayoría de los presentes ni siquiera eran adolescentes. Yo, por el contrario y seguramente el coronel algo sabía, ya andaba ese año denunciando torturas y abrazando utopías que vos mismo empujaste. Pocas semanas después, en el congreso de estudiantes suecos en el cuál representaba a ASCEEP, el primer ministro sueco Olof Palme, luego de hablar de Seregni y Wilson, me preguntó que sabía de Sendic y los demás rehenes. Contesté orgulloso que recientemente habíamos logrado que los trasladasen a todos a Libertad junto a los demás presos. No fue necesario explicar más nada. Palme sabía lo que eso significaba para las condiciones de vida de cada uno de ustedes.

Por eso cuando trascendió la noticia que Uruguay podría ser receptor de presos de Guantánamo y que vos como Presidente estabas trabajando en ello, me alegré. Me pareció algo muy coherente con el Uruguay, con la izquierda uruguaya y con vos mismo. Y mucho más aún cuando explicaste lo repudiable que era la situación que cientos de seres humanos estaban viviendo en ese infierno ilegal sin procesos ni derechos respetados por años y sin dejar de nombrar a los responsables de ello. Era posible ser solidario, sin dejar de denunciar, y más allá de la convergencia coyuntural con el gendarme mundial. Donde pude defendí que la propuesta era no solo solidaria sino profundamente ideológica, hablaba de una postura inteligente en la acción con mantenimiento de principios básicos. Pero ahora... lo tiras todo por la borda y lo reducís a un mero trueque comercial. Le estás dando la razón a los que decían que era hacerle el trabajo sucio al imperialismo. ¿Lo hicimos a cambio de unos kilos de naranjas? Le estas dando la razón también, a los que en la otra punta, sostienen que todo tiene un precio. No, no es así. Me niego que sea así. En el 84 no cambiábamos la denuncia de situación de los DDHH por nada. Públicamente cuando se podía ganar espacios, clandestinamente cuando no. Para muchos uruguayos, quizás no seamos la mayoría, es así. Nos sentimos solidarios. Apoyamos la iniciativa y en consecuencia la defendimos por algo más profundo. Nos sentimos verticales siéndolos en la práctica. Nos contactamos con lo mejor de nosotros mismos. Trasponemos las capas del personaje que de algún modo cada uno es, por construcción propia y/o de los otros. Esas capas que siento te están matando la persona, que a veces afloraba y que ahora parece yacer sepultada por tanta pintura. Y eso da una profunda tristeza. Qué querés que te diga.

Edgardo Rubianes

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