LA PALABRA DE LA PROTAGONISTA

El dramático relato de la rehén

“Le pedía por favor que me sacara el arma de la cabeza”, narró la joven empleada a El País.

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Máxima tensión: la rápida intervención policial evitó lo peor. Foto: M. Bonjour

Eran las 19:50 del miércoles 5 de junio cuando dos delincuentes, un adulto y un menor de edad, ingresaron al Devoto Express de Rivera y Luis Alberto de Herrera. La joven C.P., de 21 años, era una de las encargadas del supermercado y terminó convertida en rehén.

"Llegaron como dos clientes normales, a cara descubierta, y me preguntaron si podían entrar con la mochila. Les dije que sí y continué atendiendo a los clientes", narró a El País la joven que prefirió mantener su identidad en el anonimato.

Pocos segundos después, uno de ellos se le acercó, la apuntó con un arma de fuego y le dijo: "esto es un asalto, dame todo el dinero".

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"Quedé shockeada, pero le di la plata de la caja", contó. Antes de que llegara la policía, el menor de edad acorraló en uno de los depósitos a una veintena de clientes que se encontraban a esa hora en el local y al otro encargado, y les robó sus pertenencias. "Pulserita que tenían los clientes, pulserita que el menor se la sacaba y metía dentro de la mochila. Al igual que los teléfonos y las billeteras", explicó la joven.

Dos minutos después llegó la policía y rodeó el supermercado. Fue entonces que los dos rapiñeros decidieron los pasos siguientes.

—Vo, ñery, están los ratis afuera —dijo el mayor.

—Yo no tengo nada, no tengo arma ni nada robado

—Bueno, entonces salí.

El joven salió caminando por la puerta, le dijo a la policía que era un cliente y lo dejaron irse. El menor logró tomar un taxi pero a las pocas cuadras le avisaron al conductor que el pasajero era uno de los rapiñeros del súper.

"El tachero trancó las puertas, se mantuvo unos segundos quieto por si el menor estaba armado y se quedó esperando a que llegara la policía. Durante ese rato, el joven se le puso a llorar y le dijo que no tenía nada que ver, que lo llevara al Cerro. Hasta que llegaron los policías y lo detuvieron", contó la encargada.

Mientras tanto, en el interior del local, el rapiñero que había quedado la agarró de rehén. "Vos sos mi libertad", le dijo.

"Le di la plata del cofre porque me amenazó con que si no se la daba me mataba ahí mismo. Le dije que se tranquilizara, que yo estaba haciendo todo lo que me pedía. Me robó también el teléfono pero le pedí que me lo diera porque tenía un montón de cosas importantes, fotos de mi nena que tiene 11 meses. Me contestó que el teléfono no me lo podía dar pero que la memoria y el chip sí, y acepté. Lo mismo pasó con la billetera: me robó toda la plata pero le pedí que me dejara los documentos y lo hizo", contó. Luego la agarró por el cuello, le apuntó con el arma a la cabeza y salieron al exterior del supermercado.

"Todo el tiempo repetía: si me tiran a mí yo la mato a ella. Yo no tenía ninguna posibilidad de movimiento. Me tenía prácticamente ahorcada con el brazo y me apuntaba con el arma en todo momento. Me llevó casi a rastras hasta la esquina porque pretendía que corriera con él pero me caí y me arrastró por lo menos un metro. Me quedó un hematoma en la rodilla y también una marca en el cuello", contó.

Dijo que él estaba decidido a todo si no lo dejaban acercarse al vehículo.

"O lo dejaban irse o me daba un tiro ahí", recordó. "Lo único que pensaba en ese momento era en mi bebé. Incluso le pedí a los oficiales que bajaran las armas, que lo dejaran escapar. Yo solo quería volver a casa con mi hija. A él le dije que lo acompañaba hasta el auto, le cerraba la puerta y lo dejaba irse, pero que por favor me sacara el arma de la cabeza. Él repetía: vos sos mi libertad, vos sos mi libertad. Si a mí me lastiman yo te lastimo. Esto es así, es cortito".

"Cuando nos acercamos al auto, por detrás se arrimó un policía que le dijo que me soltara o lo mataba, y ahí yo atiné a agacharme. El delincuente gatilló el arma y la bala me rozó la cabeza porque sentí un vientito. Alguien me agarró del brazo y me llevó corriendo hasta detrás de un árbol; me dijo que me quedara quieta ahí por miedo a que hubiera más disparos".

Cuando la policía logró capturar al delincuente, la joven fue trasladada al Hospital de Clínicas. En tanto, ayer debió presentarse en el juzgado a declarar y a reconocer al rapiñero.

"Estuve desde las 9 de la mañana hasta las 2 de la tarde. En la noche que sucedió todo no pude dormir, cada vez que cerraba los ojos se me venían imágenes de lo que pasó. Fue como una película. Ahora estoy más tranquila", concluyó.

Procesados.

En la noche de ayer, el juez Tabaré Erramuspe procesó con prisión al adulto —que ya contaba con ocho antecedentes penales—, por un delito de copamiento en grado de tentativa y un delito de rapiña en reiteración real.

El magistrado hizo lugar al pedido de la fiscal Silvia Porteiro. El copamiento es una figura legal que incluye la privación de libertad, explicó Erramuspe.

Para el menor de 17 años, que posee varias anotaciones policiales, el juez de adolescentes dispuso su internación en el Inisa y el inició de un proceso infraccional como presunto autor de dos infracciones gravísimas de rapiña en reiteración real, una en grado de tentativa. (Producción: Pablo Melgar)

Álvaro García, o el arte de la negociación.

Álvaro García. Foto: Marcelo Bonjour
Álvaro García. Foto: Marcelo Bonjour

El jefe de patrullaje de la zona II, Álvaro García, tiene por costumbre —aunque esté en su casa— escuchar la radio policial por si llega a ocurrir algún incidente. Eso fue lo que sucedió la noche del miércoles.

"Cerca de las 20:00 escuché la comunicación por el 911 de que estaba ocurriendo una rapiña en un local de Devoto. Decidí ir hasta allí en el auto que tengo asignado por mi trabajo. Una vez que llegué al lugar el rapiñero ya había tomado de rehén a la muchacha. Al dialogar con la mesa de radio me designaron como único responsable en el lugar ", contó García a El País. Lo primero que hizo fue intentar despejar la zona y replegar un poco la presencia policial para comenzar con la negociación. "Luego intenté captar la atención del individuo y le dije que soltara a la chica. Ante su negativa, empecé a ver cuáles eran los siguientes pasos a dar ya que él tenía en todo momento encañonada con el arma a la muchacha. Eso nos acotaba muchísimo cualquier alternativa de acción, por el riesgo que corría la vida de la chica en caso de que pensáramos en abatirlo", explicó.

El rapiñero exigió un taxi para escapar, pero el negociador se negó. No estaba dispuesto a poner la vida de otra persona en riesgo. "Lo intenté persuadir y le ofrecí mi auto a cambio de la chica. Él aceptó. Mandé a un agente que se lo trajera porque yo no podía perder la conversación que estaba manteniendo con el individuo. Lo estacionaron cerca de donde estaba él, con las puertas abiertas. Le pedí que me entregara a la joven ya que yo había cumplido con la parte del trato. Él me dijo que no, que iba a caminar hasta el auto y una vez allí la iba a soltar. Se dirigió a la puerta trasera del lado del acompañante. Mi intención era que su atención se mantuviera enfocada en mí y ese creo que fue el comienzo del fin para él, ya que continuó hablando conmigo y no se percató que por detrás se le acercaron dos policías que lograron reducirlo", contó.

García había realizado hace tres años un curso de negociador en la Dirección Nacional de la Educación Policial y el miércoles fue la primera vez que le tocó poner en práctica sus conocimientos para intervenir en la liberación de un rehén.

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