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Último día: despedidas con abrazos y lágrimas

Ayer el ambiente no era otro que de tristeza, desazón y angustia. Se palpaba en los pasillos fríos de Fripur cada vez que un trabajador intercambiaba miradas y palabras con otro.

Mujeres (gran parte del personal de la empresa) abrazadas entre sí, algunas incluso con lágrimas de por medio. Muchos inmigrantes, africanos, cubanos, centroamericanos trataban de entender qué era lo que estaba pasando, apenas hilvanaban algunas palabras. Por momentos hubo un ruido ensordecedor a causa de la pirotecnia que era tirada por un grupo de jóvenes desde la mitad de la calle apuntando directamente al cielo.

En un pequeño camión, que montaba un parlante y un micrófono se hacían paso los trabajadores que estaban directamente vinculados al sindicato de la pesca, donde se dispusieron a brindar palabras de aliento "para continuar una ocupación que sea por el bien de todas las familias que se quedaron sin sus ingresos".

En todo este tumulto de gente, que serían unas 100 personas aproximadamente, El País pudo dar con la historia de vida de Rita Olivera y Alfredo Cor, dos empleados de Fripur que se conocieron allí, se casaron y formaron su familia.

Rita, según contó, pasó gran parte de su vida en Fripur, donde conoció a su actual marido. Ambos, trabajando para la misma empresa, vieron nacer a sus hijos, llevaron el sustento diario de la familia y acumularon cientos de historias que perduran en sus recuerdos.

Visiblemente consternada, con cara triste, los ojos llorosos y una mirada tímida, Rita contó a El País que no sabe qué hacer. "Fijate que yo críe a mis hijos trabajando en esta empresa, me casé, pasé de todo acá. Todo lo que tengo ahora es lo que construí en base al trabajo en Fripur y ahora con 51 años voy a tener que salir a buscar trabajo de lo que sea, no sé dónde caeré", sentenció la mujer.

Además, Rita también relató que "al ser los dos (su marido y ella) quienes trabajábamos acá, imaginate la situación en nuestra casa, que nuestros hijos ya criados vean a sus padres desempleados, eso es terrible y muy triste para todos".

Alfredo Cor, entrevistado por El País también describió una situación similar, de amargura pero agregó cómo se trabajaba antes en la empresa. "En su momento esto era impresionante, era la empresa de mayor exportación del Uruguay, era una locura lo que se trabajaba, hacíamos horas extras y trabajábamos hasta 12 horas por día. Había trabajo permanente", aseguró, mientras miraba a otro compañero que se encontraba más lejos y retocaba, quizá por última vez en su vida, la maquinaria de la planta.

Fue una situación generalizada, todos los trabajadores iban para el mismo lado, apuntaban a la mala gestión empresarial y al "despilfarro de plata en otros proyectos", que según contaron "todo el mundo sabía que la plata del Banco República iba a otro lado".

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