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Desborde de combustible en depósito de la IMM

Vecinos linderos al galpón que está abandonado temen por incendios y posible contaminación ambiental.

En espera: el fuel oil aflora del tanque subterráneo cada vez que llueve. Foto: A. Colmegna
En espera: el fuel oil aflora del tanque subterráneo cada vez que llueve. Foto: A. Colmegna
En espera: el fuel oil aflora del tanque subterráneo cada vez que llueve. Foto: A. Colmegna
En espera: el fuel oil aflora del tanque subterráneo cada vez que llueve. Foto: A. Colmegna
En espera: el fuel oil aflora del tanque subterráneo cada vez que llueve. Foto: A. Colmegna
En espera: el fuel oil aflora del tanque subterráneo cada vez que llueve. Foto: A. Colmegna
En espera: el fuel oil aflora del tanque subterráneo cada vez que llueve. Foto: A. Colmegna
En espera: el fuel oil aflora del tanque subterráneo cada vez que llueve. Foto: A. Colmegna
En espera: el fuel oil aflora del tanque subterráneo cada vez que llueve. Foto: A. Colmegna
En espera: el fuel oil aflora del tanque subterráneo cada vez que llueve. Foto: A. Colmegna

La Intendencia de Montevideo desocupó una edificación de su propiedad, que últimamente usaba como depósito de las carpas empleadas en eventos culturales, pero olvidó vaciar el tanque subterráneo de fuel oil.

Este combustible parece estar allí desde que el galpón, ubicado en la calle Dionisio López, a unos cien metros de Avenida Italia, era un lavadero municipal. Cuando llueve, la filtración de agua hace que el tanque se desborde y afloren los residuos de petróleo, hecho que tiene en alerta a los vecinos, afectados por el mal olor y temerosos ante el riesgo de incendio y la contaminación.

Debido a la caída que tiene el piso del corredor a donde ingresaban los camiones, el líquido viscoso llegó a descender como un torrente hasta invadir la vereda y la calle. La denuncia de eso, planteada en septiembre del año pasado, movilizó a los bomberos, que terminaron volcando arena fuera del galpón para cortar la circulación del fuel oil.

Después hubo otros dos pedidos de intervención de los bomberos, quienes asistieron al lugar para medir el índice de toxicidad del combustible y concluir que los valores eran bajos y no representaban una amenaza sanitaria grave. En la tercera presencia los bomberos volvieron a derramar arena pero dentro del local.

Elena Hernández, residente en una vivienda lindera, dijo a El País que la última respuesta de los bomberos fue que no podían hacer más nada, que la solución estaba en manos de la Intendencia. Entonces los vecinos concurrieron al Comunal 6 en donde se les indicó que las quejas debían realizarse en el propio edificio de la Intendencia, en el área de Cultura.

Hacia allí se dirigieron en dos ocasiones hasta lograr que se abriera un expediente. Ya transcurrieron dos meses y solo se hizo presente un camión barométrico con personal que desistió, argumentando que Ancap debería encargarse de la absorción del combustible.

Entre llamadas y papeleos, la Intendencia puso en remate el inmueble, con una base de US$500.000, pero no aparecieron interesados.

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