UN MAL QUE SE EXPANDE.

El delito asedia a balnearios tradicionales de Canelones

Venden casas en zonas costeras, antes tranquilas, ante avance de la delincuencia.

Una ola de asaltos y un homicidio en el balneario San Luis movilizaron a la Policía. Foto: F. Flores
Una ola de asaltos y un homicidio en el balneario San Luis movilizaron a la Policía. Foto: F. Flores

El sueño de llegar a la jubilación y pasar los últimos años de vida en un sitio tranquilo va perdiendo terreno. La paz tradicional de los balnearios de Canelones ya es historia. La delincuencia se aprovecha del escaso patrullaje y arrasa con todo lo que encuentra.

Como si no alcanzara con los propios, los ladrones de otras zonas avanzan sobre las casas de playa tras ser expulsados de las urbes más pobladas. Ya hay familias que se disponen a vender sus casas por miedo a la violencia, tal como constató El País en una recorrida por la costa canaria.

Sandra tiene los ojos hinchados de tanto llorar. Es jueves y los niños de la escuela del balneario San Luis están saliendo. Algunos pasan por el comercio de la mujer y compran golosinas. Los adultos compran comida o hacen alguna jugada de quiniela.

Hace una semana, el 3 de noviembre, un hombre fue asesinado en horas del mediodía en la puerta de su negocio. Sandra estaba acompañando a su cuñada y a un hombre que vive de trasladar la recaudación de la quiniela en esa zona de Canelones.

Dos delincuentes en moto rapiñaron a la mujer y el hombre recibió un tiro. Los asaltantes cubrieron su huida disparando al aire, las madres se tiraban encima de sus hijos para cubrirlos, a la salida de la escuela.

La Policía detuvo a los dos hombres responsables del crimen y a una mujer que había entregado la rapiña. Los tres están presos.

Queda el miedo. "Nos queremos ir de acá pero no podemos, vivimos de esto", aseguró Sandra a El País. "Vivo perseguida y tengo miedo. Ahora tenemos dos policías en la esquina pero se van a ir y volveremos a estar solos", dijo.

La quiniela es una parte muy importante de la recaudación del pequeño negocio. Se seguirá jugando aunque la rapiña y el crimen obligaron a cambiar las rutinas.

"Tuvimos que cambiar el sistema, no le puedo decir qué cambiamos, por razones de seguridad, pero todo es distinto", dijo Sandra.

A una cuadra del almacén dos efectivos policiales están apostados en la esquina. Pertenecen a Radio Patrulla de Canelones. Están en la zona desde que ocurrió el homicidio.

Hasta hace tres días estaban hasta la hora 20:00 y volvían a la base. El plan cambió cuando un comercio de la zona fue asaltado a las 20:05. Ahora se quedan más tiempo, según confirmaron fuentes policiales. Nadie sabe hasta cuándo mantendrán la guardia, pero estarán en el lugar "por mucho tiempo".

Tres asaltos.

Nibia, la cajera del supermercado "La Estancia", ubicado a pocas cuadras del lugar donde ocurrió el asesinato, asegura que la inseguridad en la zona comenzó hace 6 o 7 años. Antes San Luis era un balneario familiar de gente conocida donde nunca pasaba nada. Ella misma soportó tres asaltos a mano armada, uno de ellos ocurrió el día anterior al crimen. Además, le robaron una moto que había estacionado frente al comercio.

La cajera trabaja en el mismo lugar desde hace 13 años y conoce a todos sus clientes. Muchos de ellos les cuentan las andanzas de los delincuentes en la zona.

"Aquí las casas no tienen objetos de valor, no se pueden llevar más que una garrafa, aún así siguen robando. Hay gente de esa clase que tiene que venir desde Montevideo. Los vecinos están hartos. Sé que hay gente que puso en venta su casa de toda la vida, vi que hay en oferta más de cincuenta", contó.

Estela Priore y Rodolfo Pedocchi son una pareja de agrónomos recientemente jubilados. Desde hace 34 años tienen casa en San Luis. Soñaban un retiro en paz en su balneario preferido. "Hasta hace dos años mi casa no tenía alambres ni rejas. En 2015 rompieron el parabrisas de nuestro coche de una pedrada, después robaron un celular de la cocina estando nosotros. Entonces alambramos", narró Estela.

Más allá del valor del hurto y del daño, sintieron que se había terminado la tranquilidad que durante años habían soñado para su retiro. Alarmados por la situación, los vecinos del balneario resolvieron retomar la abandonada Liga de Fomento de San Luis (fundada en el año 1956) para tener una forma legal que les permitiera presentarse ante las autoridades. Estela fue nombrada presidenta.

En la noche del miércoles 8 llamaron a asamblea para evaluar las acciones a tomar luego del crimen del 3 de noviembre. "Estamos defendiendo un estilo de vida, no queremos estar en la crónica roja. No queremos sentir vergüenza de vivir en San Luis", afirmó la presidenta.

El Ministerio del Interior envió un asesor del ministro a la asamblea. Prometió colocar cámaras en la entrada del balneario. Rodolfo apunta que el problema es la falta de personal policial. "Son los mismos que cuando vivían 500 personas en el balneario, ahora somos cerca de 4.000", indicó.

Salida escolar: frente a la escuela ocurrió asesinato cuadro madres recogían a los niños. Foto: F. Flores
Salida escolar: frente a la escuela ocurrió asesinato cuadro madres recogían a los niños. Foto: F. Flores

La mayor parte de la población está conformada por jubilados, también hay jóvenes que se desplazan todos los días a trabajar o estudiar a Montevideo y una pequeña colonia de pescadores. La asamblea del miércoles, de la que participaron más de 150 personas, mostró una población "shockeada" por los últimos incidentes.

"La gente quiere que se instale una comisaría y que venga la Guardia Republicana", dijo Estela.

El grupo de élite de la Policía se instaló en el cercano balneario de Salinas desde el comienzo del año 2016. Venían ocurriendo problemas de seguridad y la Policía de Canelones solicitó apoyo al regimiento. La Republicana realizó patrullajes y operativos preventivos hasta pacificar la zona.

Además, los vecinos plantean que se incremente la coordinación con la Prefectura porque los delincuentes "se escapan por la playa".

Estela y la directiva de la Liga se comunicaron con el Ministerio de Turismo con el objetivo de que se tenga en cuenta al balneario para la agenda de verano. Con ese objetivo, la institución se encuentra recuperando sus instalaciones sociales y deportivas. Ya lograron levantar un viejo cine que estaba abandonado y dos canchas. Entienden que si mejora el turismo el balneario se desarrollará y conseguirá mejores servicios, entre ellos la seguridad.

Inquietud por un fenómeno que se está contagiando.

A comienzos de los años 60, San Luis era una tranquila población en la costa de Canelones, situada a la altura del km 63 de la Ruta Interbalnearia. Hoy forma parte del municipio de La Floresta y, al igual que este tradicional balneario, está sufriendo el acoso de una forma de delincuencia que se ha instalado en el país.

En los años 60, San Luis contaba con poco menos de 400 residentes. Hoy llegan a 4.000 las personas con casa en el lugar. El reciente suceso violento que derivó en el homicidio de un trabajador en el marco de una rapiña sacó a luz una situación que está generando gran preocupación entre los pobladores. En los últimos tiempos han visto aumentar los robos a viviendas y las rapiñas a comercios como no ocurría diez años atrás. Los hechos han movilizado a la Policía y al Ministerio del Interior.

LA FLORESTA

"Cuando no hay gente, la seguridad es relativa".

La Floresta es uno de los balnearios más tradicionales de Canelones. Desde la década de 1930 marcó a fuego la historia de las vacaciones de los uruguayos.

El empresario Julio Scópice hace más de 70 años que trabaja en la zona. Primero instaló una inmobiliaria y luego una empresa de alarmas con monitoreo que opera en La Floresta y los alrededores. "Hemos visto un cambio enorme desde la época en que la Policía patrullaba a caballo", recordó.

La experiencia lo llevó a conocer el comportamiento de los delincuentes. "Saben que tienen tres minutos para llevarse lo que puedan, hasta que llegue la respuesta. Andan atrás de garrafas y plasmas", aseguró.

Por las características del balneario, la mayor parte del año el lugar tiene poca población. "Cuando no hay gente en las casas la seguridad es relativa, es algo complicado. Se dice que es la muchachada de la zona pero también vienen de otros lugares. Cuando caen presos se pasan datos entre ellos", señaló Scópice. Así como los vecinos forman redes de contactos para alertarse ante la presencia de posibles ladrones, los delincuentes realizan tareas de investigación en la zona. "Durante el verano cambia la modalidad de robos, entran por los fondos y roban lo que encuentren cuando la gente está en la playa. Antes, pasan en bicicleta, estudiando los movimientos", dijo el empresario.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)