Fue ordenado hace dos años y hoy está a cargo de la pastoral castrense

Dejó el uniforme de coronel para vestir la sotana de cura

En el año 2007 Genaro Lusararian era un coronel y ocupaba un lugar en el comando general del Ejército. Un día se reunió con el comandante Jorge Rosales y le dijo que dejaba la fuerza para tomar los hábitos.

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Hace dos años fue ordenado por el rito armenio, sus misas son celebradas en krapar.

Con casi 50 años de edad se hizo sacerdote bajo el rito armenio, una rama de la Iglesia Católica que celebra la misa como hace 15 siglos.

La Iglesia Católica lo nombró capellán de la capilla del Hospital Militar, un cargo que lo pone como el único sacerdote vinculado directamente a la vida castrense. Hace dos años que es cura, usa sotana. De lunes a viernes celebra misa en castellano y los domingos en krapar, una variedad litúrgica del idioma armenio.

—¿Cuánto hace que se definió por la vida religiosa?

—Me decidí allá a fines del 2007, hace dos años y poco que soy sacerdote. Pero en 1985 me reencontré con Cristo y me fui enamorando de Dios y su Iglesia. En 2004 comencé a sentir el llamado de Dios. Dije en el Ejército que me mandasen a donde quisieran para alejarme un poco del entorno familiar y las amistades. Y me mandaron a Haití, estuve un año como jefe del estado mayor del Batallón. Hasta ahí era un militar que disfrutaba de su profesión.

—Pasó de mandar sobre cientos de hombres armados a buscar la salvación de las almas.

—En la vida militar hay una disciplina que también hay en la Iglesia, donde hay un orden, Dios todo lo creó jerárquico, ordenado, de lo contrario sería un caos. Me siento dichoso de hacer esto.

—¿Alguna vez pensó en formar una familia?

—Sí, estuve ennoviado, creí que me iba a consagrar al matrimonio pero con el tiempo me di cuenta de que Dios tenía otra cosa preparada.

—¿Se retiró del Ejército cuando ya no tenía posibilidades de ascender?

—No, me retiré con 45 años, podría haber estado hasta los 55. Era un paso importante dejar la vida militar y quería estar seguro. Amo a Dios y a su Iglesia pero también amo la vida militar desde chiquito, mi padre también era militar y esto me maravilló desde niño.

—Por definición, las armas están consagradas a la destrucción y la fe a generar esperanza en las personas. ¿Cómo se conjugan esas cosas?

—Las armas se pueden usar para atacar o para defender. Tengo el derecho y hasta la obligación de defender lo mío. Los ejércitos son la autodefensa de la nación, nación creada por Dios. Perfectamente un militar puede ser cristiano y un cristiano puede ser militar. Me dicen que di un giro de 180 grados y no es así. Yo entré al Ejército para servir, para defender lo mío, mi patria, mis tradiciones, la paz y mi familia, eso es algo muy cristiano. La familia y la patria son una parte importante en el plan de Dios. Hay mucho más en común de lo que parece. Una cosa es buscar la paz y otra cosa es el pacifismo, eso de dejar todo de lado para no chocar con nadie, pero después el mal avanza. La función de las Fuerzas Armadas es poner un freno al mal.

—¿En términos éticos, para un militar, no hay pecado en matar a otra persona?

—No, al contrario. El cristiano tiene hasta la obligación de defender su patria, su familia.

—¿Cómo es ser militar y sacerdote en un país agnóstico?

—Reina el laicismo, pero hay mucha más fe de lo que se supone. La gente vive su fe de manera íntima, a veces hasta fuera de la familia. La gente está convencida de que es eso lo que la Constitución pide, pero en realidad lo que dice es que el Estado no tiene religión alguna, hay libertad. Nos hemos acostumbrado a vivir sin Dios, pero hay necesidad de Dios. No puedo ser capellán del Ejército o del Hospital Militar, soy capellán de la capilla del Hospital.

—¿Ha tenido problemas en el Ejército por su fe?

—No, a veces hay preguntas, alguna cachada, como le pasa a cualquier cristiano. Todos sabían que trataba de vivir mi vida coherentemente con mi fe.

—Que el comandante del Ejército, general Guido Manini Ríos, sea católico, ayuda.

—Sí, es una satisfacción. Además de todas las cualidades que lo adornan, es católico practicante y es un amigo. Es un conocedor de las necesidades espirituales del personal, eso ayuda mucho.

—A su capilla vienen muchos militares.

—Sí, he vivido muchas cosas con ellos, sé lo que pasan, lo que sufren.

—¿Concurre a la cárcel de Domingo Arena?

—Sin dudas, todos los miércoles celebro misa y los jueves voy a Coraceros. También celebro misa en la habitación de algunos de ellos que están en el Hospital Militar. Hay mucha más fe de la que creemos. A mí me ha dado alegría ver el bien que les hace Jesucristo en la Eucaristía, es una gran alegría para ellos. Es un aliciente, con alegría nos reunimos todas las semanas. Ahí uno ve en la práctica el bien que hace la fe.

—¿Lleva alivio a las almas?

—Sin dudas, uno lleva el mensaje de Jesucristo, porta el sentido de amor que Dios tiene. No llevo lo que Genaro piensa, llevo lo que la Iglesia promovió durante 20 siglos.

—¿Cómo se viven las acusaciones por las violaciones a los Derechos Humanos?

—Te digo como lo vivo yo. Hubo de todo, la patria estuvo en peligro de caer en manos de una subversión y las Fuerzas Armadas salieron a defenderla. Hoy solo se habla de los excesos que cometieron las Fuerzas Armadas pero no se habla de todo lo otro, de todo el bien que se hizo y todo el mal que evitó. En todo combate o guerra se cometen errores. La subversión agredió a todos los orientales, salimos a defender al país. Yo lo viví con mi padre, era un hombre alegre, de familia, daba clases de matemáticas. Para el militar integrar las Fuerzas Armadas no es un trabajo, se está al servicio las 24 horas, es una disciplina de Dios.

La fe de los armenios sobrevivió al genocidio.

Tras el genocidio armenio, ocurrido a partir del año 1915, y la guerra turco-armenia en 1920, los bolcheviques invadieron el país y acordaron con Turquía una partición de territorios. Los comunistas transformaron Armenia en una república soviética que se mantuvo bajo ese régimen hasta su independencia, ocurrida en el año 1991.

El padre Genaro Lusararian entiende que el comunismo no pudo frenar la fe cristiana. "Hay mucha fe en Armenia, es uno de los signos de pertenencia del pueblo junto al idioma. Además, Armenia fue la primera nación cristiana en la historia, allá en el año 301 cuando San Gregorio bautizó al rey Tiríades", explicó.

Si bien su apellido es armenio, en la casa de los Lusararian no se vivían las tradiciones del país de sus abuelos.

Fue en 2008 cuando ingresó al seminario que el obispo armenio le consultó si sentía que en el llamado Dios también le pedía servir a sus paisanos.

Finalmente, en agosto de 2009 fue enviado al seminario del rito armenio en Roma para culminar sus estudios.

El rito armenio es uno de los 23 ritos católicos que se manejan en Oriente.

Lusararian sabe que Armenia está "empobrecida" y que se están haciendo esfuerzos para promover el turismo. Si bien no hay datos precisos, se estima que en Uruguay hay entre 10.000 y 14.000 armenios y descendientes directos.

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