Néber Araúo*

Deja un discurso que ha fracturado el país

Ha dicho y escrito el historiador marxista inglés Eric Hobsbawm que "el único país sudamericano que puede ser descrito como una democracia verdadera es el Uruguay".

Y esa realidad es algo que nos enorgullece pero que también nos exige como sociedad, como individuos y en particular reclama de nuestros gobernantes los actos y conductas pertinentes a la preservación de ese preciado prestigio.

Hoy día, al cierre de un período de gobierno y a punto de asumir otro, ¿cómo evaluamos lo ocurrido en el quinquenio que termina?

Vayamos por partes.

Si el gobierno de la República es la conjunción de errores y aciertos del accionar de los tres poderes del Estado, observamos como lo mejor del lustro Mujica la formidable actuación de nuestro Poder Judicial. Enfrentados a las destempladas críticas del propio presidente de la República, a presiones políticas de otras figuras del oficialismo, a asonadas populares y a una catarata de leyes inconstitucionales gestadas por una mayoría parlamentaria fiel al credo mujiquista de que lo político está por encima de lo jurídico, nuestros magistrados judiciales, con admirable rigor y apego al Derecho, le han evitado al país el gran caos legal. Esa firmeza del Poder Judicial ha sido una contribución mayor para que sigamos preservando esa democracia verdadera.

El peso inevitable de las mejores tradiciones nacionales ha determinado, por otro lado, que el Ejecutivo del Sr. Mujica, a pesar de su contradictorio discurso, lleno de idas y venidas, lograra sin embargo salvaguardar las reglas del juego democráticas y las libertades básicas de la sociedad y de los ciudadanos en particular.

En cuanto a la economía, a veces sacudida por las febriles ideas del propio presidente, culmina el período con un balance razonablemente aceptable. Hoy día en la pendiente de un ciclo sin par de ingresos e inversiones, de precios sin parangón histórico para los productos de nuestro país, la economía exigida en extremo por el gasto social y otras demandas de la burocracia estatal consigue terminar con una buena cartera de divisas, un endeudamiento considerable, pero manejado con inteligencia según los entendidos, con un buen margen de confianza internacional, pero con un déficit fiscal que pone una luz roja en el horizonte del próximo gobierno.

Un capítulo penoso del gobierno Mujica ha sido el sesgo dado a nuestra política exterior, cargándola de fuertes motivaciones ideológicas que han quebrantado su tradición de indeclinable y estricta adhesión al derecho internacional, y privado de un vigoroso consenso político nacional. Transita hoy en día un pragmatismo sin ética, teñido de supuestas intenciones humanitarias, que no se entera del autoritarismo dictatorial de un Nicolás Maduro que mata estudiantes y apresa a sus opositores mientras destruye la economía de uno de los países potencialmente más ricos del continente. Sin dejar de mencionar este tardío y oportunista perdón de la deuda cubana por un monto que muy bien debió servir al financiamiento de becas que permitan a muchos de nuestros jóvenes especializarse para no seguir siendo peones de segunda o de tercera de los capitales que aquí se instalan.

Y por último anotemos entre lo peor de la administración Mujica el gran atraso educacional que nos deja, la ineficiencia de la lucha contra la delincuencia, el vacío de realizaciones en la infraestructura del país, el crecimiento desenfrenado de un poder sindical que, siendo afín ideológico al gobierno, se transformó sin embargo, por su imprudencia, en la máquina de impedir al presidente y a muchos intereses privados del país.

Finalmente el Sr. Mujica se despide insistiendo en una reforma de la Constitución que consagre la lucha de clases como ingenio para superar las injusticias económicas y sociales; camino cierto para otro populismo como los varios que asuelan la realidad de nuestra Latinoamérica.

Mujica gobernó y se va con un discurso que ha fracturado el país entre buenos y malos, que condena el éxito económico personal y que remonta a la oposición la responsabilidad por todos los males que registra el ahora del Uruguay.

Desde el primer día de su gestión tuvo recordados aciertos en el diagnóstico de los males del país, pero su pasión por la contradicción le menguó o anuló poder de realización y termina sin logros a exhibir.

La bicicleta le resultó un buen vehículo al Sr. Mujica para ganar unas elecciones pero no para introducir los cambios inteligentes que el Uruguay reclama para marchar a la velocidad de la modernización del mundo actual.

* Periodista con más de 50 años de profesión. Condujo varios programas periodísticos y presentó Telemundo durante 18 años.

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