LA JUNTA Y EL PARLAMENTO TRATARON EL TEMA

La cruz del Papa, a treinta años de una polémica monumental

La permanencia del símbolo de la visita de Juan Pablo II en 1987 dividió a los tres partidos.

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La cruz del Papa se instaló en el predio donde Juan Pablo II celebró misa en 1987. Foto: archivo El País

Se cumplieron ayer 30 años de la instalación del monumento de la cruz erigido en conmemoración de la visita del papa Juan Pablo II a Montevideo en 1987.

La monumental cruz fue colocada como parte del ornamento para la misa campal que ofreció Juan Pablo II en la mañana del 1° de abril de 1987 en su primera visita a Uruguay.

Una semana después del acontecimiento, la Conferencia Episcopal, órgano coordinador de los obispos uruguayos, resolvió donar la estructura a la Intendencia de Montevideo con la condición de que se mantuviera en Tres Cruces. En caso contrario volvería a la Iglesia.

El entonces presidente Julio María Sanguinetti, agnósti-co confeso, dijo que el símbolo cristiano debería permane-cer en el lugar como un "recuerdo de esta circunstancia histó-rica que recordará no solo a la comunidad católica, sino a todos los hombres de buena voluntad".

No obstante, se generó un intenso debate político que quebró a las tres bancadas parlamentarias. Cada uno de los legisladores de las dos cámaras fijó posición sobre los asuntos espirituales o religiosos, algo que no sucedía en el país desde los primeros años del siglo XX cuando se discutió el retiro de las cruces de los hospitales.

Tras las declaraciones de Sanguinetti se pronunciaron en la misma línea los blancos Alberto Zumarán, candidato a la Presidencia en 1984, y el entonces edil herrerista Jaime Trobo, que luego presentaría una iniciativa en ese sentido en la Junta de Montevideo.

Al mismo tiempo se conocía que la Junta de Lavalleja había ofrecido trasladar la cruz al Cerro Verdún en caso que no se aprobara la permanencia del símbolo en Tres Cruces.

Rediscusión.

El historiador Gerardo Caetano reconstruyó aquel intercambio político para el libro Laicidad en América Latina y Europa.

Caetano señala que con la polémica pública por la cruz se produce "la rediscusión del viejo modelo de secularización y laicidad radicado en el Uruguay, tan tributario del modelo francés".

El historiador realizó una minuciosa lectura de los editoriales de los distintos diarios que se publicaban en la época, entre ellos El País, La Democracia, La Mañana y El Día, medio que apoyaba al gobierno de Sanguinetti pero que calificó su idea de mantener la cruz como "un retroceso liberal".

El entonces senador blanco Gonzalo Aguirre defendió desde las páginas de La Democracia el derecho del Parlamento a decidir sobre el mantenimiento de la cruz.

Aguirre, reconocido constitucionalista, redactó un proyecto que fue aprobado por ambas cámaras. En él sostenía que la cruz "no se mantendría como símbolo religioso ni como adhesión del Estado a una determinada religión", sino en calidad de "monumento conmemorativo de un acontecimiento histórico".

La batalla legislativa comenzó en la Junta de Montevideo. Por 21 votos contra 10 perdió la iniciativa de mantener la cruz. En mayo el asunto entró al Palacio Legislativo, por la Cámara de Senadores.

Toda la bancada nacionalista votó a favor del proyecto de Aguirre, la del Frente Amplio en contra y la del oficialismo colorado se quebró. El senador colorado Jorge Batlle defendió la cruz, mientras que el vicepresidente, Enrique Tarigo, se opuso. Finalmente se aprobó por mayoría de 19 votos sobre 31.

En la Cámara de Representantes el debate fue muy intenso. Los blancos votaron a favor en bloque, salvo el diputado Ricardo Rocha Imaz. En el Frente todos votaron en contra con la excepción de Héctor Lescano, integrante del Partido Demócrata Cristiano (PDC). Los colorados nuevamente votaron divididos. El resultado final fue de 48 votos afirmativos contra 41.

Para la Iglesia Católica el mantenimiento de la cruz fue una instancia clave que marcó a fuego un nuevo relacionamiento con el Estado, según explicó a El País el cardenal Daniel Sturla.

Otro debate por estatua del pontífice.

En los primeros meses de su gestión como presidente de la República, en mayo de 2005, Tabaré Váz-quez impulsó el traslado del monumento a Juan Pablo II desde una capilla de Tres cruces hacia el predio que ocupa la cruz. Nuevamente se generó una polémica política que sacudió la interna del gobierno. El actual edil y exintendente Mariano Arana se opuso a la colocación de la escultura de Juan Pablo II en Tres Cruces y argumento: "Parece que el Papa estuviera dirigiendo el tránsito".

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