ESTADO Y CULTURA

Critican gestión política del Sodre

Van 14 renuncias en 14 meses y dicen que la actual dirección es “caótica” y “sin rumbo fijo”.

El Maestro Julio Bocca se enfrentó en múltiples oportunidades con la burocracia estatal y también lo hizo contra la lógica del sindicato del Sodre.
El Maestro Julio Bocca se enfrentó en múltiples oportunidades con la burocracia estatal y también lo hizo contra la lógica del sindicato del Sodre. Foto: Archivo El País

Messi y Suárez se cansaron. Así explican en la interna las dos renuncias más comentadas de las 14 que tuvieron los cuerpos estables del Sodre en 14 meses. El astro argentino vendría a ser Julio Bocca, el director del Ballet Nacional que dejará su cargo a fin de año. Y el goleador uruguayo sería Martín García, director de la orquesta y el último en bajarse del barco. Pero, ¿qué es lo que pasa?

Siguiendo con la metáfora del fútbol, se dice que a los deportistas de elite hay que darles lo que piden para que solo estén pendientes de jugar lo mejor posible. En el Auditorio Adela Reta los Messi y Suárez tienen que fijarse en los pozos de la cancha o si las camisetas están limpias antes del partido, en lugar de hacer goles. O, dicho de otro modo, deben estar preocupados por los contratos, si tendrán técnicos para desarmar un espectáculo luego de las 12 de la noche o si los pasaportes de los bailarines están al día antes de un viaje, en vez de planificar las temporadas y procurar traer a los mejores maestros.

El tema no es nuevo: el arte funciona en horarios y regímenes que parecen no ser compatibles con la maquinaria estatal. Pero una herramienta aprobada a fines de 2003 y pocas veces aplicada desde entonces a la cultura pasó a ser la solución parcial (al menos para algunos): el fideicomiso.

Resulta que tras 20 años de construcción, en noviembre de 2009 se reinauguró el auditorio del Sodre, bautizado Adela Reta. El nuevo teatro, de alto nivel en comparación a sus pares de la región, era solo un envoltorio si no se lo rellenaba de obras de excelencia. Y para ello José Mujica, quien acababa de ganar las elecciones, pensó en Julio Bocca, ya radicado en Uruguay.

¿Qué relación tienen Mujica, Bocca y el fideicomiso? Bocca aceptó dirigir el Ballet Nacional del Sodre si, a cambio, le cumplían algunos requisitos. Él quería contratar a los mejores y echar a los peores. Deseaba hacer giras, pensar en las temporadas con horizonte de un año y abrir un régimen anual de audiciones que le permitieran reclutar bailarines del exterior. Pero esto que parece obvio, desde una mentalidad de gestión empresarial, chocaba directamente con el aparato del Estado. Y fue ahí que se optó por el fideicomiso como solución "parche".

El fideicomiso es un acto jurídico en el que una persona o entidad entrega a otra la titularidad de ciertos activos para que esta los administre generando renta en beneficio de uno o varios terceros. En criollo esto hace que un artista que es contratado por esta modalidad no se estará jubilando como bailarín o como músico habiendo trabajado de por vida para el Estado, sino que puede ser despedido o bien no renovársele el contrato sin indemnización.

El auditorio, como tal, también pasó a este régimen en 2012 bajo la dirección de Gerardo Grieco. El actual CEO de la empresa publicitaria Punto, conocido por reflotar teatros como el Solís y el Sodre y ser uno de los nombres que suenan como gestor del Antel Arena, fue el primero de la camada de 14 que comenzó a renunciar desde julio de 2016.

Él y su equipo sintieron que el nuevo Consejo Directivo del Sodre, que es el órgano político que está por encima del auditorio, no acompañaba esa visión de gestión. Y así fueron cayendo de a uno.

Casi un año después de Greco fue el turno de Bocca, el mascarón de proa de todo el proyecto y quien había logrado una visión propia del ballet gracias a su fama, el trabajo de la compañía y el apoyo del más alto nivel del Ejecutivo.

"Espero que mi renuncia sirva para que el cambio que necesita el Sodre se haga", había dicho el exbailarín argentino en una entrevista en Del Sol.

Como Bocca ya había amenazado con abandonar el rol y como sus enfrentamientos con los sindicatos había sido público, su baja no fue entendida del todo hasta un mes después, cuando García (el director de la orquesta) también dio un paso al costado.

Es decir: el auditorio fue perdiendo primero a la dirección y las figuras que hacían mover la gestión, y luego en cuestión de un mes perdía a sus dos más renombrados directores artísticos.

Según uno de los renunciantes, "es caótico administrar una organización con cuatro tipos de contratación diferentes (funcionarios públicos, contratos artísticos, fideicomiso, contratos por cooperativa) cada uno con sus derechos y costumbres diferentes". De ahí que sea "simplista" reducir todo el problema a "fideicomiso sí o fideicomiso no".

Sucede que tanto artistas como técnicos pasan horas discutiendo sobre estos asuntos, se pelean por si el ballet puede contar con los músicos en vivo o no, y, sin embargo, el actual Consejo Directivo y el Ministerio de Cultura "no se pronuncian". Ese desgaste, que según los renunciantes debieran hacer los políticos, acaba con que la orquesta no tiene resuelta la parte técnica (luz, armado y aire), con que al ballet casi se le cae una gira cuando los bailarines ya estaban en el exterior o que al coro aún le restan ajustes de programación.

Gonzalo Halty, quien comanda el auditorio desde la primera de la serie de renuncias, dice que "el auditorio sigue funcionando bien" y da como ejemplo que en setiembre hubo 45 funciones. Según explica: "los equipos están a full y las condiciones están dadas para funcionar óptimamente".

No obstante, la ministra María Julia Muñoz (quien no respondió a los intentos de contacto de El País) había reconocido que en el Sodre hay una "crisis". Según reza en la última versión taquigráfica de la Comisión de Cultura del Senado, la jerarca se comunicó personalmente con el frenteamplista Marcos Carámbula, quien preside la comisión, y le manifestó su voluntad de concurrir al Parlamento para tratar el tema.

El Ballet y un duro “no acepto”.

María Noel Ricceto, primera bailarina del Ballet del Sodre. Foto: Archivo El País
María Noel Ricceto, primera bailarina del Ballet del Sodre. Foto: Archivo El País

Una de las grandes conquistas de Julio Bocca fue el haber repatriado a María Noel Riccetto. Esta bailarina uruguaya, que había estado 13 años en el American Ballet, retornó al Sodre en 2012. Además de convertirse en una profeta en su tierra y en la primera bailarina de los repertorios, este 2017 ganó el Benois de la Danse (el Óscar de la danza). Por eso, por su cercanía a la línea del director renunciante y por su experiencia (ya tiene 37 años), era una de las candidatas cantadas para ocupar la dirección artística. El propio Bocca la había recomendado a ella, además de ofrecerle el cargo al español Igor Yebra. Ambos candidatos debieron entregar sus proyectos de qué pretendían hacer como directores para que el Consejo Directivo y la ministra María Julia Muñoz tomaran una postura. El martes Riccetto se reunió con el Consejo Directivo y con la ministra, pero no llegaron a un acuerdo. Como había reconocido a Telemundo Muñoz "o hay dos orquestas o una orquesta para el ballet, compartir orquestas no se puede". Y esa era la idea de la bailarina: una orquesta dedicada al ballet.

MARTÍN GARCÍA DEJARÁ LA ORQUESTA POR LOS PROBLEMAS ESTRUCTURALES DEL SODRE.

Director renunció cansado de improvisaciones.

El miércoles bajó de cartel Romeo y Julieta. Esta obra del ballet clásico, basada en la historia escrita por Shakespeare, tuvo de todo en la previa menos amor. "El tortuoso proceso que condujo al estreno" de esta obra, comenzaba diciendo la carta de renuncia de Martín García, hasta ahora director artístico de la Orquesta Nacional. Y continuaba: "Me encontré entre una orquesta escandalizada, algunos de cuyos miembros me cuestionaban por no defenderla y una Dirección del Ballet que me increpaba por no silenciarla y hacerla ensayar". Pero lejos de apuntar contra los artistas, en su misiva el maestro García estaba haciendo una crítica a la estructura y a las figuras políticas de la institución.

Es que seis de cada diez músicos de la orquesta también integran el elenco de la Filarmónica Municipal. Sus salarios como músicos estatales no les permiten dedicarse full time al Sodre. Pero el doble rol tampoco les permite ensayar como se debe, compatibilizar las giras, dedicarse por completo al ballet o a la ópera cuando lo indica la agenda o estudiar en sus casas como cualquier músico de elite.

No solo eso: más de un tercio de los músicos tiene un régimen de contrato artístico que vence cada año, cuya renovación implica un trámite burocrático y, según los artistas que están en esta situación, "escapa a la legalidad".

En teoría este tipo de contrato no puede renovarse por más de cinco años aunque el 90% lleva el doble de tiempo. Y por temas administrativos, "a veces se atrasan los pagos", dijo el presidente del Sodre, Doreen Ibarra.

Son "problemas cotidianos, estructurales y políticos en todas las áreas que, al no resolverse, obligan continuamente a improvisar soluciones puntuales y excepcionales para salir del paso", dijo García en su carta de renuncia, que hacen que se deba estar "creando" la orquesta "todo el tiempo".

Como si fuera poco, García recibió consultas "sobre cómo ocupar a funcionarios ociosos o inoperantes que complicaban la vida en otras áreas".

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