La Columna

Criminales en potencia al volante

Ver hoy a conductores de automóviles hablando por celular es algo común en Montevideo. Pese al riesgo que apareja y a la multa que puede recibir quien lo hace; esto no parece ser motivo de preocupación.

El hecho es mucho más grave cuando quien habla por teléfono es el chofer de un ómnibus de transporte público que, además, lleva pasaje. El viernes pasado, a las 14:30, en 18 de Julio a la altura de la plaza Cagancha, un coche de la línea 102 de Cutcsa con destino a Ciudadela era conducido por un chofer que con la mano izquierda hablaba por celular y con la derecha sostenía el volante.

Nadie me lo contó, yo mismo lo vi desde la vereda y no me dio el tiempo a tomar una foto con mi celular para ilustrar lo que estoy denunciando. El individuo manejaba la unidad 810 y realizó una maniobra para adelantar a otro ómnibus de la misma compañía que se encontraba en la parada levantando pasajeros.

No es la primera vez que presencio una situación de esta naturaleza con un vehículo de transporte público, aunque confieso que nunca vi algo tan grave y descarado. Días atrás, en una línea de la misma compañía que se dirigía en hora pico por avenida Italia hacia Carrasco, el conductor revisaba y enviaba mensajes de texto por su celular, cuando detenía la marcha en algún semáforo. Si las probabilidades de protagonizar un accidente se duplican cuando se maneja y se habla por celular a la vez, ¿por qué, además de violar flagrantemente una norma, exponer a los pasajeros de un servicio público a ese riesgo?

Las cifras de accidentes de tránsito graves y fatales en Montevideo y en todo el país se mantienen altísimas. Son muchas las razones: el crecimiento explosivo del parque automotor (incluyendo las motos), la falta de vías de tránsito adecuadas y la violación sin tapujos de las normas de tránsito.

Hoy muchas cosas han cambiado en Uruguay y no todas precisamente para bien. Por momentos se tiene la sensación de que para una gran cantidad de gente todo vale. Que las normas más básicas y elementales de la convivencia en sociedad solo rigen para unos pocos. Y lo que es peor, aquellos que las acatan y las respetan son mirados con desdén o como tontos. El chofer del ómnibus que hablaba por celular el viernes pasado, mientras transportaba a una docena de personas, es una muestra elocuente de qué poco valora la vida y la de los demás. Ese señor es un inconsciente y un criminal en potencia. Como también todos aquellos que manejan alcoholizados, que no respetan las señales de tránsito y creen que por andar en un coche tienen poder o más derechos que el resto de los ciudadanos. Sin entrar en discusiones religiosas o filosóficas, aceptemos que disponer de la vida propia es un derecho de cada individuo, pero hacer que nuestra conducta ponga en riesgo la vida de otros es un delito muy grave.

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