LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

Credo progre

No falla. Cada vez que a algún dirigente frenteamplista le preguntan si considera que en Cuba hay democracia o si en Venezuela se respetan los derechos humanos, la respuesta es la misma. Refugiarse en el principio de no injerencia en los asuntos de otras naciones.

¿Está mal? No. Es un principio de política exterior al que Uruguay se ha apegado históricamente. No nos gusta que desde fuera nos digan lo que tenemos que hacer. Por tanto, no corresponde andar diciéndole a los demás lo que, a nuestro juicio, deberían hacer.

Lo que pasa es que el Frente Amplio aplica de un modo al menos original el principio de la no injerencia. Para nuestra izquierda, lo que pasa en Venezuela lo resuelven los venezolanos. Si la Justicia venezolana pone preso a Leopoldo López y a otros que piensan diferente al régimen chavista, la Justicia venezolana tendrá sus razones. ¿Y si la Justicia de Brasil pide el procesamiento con prisión de Lula por corrupción y lavado de dinero?

Bueno, eso es otra cosa. Es una persecución política y una maniobra de la derecha, y el juez es un esbirro del Imperio.

Si el Parlamento de Brasil destituye a Collor de Mello, se hace justicia. Si el Parlamento de Brasil destituye a Dilma, sus integrantes son unos payasos, a cual más corrupto que el otro. El mismísimo ministro Ernesto Murro dijo hace algunos días que en Brasil se destituyó a Dilma para poder hacer retroceder los derechos de los trabajadores "dos o tres siglos". ¿Y de los derechos laborales de los trabajadores de Venezuela, que hacen un paro y son por ello llamados "terroristas" por Maduro? No, de eso no se habla. No hay que interferir en los asuntos de otras naciones.

Si Macri reprime, es un oligarca que representa a la clase dominante y que está en contra de la clase obrera. Si Maduro reprime a los trabajadores, está haciendo cumplir la ley. Y si en Cuba no se puede siquiera salir a la calle a decir que uno no está de acuerdo, hay que respetar la revolución y no pretender que todas las democracias sean iguales.

"Si es de izquierda, no es corrupto. Y si es corrupto, no es de izquierda", dijo alguna vez el vicepresidente Raúl Sendic. Y se quedó corto. Para algunos, si reprime, si roba, si acepta sobornos, si viola los derechos humanos, si persigue, encarcela y tortura a quienes piensan diferente, y no celebra elecciones libres, no es de izquierda. Y si es de izquierda y reprime, o roba, o acepta sobornos, o viola los derechos humanos, persigue, encarcela y tortura a quienes piensan diferente, o celebra elecciones libres, debe tener muy buenas razones para hacerlo. Y lo mejor es no meterse a opinar desde acá de lo que sucede en esos paraísos progresistas, donde quienes gobiernan por y para el pueblo deben soportar los embates y las conspiraciones, cada vez más evidentes, de la derecha internacional, apátrida, privatizadora, individualista y que solo busca fomentar el consumo ilimitado, favorecer a la banca y las grandes corporaciones transnacionales, y aniquilar la solidaridad, el humanismo y las grandes causas populares.

Amén.

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