SIGUEN LOS ROBOS A UNIDADES MILITARES

Coparon destacamento y robaron el arma a un marinero en el Cerro

Dos supuestos pescadores pidieron para ingresar al baño y lo sorprendieron.

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El destacamento tiene un solo guardia durante el día. Foto: F. Flores

Alas 19.30 horas del jueves 31, dos pescadores tiraban unas cañas en la punta del muelle público del Cerro. Pocos minutos después, los pescadores se percataron que no había nadie en el lugar y se acercaron al destacamento de Prefectura: "¿Nos permite pasar al baño?".

El marinero corrió la puerta de reja del destacamento y les dejó entrar. Uno de los sujetos ingresó al baño. El otro se quedó en una pieza contigua.

El marinero se distrajo. Uno de los individuos desenfundó un arma. El otro le quitó al marinero la pistola Glock, un arma de origen austríaco de 12 tiros. Cuerpos policiales, agencias de seguridad y fuerzas armadas de más de 50 países utilizan esa arma por su enorme potencia y liviandad.

Los delincuentes también se llevaron la radio, celular y municiones que llevaba encima el marinero de Prefectura.

"No asociaría este hecho con lo que ocurrió con el Ejército. Sí se puede intuir que los lugares con armas son apetecibles para los delincuentes. Vieron (el destacamento) como un blanco fácil y actuaron", dijo a El País el jefe de Relaciones Públicas de la Armada, Gastón Jaunsolo, en alusión al robo de armas ocurrido en el Batallón Florida de Infantería N° 1.

La Policía cree que el robo de estas armas podría ser para utilizarlas en enfrentamientos entre bandas de traficantes de drogas o para realizar rapiñas a comercios.

Investigación.

En el correr del día, un solo marinero cuida el muelle y las embarcaciones de pescas, botes y veleros ubicados en amarras situadas en la punta del muelle. A las 20:00 horas, un segundo marinero refuerza el turno de la noche.

Una fuente de la investigación dijo a El País que los delincuentes sabían todos los movimientos de los marineros y aprovecharon para efectuar el atraco cuando no había nadie pescando.

Luego escaparon en una moto. Un testigo señaló que los delincuentes podrían ser menores de edad que viven en la zona.

Jaunsolo indicó que la Prefectura informó lo ocurrido a la Justicia Penal y luego comenzó las investigaciones para recuperar el arma y dar con el paradero de los dos rapiñeros.

"Creo que colaboró el hecho de que hubiera solo un marinero en el lugar", agregó Jaunsolo.

En la mañana de ayer, el Comando de la Armada Nacional adoptó medidas: dos marineros armados a guerra custodiaban el muelle público. Cada tanto, móviles de Prefectura patrullaban por el lugar.

Cotorra Loca.

A las 22.40 horas del 6 de febrero de este año, un individuo armado ingresó por detrás en el Batallón Florida de Infantería N°1, ubicado sobre Camino Maldonado, en Punta de Rieles. Al divisar a uno de los guardias, el intruso le efectuó un disparo en una pierna.

Enseguida obligó al otro guardia a tirarse al piso y se llevó los dos fusiles de asalto marca Steyr, de origen austríaco.

Ninguno de los dos fusiles tenía balas, indicaron a El País fuentes de los ministerios de Interior y Defensa.

Para los investigadores del caso, el intruso tenía "el dato" de adentro que los fusiles de asalto de los centinelas carecían de munición letal.

El 19 de enero, uno de los fusibles Steyr fue utilizado en el asalto al Banco República de La Paz. Habían 15 clientes adentro. Dos de los siete rapiñeros ingresaron inicialmente con las caras descubiertas. Luego se colocaron pasamontañas.

Una fuente de la investigación dijo a El País que ya fueron identificados los dos asaltantes que ingresaron al banco simulando ser clientes y entendió que estos podrían encontrarse escondidos en Argentina.

La fuente dijo que un encapuchado, que se quedó al lado de la puerta, podría ser Walter Guillén Bustamante, alias "Cotorra Loca".

Se trata de un sujeto con muchos antecedentes penales. Se especializaba en rapiñas a entidades financieras. Luego de una espectacular fuga por la puerta del Penal de Libertad junto con el narco israelí Yehoram Alal en 2005, Guillén Bustamante se refugió en Buenos Aires. Allí cometió un asesinato y fue capturado. Ya cumplió su pena. Los investigadores suponen que Guillén Bustamante armó una banda y que hará nuevos atracos con las armas de guerra robadas al Ejército.

Además del rifle Steyr, los asaltantes al banco de La Paz también utilizaron otras armas de gran poder de fuego como subfusiles Star Z-63 o Star Z.70. Se trata de un subfusil de origen español.

En forma oficial no se divulgó la cantidad de dinero robado en el asalto. Se supo que la cifra rondó los US$ 17.000.

Efectivos policiales consideran que los delincuentes, en el pasado, ya habían medido los tiempos de respuesta de la Policía y sabían que tenían que escapar antes de los dos minutos de haber entrado a la sucursal del BROU.

Hurto de armas: un "negocio" rentable.

Hace 10 años, el robo de armas en Uruguay era un negocio incipiente: un puñado de delincuentes robaba armas de grueso calibre —a policías, soldados y coleccionistas— y luego las trasladaban hacia la frontera con Brasil. En territorio brasileño, esas armas eran vendidas hasta un 300% de su valor a organizaciones de traficantes de drogas. Junto con las armas, los delincuentes uruguayos llevaban autos de alta gama (camionetas 4x4, BMW, Mercedes Benz y Audi).

En una segunda etapa, los delincuentes brasileños dejaron de pagar con efectivo los "productos" que les llevaban los colegas uruguayos. Es decir, comenzaron a pagar con droga. En un abrir y cerrar de ojos, los delincuentes uruguayos pasaron de ser unos ladrones de poca monta a traficantes de estupefacientes.

Volvían a Uruguay con drogas y trataban de "colocarla" en los barrios. Ello generó múltiples conflictos con traficantes medios y dueños de "bocas" de ventas de drogas. Comenzaron los ajustes de cuentas. Este fenómeno comenzó a ser registrado por las estadísticas del Ministerio del Interior en 2012. Enseguida se transformó, de acuerdo con los datos que publica periódicamente el Ministerio, en la primera causa de muerte violenta en el país. En el marco de ese clima de violencia, surgió la figura del sicariato. Menores de edad son reclutados por dueños de "bocas" de drogas para cobrar deudas impagas.

No hay pistas de los ladrones de las 18.000 municiones de la base aérea.

El 21 de junio de 2015, el diputado blanco Jaime Trobo denunció el robo de 18.000 municiones de la base aérea Santa Bernardina de Durazno, perteneciente a la Fuerza Aérea.

Las municiones robadas pesaban entre 650 y 750 kilos. Una de las conclusiones que sacaron los investigadores es que salieron en un camión por la puerta principal de la Base Aérea. "La sacaron disimuladas en otros cargamentos y en varias tandas", dijo una fuente del Ministerio de Defensa a El País.

En un principio, la investigación estuvo a cargo de la Fuerza Aérea. Luego pasó a manos de técnicos del Ministerio de Defensa. Por el momento no aparecieron las municiones. Sí se encontró en un contenedor algunas vainas del mismo calibre pero aún no se confirmó que se trate de las mismas municiones. El caso sigue abierto, dijeron las fuentes ministeriales.

Una veintena de soldados fueron investigados. Sin embargo, a ninguno se lo acusó formalmente. El comandante de la Base Aérea fue relevado de su cargo pese a que se encontraba en el exterior cuando ocurrió el robo. Este militar debió declarar ante la Justicia Militar como responsable de la Base Aérea.

A mediados del año pasado, el diputado Trobo señaló que en la base aérea de Durazno no estarían funcionando las cámaras de seguridad, los sensores de movimiento, ni las cercas eléctricas.

El parlamentario afirmó que había recibido la información de "primera mano" sobre el faltante de las municiones. Trobo presentó cuatro pedidos de informes sobre el robo.

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