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Conviviendo con las ratas frente a la usina de basura

Son 60 familias con entre 2 y 7 niños cada una. Viven de la clasificación.

Los hombres viven mayoritariamente de clasificar la basura que sacan del vertedero. Foto: F. Ponzetto
Los hombres viven mayoritariamente de clasificar la basura que sacan del vertedero. Foto: F. Ponzetto
Los hombres viven mayoritariamente de clasificar la basura que sacan del vertedero. Foto: F. Ponzetto
Los hombres viven mayoritariamente de clasificar la basura que sacan del vertedero. Foto: F. Ponzetto
Los hombres viven mayoritariamente de clasificar la basura que sacan del vertedero. Foto: F. Ponzetto
Los hombres viven mayoritariamente de clasificar la basura que sacan del vertedero. Foto: F. Ponzetto
Los hombres viven mayoritariamente de clasificar la basura que sacan del vertedero. Foto: F. Ponzetto
Los hombres viven mayoritariamente de clasificar la basura que sacan del vertedero. Foto: F. Ponzetto
Los hombres viven mayoritariamente de clasificar la basura que sacan del vertedero. Foto: F. Ponzetto
Los hombres viven mayoritariamente de clasificar la basura que sacan del vertedero. Foto: F. Ponzetto
Los hombres viven mayoritariamente de clasificar la basura que sacan del vertedero. Foto: F. Ponzetto
Los hombres viven mayoritariamente de clasificar la basura que sacan del vertedero. Foto: F. Ponzetto

Desde hace más de medio siglo existe un asentamiento irregular frente a la usina municipal de residuos de Felipe Cardoso. Actualmente son más de 60 las familias que viven allí y que tienen entre 2 y 7 niños cada una. Soportan todos los males de tener sus casas sobre un verdadero foco de insalubridad: los pozos negros se desbordan cuando llueve y se filtran hacia adentro de las viviendas, las que son invadidas todo el tiempo por las ratas.

Están “colgados” a la luz y al suministro de agua y esperan desde hace mucho una respuesta a un reclamo que, a esta altura, sienten como eterno: quieren ser realojados en un espacio limpio, con viviendas dignas, por las cuales están dispuestos a pagar cuotas que estén a su alcance.

“Hemos ido varias veces a la Intendencia, pero nos dicen como que nunca fuimos. No sé si tiran los papeles o qué. Hemos golpeado puertas por todos lados, pero no tenemos respuestas. Hay gente a la que se le inunda la casa cuando llueve, viven arriba del agua. Es horrible. También está lleno de ratas y se meten para adentro de las casas, te rompen todo”, dice a El País Paola Da Rosa (35), quien vive en el barrio desde hace 5 años junto a su marido y dos niños en edad escolar.

Su pareja, que tiene 30 años, se crió en el lugar y, como la mayoría de los hombres, vive de clasificar la basura que saca del vertedero. Su abuelo, que aún vive y se encuentra muy enfermo, fue uno de los fundadores del barrio. “Hay familias que tienen hasta 6 y 7 niños. Y también hay niños lisiados, en sillas de ruedas. O contaminados por plomo”, señala Paola.

Muchos de los que venden los residuos a empresas que reciclan se llevan los desechos a sus casas, por lo que el barrio es literalmente un basural y un peligro sanitario.

A nivel legislativo, la situación del asentamiento ha generado la preocupación del diputado Juan José Olaizola (ver nota aparte).

La Intendencia.

El pasado 5 de junio, la Intendencia respondió a un planteo del diputado nacionalista, a quien le enviaron un “informe realizado por el Departamento de Acondicionamiento Urbano” (que desde la semana pasada se llama Departamento de Desarrollo Urbano), en el cual “se da respuesta a las solicitudes planteadas”.

“Desde este departamento se está trabajando en dos líneas de acción para la concreción de la relocalización del asentamiento: por una parte, la búsqueda de terrenos por parte de la IM que tengan viabilidad urbanística a tales efectos. Por otra, la realización de un acuerdo con el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (Mvotma), dada la necesaria financiación de las viviendas por parte del organismo rector del Sistema Único de Vivienda, encontrándose en proceso de avance las negociaciones para que puedan financiarse las viviendas dentro del presente presupuesto quinquenal del Ministerio. Además, se ha comenzado un proceso de negociación con la UTE, debido a que parte de los padrones donde se encuentra afincado el asentamiento, son propiedad de dicho organismo”, señala el informe.

“Otro actor relevante con el que se está planificando las tareas a realizar es el Ministerio de Desarrollo Social, de manera de contribuir a un mejor abordaje e implementación de las políticas sociales antes, durante y después del proceso de realojo”, agrega el documento.

“Si bien estos procesos pueden definirse como de largo alcance, la etapa en la que nos encontramos de estudios de factibilidad y búsqueda de financiación pueden considerarse como etapas iniciales del proceso de realojo desde lo sociohabitacional”, concluye el informe de la Intendencia de Montevideo, firmado electrónicamente por la directora del ahora llamado departamento de Desarrollo Urbano, Silvana Pissano.

El caso en la órbita del Parlamento Nacional.

En octubre de 2016, el diputado Juan José Olaizola (PN) hizo uso de la palabra en una sesión de la Cámara Baja para referirse a la contaminación provocada por la usina y el realojo de los habitantes del asentamiento “Felipe Cardoso”.

“Hoy nos vamos a referir a una situación que acontece en el Municipio F, más precisamente en la calle Felipe Cardoso, frente a la Usina N° 5. Hace muchos años allí se formó un asentamiento en el que viven más de sesenta familias que no cuentan con luz, agua ni saneamiento. La mayoría vive del reciclaje de residuos y hay un gran nivel de analfabetismo entre ellas.

El principal problema es que la contaminación producida por la usina se ha propagado y hoy las 60 familias que viven allí padecen las consecuencias. Reiteradas veces los vecinos han planteado la posibilidad de que los realojen; esta propuesta, dirigida al alcalde y a la Intendencia, fue recibida por las autoridades, pero aún no hay fecha ni lugar asignado para realizar el realojo”, indicó.

Oaizola recordó que la Intendencia adquirió por expropiación un terreno (Padrón 60.060), ubicado entre las calles Camino Colastine, Felipe Cardoso y Perseverano, en diagonal al mencionado asentamiento.

“El decreto 36.010 faculta a la Intendencia de Montevideo a expropiar de forma urgente el terreno para depositar allí basura, no siendo prioritario el realojo de los habitantes; de suceder esto, empeorarán las condiciones de vida en el asentamiento, en el que además habitan un gran número de niños”, advirtió el legislador del Partido Nacional.

Clasificadores.

Los hombres viven mayoritariamente de clasificar la basura que sacan del vertedero. Muchos se llevan los desechos a sus casas, por lo que el barrio es literalmente un basural y un peligro sanitario.

El asentamiento, en el que viven más de 60 familias, se formó hace décadas. Sus habitantes se encuentran “colgados” a la UTE y a la OSE, y dicen que están dispuestos a pagar en cuotas por nuevas viviendas. La Intendencia responde que se encuentra en una etapa “de estudios de factibilidad y búsqueda de financiación”.

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