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El último combatiente "aliado"

En Paysandú vive aún el último sobreviviente "aliado" que peleó en el frente de batalla de la Segunda Guerra Mundial.

Foto: gentileza familia Cusimano
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Rosaire Cusimano con 93 años en su casa de Paysandú.
Rosaire Cusimano con 93 años en su casa de Paysandú.

Tocó la ceniza de decenas de mujeres y niños que habían sido encerrados e incinerados por nazis en una iglesia de Oradour-sur-Glane, en Francia.

Vio pasar cientos de bombarderos norteamericanos volando sobre su cabeza "como un enjambre de abejas" que, en señal de venganza, arrasaron la ciudad alemana de Pforzheim con 1.500 toneladas de bombas que mataron a un tercio de los habitantes de la ciudad. Estuvo días enteros sin comer y rodeados por las fuerzas enemigas.

Mató y vio morir a varios de sus compañeros porque desde el primer día estuvo en la línea de fuego de la guerra más sangrienta en la historia de la humanidad.

"Conviví con la muerte cada día", dijo Rosaire Cusimano (93) ex soldado francés nacionalizado uruguayo, en su casa de Paysandú, donde recibió a El País.

Siete décadas después, sus ojos se humedecen cuando recuerda el horror vivido por millones de personas.

Nació en Potinville, Túnez (Protectorado francés en esa época) el 8 de mayo de 1922, por lo que hoy cumple 93 años coincidiendo con el fin de la gran guerra.

En 1944, con 20 años, se alistó en el ejército galo. Fue enviado a un regimiento de infantería en Marruecos.

Poco después conformó una división de 1.200 soldados que participó de una operación de desembarco en el golfo de Saint-Tropez, zona que había sido tomada una semana antes por las fuerzas alemanas.

Conduciendo un camión semioruga todo terreno, Cusimano avanzó hacia Alsacia. Permaneció en el conflicto bélico hasta su fin e, incluso, integró durante meses las fuerzas de ocupación de Alemania junto a ingleses y norteamericanos.

En una de sus viejas fotos que hoy conserva su nieta Marion, que vive en Francia, se lo ve posando junto a la unidad que conducía, tirando de un vehículo alemán, que fue tomado como trofeo de guerra.

"Nosotros íbamos a un costado de los tanques y podíamos meternos en las zanjas para defendernos con ametralladoras. El enemigo esperaba que nos acercáramos a 30 metros para atacarnos con bazucas", señaló.

Diversas vivencias le permiten afirmar aún hoy cómo se comportaban los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

"Eran tan feroces e inhumanos en la victoria, como cobardes en la derrota. Mataban a sangre fría pero cuando caían prisioneros, gritaban llorando: ¡Camaradas, camaradas, clemencia!".

Cusimano vivió el peor momento en la matanza de Oradour-sur-Glane, el 10 de junio de 1944. "Como habían tenido tres o cuatro bajas a manos de los partisanos, los alemanes decidieron tomar a las mujeres y niños del pueblo", expresó.

"Los encerraron bajo llave en una iglesia y la prendieron fuego. Fue terrible, tuve las cenizas de los cuerpos en mis manos" describe el combatiente voluntario francés. Poco después, vino la venganza aliada. "Vimos pasar cientos de aviones como si fueran un enjambre. Iban a bombardear Pforzheim como respuesta a lo que habían hecho en Francia. Cuando pasamos por esa ciudad, prácticamente había sido borrada del mapa. El hedor de los cadáveres se sentía a kilómetros de distancia", relató.

Fusilamiento.

Como en toda guerra, se cometieron abusos de todo tipo pero Cusimano vio cómo los errores se pagaban muy caros, hasta con la vida.

"En mi unidad nos tocó fusilar a dos de los nuestros porque habían violado a mujeres alemanas", contó el soldado galo evocando aquel episodio.

"Nos pusieron a todos en línea e hicieron pasar a las mujeres para que reconocieran a los abusadores. ¡Por Dios, mirá si se equivocan!", pensó en aquel momento.

Cusimano dice que su actitud siempre fue respetuosa en el marco del conflicto bélico que se vivía. "No fui ni un cobarde y tampoco impulsivo. Me limitaba a hacer mi trabajo y cuando tenía que tirar con la metralleta había que hacerlo porque era una orden y debíamos defender a nuestros compañeros. Solo maté a un soldado enemigo que apareció por detrás y ya nos tenía en la mira", recordó.

En otra oportunidad, cuando ingresó a una casa alemana, decidió perdonarle la vida a un hombre que estaba con su familia.

"Lo encontré tirado y con mucha fiebre. Lo toqué, lo miré y me di cuenta que no era necesario matarlo porque estaba en las últimas. Su mujer me agradeció profundamente en un alemán que poco a poco comenzamos a entender. Todo fue muy du-ro en ese entonces", dice Cusimano, mientras sus manos arrugadas miran los documentos que acreditaron su entrega en el frente.

A Uruguay.

Al finalizar la guerra, Europa estaba devastada y su Túnez natal lejos de la paz se vio convulsionado con alzamientos que promovían la independencia de Francia. Con un grupo de amigos optó por emigrar hacia Brasil, pero en ese país las condiciones no eran las que le habían prometido. Entonces resolvió viajar a Montevideo. "Era lo más parecido a Europa y por eso decidí quedarme", dijo Cusimano.

Setenta años después de pelear contra Hitler, Cusimano muestra orgulloso las condecoraciones colgadas en la pared, enviadas en su momento por el gobierno de Francia.

Cusimano tenía previsto asistir hoy a los actos conmemorativos organizados por la embajada de Francia, pero el miércoles —el día anterior a su viaje a Montevideo— sufrió un accidente al caerse en la calle. Tuvo que quedarse en casa, apoyado en una muleta.

Embajadas de Alemania y Francia conmemoran juntas.


En un hecho inédito, las embajadas de Francia y Alemania, conjuntamente con una delegación de la Unión Europea, participarán hoy en actos conmemorativos de los 70 años del final de la Segunda Guerra Mundial que causó entre 45 y 70 millones de muertos.

Las ceremonias comenzarán a las 9:00 horas en el panteón alemán ubicado en el Cementerio del Norte, donde se encuentran enterrados marinos del acorazado de bolsillo Graf Spee. Una hora más tarde, ambas representaciones concurrirán al panteón francés ubicado en el Cementerio Central.

Al igual que en el acto anterior, se colocarán ofrendas florales franco-alemanas y habrá discursos de los respresentantes diplomáticos de ambos países. En ambas ceremonias participarán estudiantes del Liceo Francés y de la escuela y liceo alemán (Deutsche Schule).

El embajador de Alemania en Uruguay, Heinz Peters, dijo a El País que las ceremonias pretenden ser un recordatorio para las generaciones más jóvenes sobre una guerra que causó varios millones de muertos, y agregó que estos deben saber que Europa creó instituciones comunes para evitar un conflicto armado entre naciones europeas.

"Es la primera vez que se hace en Uruguay un acto común conmemorativo del fin de la Segunda Guerra de las embajadas alemana y francesa, y con coronas de ambas representaciones diplomáticas", dijo Peters.

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