REMATE

Coleccionistas arrasaron con lotes sobre figuras históricas

El Estado no se interesó en piezas de presidentes y dictadores.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El remate de las piezas históricas fue un gran éxito. Foto: Marcelo Bonjour

Más del 90 por ciento de los 500 lotes se vendió en las maratónicas jornadas, confirmó Zorrilla a El País, indicando que hubo compradores uruguayos pero también muchos argentinos y paraguayos que viajaron expresamente a nuestro país.

El cuadro del caudillo nacionalista Aparicio Saravia, uno de los atractivos mayores del remate, cuyo marco cuenta con un minucioso trabajo realizado por un ebanista, fue adquirido por un coleccionista argentino que terminó pagando por él US$ 2.100.

Por su parte, la espada del uniforme de gala del dictador Máximo Santos se vendió en US$ 7.200. Asimismo, un broche de oro blanco y amarillo con zafiros azules que representa a la bandera uruguaya y que fue obsequiado por Santos a su mujer Teresa Mascaró, fue subastado en US$ 1.500.

Contrariamente a lo esperado, la escritura de los terrenos del actual Ministerio de Relaciones Exteriores, adquiridos por Santos a Plácido Ellauri en 1885, no tuvo comprador.

Otro de los lotes que alcanzó un precio importante fue el poncho de Joaquín Suárez, por el que se pagó US$ 2.000, mientras que el tintero de porcelana francesa del ex presidente uruguayo alcanzó un valor de US$ 500.

Entre los numerosos documentos que salieron a la venta, el récord lo alcanzó una carta del general Juan Antonio Lavalleja, fechada el 22 de julio de 1839, en la que convocaba a los orientales a unirse a las fuerzas militares que llegarían de Buenos Aires al mando del general Pascual Echague y de él mismo, para derrocar a Fructuoso Rivera. La proclama, de dos carillas, escrita y firmada de puño y letra por Lavalleja, fue comprada por un coleccionista uruguayo que pagó US$ 1.650.

Por su parte, un coleccionista paraguayo pagó US$ 1.300 por documentos relativos a la Guerra de la Triple Alianza.

Cabe consignar que el juego de pechera con monedas de plata y oro y escudos nacionales antiguos, que fue la tapa del catálogo del remate, se pagó US$ 7.200.

El Estado ausente.

Zorrilla, comentó a El País que pese a que se subastaron documentos de gran valor histórico, ningún represente del Estado se hizo presente para comprar piezas. Tampoco ninguna repartición estatal expresó voluntad alguna en adquirir objeto alguno en los días previos.

En su mayoría los objetos subastados provenían de sucesiones, como el caso del poncho y el tintero de porcelana de Joaquín Suárez, así como el lacre de su padre Bernardo Suárez, con el que se estampó la creación de la Villa de Nuestra Señora del Guadalupe, en 1784, hoy Canelones.

Una invitación del emperador Pedro II de Brasil para la boda de su hija dirigida al mismo Joaquín Suárez, en 1843, plena Guerra Grande, fue tan solo una pequeña muestra de los documentos que pasaron bajo el martillo de Zorrilla en esta subasta sobre figuras públicas de la historia nacional, que concitó la atención de coleccionistas locales y del exterior, más no así del Estado uruguayo.

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