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Club de golf pide ayuda para evitar ser un asentamiento

Cancha del Cerro tiene problemas económicos; busca auxilio en la IMM.

El primer nombre del club fue Chimont (abreviación de Chicago y Montevideo). Foto: Marcelo Bonjour
El primer nombre del club fue Chimont (abreviación de Chicago y Montevideo). Foto: Marcelo Bonjour
El primer nombre del club fue Chimont (abreviación de Chicago y Montevideo). Foto: Marcelo Bonjour
El primer nombre del club fue Chimont (abreviación de Chicago y Montevideo). Foto: Marcelo Bonjour
El primer nombre del club fue Chimont (abreviación de Chicago y Montevideo). Foto: Marcelo Bonjour
El primer nombre del club fue Chimont (abreviación de Chicago y Montevideo). Foto: Marcelo Bonjour
El primer nombre del club fue Chimont (abreviación de Chicago y Montevideo). Foto: Marcelo Bonjour
El primer nombre del club fue Chimont (abreviación de Chicago y Montevideo). Foto: Marcelo Bonjour
El primer nombre del club fue Chimont (abreviación de Chicago y Montevideo). Foto: Marcelo Bonjour
El primer nombre del club fue Chimont (abreviación de Chicago y Montevideo). Foto: Marcelo Bonjour
El primer nombre del club fue Chimont (abreviación de Chicago y Montevideo). Foto: Marcelo Bonjour
El primer nombre del club fue Chimont (abreviación de Chicago y Montevideo). Foto: Marcelo Bonjour

El Club de Golf del Cerro vive una crisis financiera a la que no puede hacer frente. Por eso, pidió ayuda a la Asociación Uruguaya de Golf y a la Intendencia de Montevideo, para salvar sus finanzas y evitar "que se convierta en un asentamiento".

Hace poco más de una semana hubo una reunión entre el intendente Daniel Martínez, el presidente del Club de Golf del Uruguay de Punta Carretas, Gonzalo Vertiz; el del Cerro, Nelson Pérez; y el de la Asociación Uruguaya de este deporte, Víctor Zerbino.

La idea es que la Intendencia aporte un dinero —se habla de unos $ 600.000 mensuales durante "algunos años"— para poder hacer frente a los costos que conlleva un predio que la comuna tiene concedido al club cerrense.

Según los voceros del encuentro, en el que también participó el prosecretario Christian Di Candia y el secretario general Fernando Nopitsch, se acordó que los clubes presenten un proyecto para que la comuna colabore con este predio y no desaparezca. En ese texto se detallará la explicación del problema, las necesidades que se requieren y el dinero solicitado.

Uno de los objetivos, comentó Gonzalo Vertiz, es que el club del Cerro ceda la gerencia a los administradores del de Punta Carretas. "Podríamos llevar jugadores, torneos y sponsors, aprovechando la vasta experiencia que tenemos", puntualizó.

El mantenimiento del club preocupa a sus actuales directores, quienes instan a golfistas a asociarse. "Si no se mejora la situación financiera esto termina siendo un asentamiento", puntualizó Nelson Pérez a El País.

Crisis.

El club hoy cuenta con 70 socios. La crisis financiera que padece se intensificó en los últimos meses por la migración de unos 20 miembros a su homólogo de Punta Carretas.

"Fueron socios muy antiguos, que decidieron irse a Punta Carretas por las condiciones que ellos les ofrecieron", comentó Pérez.

Con una cuota mensual de $ 4.000, aseguran que es "mucho dinero" el que se pierde para mantener un club con más de 100 años de historia.

"La inviabilidad va a seguir creciendo. ¿Cuál es la fórmula? Achicar costos ¿Y si achicás costos qué perdés? Servicios. Entonces, la gente se quejará más. Es un círculo vicioso", indicó Pérez.

El mantenimiento diario es lo que los tiene más preocupados. En los momentos de auge, que los supo tener, había 10 personas dedicadas a la conservación del campo de juego. Había especialistas para diferentes partes del terreno, como el green —una zona delimitada en el que el pasto es muy corto y requiere de un cuidado de todos los días— el búnker —obstáculos de arena— y el predio en general. Hoy son solo tres.

En 2014, recibieron una donación de maquinaria para el campo de juego por parte del Royal & Ancient Golf Club de Saint Andrews, uno de los clubes más importantes del mundo. Sus repuestos no son fáciles de conseguir, según contó Pérez al semanario Búsqueda hace dos semanas. Es "otro problema", dijo.

El lugar es utilizado como parque por algunos vecinos para cruzar a sus viviendas. "En ese sentido está perfecto, pero no para jugar al golf", agregó Pérez, quien según socios puso dinero de su bolsillo para batallar contra la crisis.

Hay miembros preocupados por la situación del club. Uno de ellos, antes de empezar su jornada deportiva en el predio, contó a El País que a veces colabora en el mantenimiento. También aseveró que entre varios crearon un torneo hace dos meses "para dar una mano". Hoy se sigue jugando.

El directivo comentó que una de las mayores dificultades que ha tenido el club fue captar socios jóvenes. "Es una institución envejecida", apuntó.

Seguridad.

En total son nueve las personas que se dedican al mantenimiento del predio de 60 hectáreas, cuyo perímetro no cuenta con un cerco y al que cualquiera puede acceder. En una oportunidad intentaron poner uno, pero fue dañado. "No es solo ponerlo. También hay que cuidarlo. Si no le hacés seguimiento, pronto te roban las columnas", indicó Pérez.

Según el directivo, generalmente no hay episodios de inseguridad. Recordó que solo hubo una persona que una vez salió a jugar "tarde" solo y le robaron los palos. De todas formas, lograron recuperarlos horas más tarde. "Existe una estigmatización del Cerro, de que siempre te van a robar. Pero los socios no tienen ningún tipo de problema", apuntó.

El año pasado llegaron a un acuerdo con Prefectura Naval para realizar una recorrida diaria por el lugar.

Centenario.

El primer nombre del club fue Chimont (abreviación de Chicago y Montevideo) por el origen de sus fundadores que llegaron a Uruguay para instalar la planta frigorífica Swift en 1913.

Según reseña el sitio web del club, muchos de los materiales que se usaron para la construcción fueron traídos de Estados Unidos. Hoy alberga un restaurante, un salón comedor, baños y vestuarios para ambos sexos. Luego de que se fue el frigorífico Swift del país, el club tomó la denominación con la que hoy en día se lo conoce.

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