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La ciudad que renació luego de tres minutos de una furia devastadora

Muchos no pueden creer cómo desapareció la ciudad.

Tres minutos fueron suficientes para hundir a Dolores en un infierno jamás imaginado. Todo empezó a las 16:13 horas. Aquí se cuenta lo que pasó a las 16:16. Cuando la ciudad renació desde las ruinas.

Guillermo salió de entre las chapas. Aturdido. Mirando para todos lados. Constatando el desastre. Y chequeando que sus demás compañeros estuvieran vivos. "¡Estoy bien!", gritó y levantó la mano de entre los escombros. Federico lo vio salir de los restos de uno de los siete galpones de Cadol, la cooperativa agraria de la ciudad de Dolores donde el tornado empezó a arrasar.

Él se había refugiado debajo de una máquina procesadora de semilla.

Luis se resguardó con el encargado del área de industrias de la empresa en una casilla que también se vino abajo. Logró, en medio del pánico, registrar un video con su celular que en las últimas horas se hizo viral. El único que salió herido fue Fernando. Algo, no se sabe qué, lo golpeó con fuerza en la cabeza. Ayer ya se recuperaba en el Hospital de Mercedes.

Cadol es escombros y restos de maíz, que se desprendieron de bolsas almacenadas. Cables y chapas que se enredan. Deberán esperar a cobrar el seguro. Los empleados vagan como fantasmas por el predio, tratando de acomodar las cosas. No saben por dónde empezar.

En el frente, hacia la calle, está el comercio donde se realiza la venta al público. Allí estaba Rafael, también empleado, que predijo lo que pasaría unos minutos antes: "Vi las líneas de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Calculé que cuando se cruzaran los dos vientos iban a descender en forma de tubo".

Gritó a todos que buscaran refugio. Y llamó para su casa para alertar a su mujer. Ella se resguardó en el baño. Se tiró al suelo. Una vez que pasó el tornado volvió a telefonear. Nadie contestó. Agarró la moto y salió para su casa. No son más de dos kilómetros, pero fue el viaje más largo de su vida. Cuando llegó había algunas ventanas rotas, pero ella estaba bien.

Sin nada.

Frente a Cadol, segundos antes del tornado, Martín, de 15 años, charlaba con un amigo cuando el viento le arrancó el gorro Nike de la cabeza. Era su preferido. Salió a correrlo. Cuando llegó a la esquina la ventolera lo desestabilizó. Atinó a treparse a una columna. Se abrazó a ella y esperó. Tras el pasaje del tornado cayó al piso desangrado. Una chapa le hizo un corte en la cabeza. "Cuando lo vi me desesperé. Ahora está bien. Haciendo reposo", dice su madre, Virginia, que en ese momento estaba comprando una torta de cumpleaños para otro de sus hijos.

En la casa de Virginia viven 10 personas, siete son niños. Menos Martín, los demás estaban dentro de la casa. La cuñada de Virginia se refugió con ellos en el baño. El viento rompió las ventanas. Algunos vidrios quedaron incrustados en la puerta del baño.

Pablo y Jorge, tíos de Virginia, vivían en la casa de al lado. Lo perdieron todo. Su vivienda ahora es escombros. No quieren ir al refugio. Están viviendo en un auto. Dicen que pasó una cuadrilla de arquitectos y confían en que "Tabaré Vázquez lo va a construir todo de vuelta".

Lo que más lamenta Pablo frente a lo que fue su casa, en el medio de pedazos de camas, cables de algún indescifrable electrodoméstico, telas de lo que fue alguna vestimenta —tanto él como su hermano están usando ropa que le dieron en el refugio—, es "una plata" que tenía guardada y el cargador del celular. Está sin teléfono. Cuando pasó el tornado, Pablo estaba en la carnicería. El comerciante le preguntó: "¿Pero qué es eso Pablo?". Él se acercó a la ventana, miró, y gritó: "Es un huracán o un tornado, cerrá que se viene". Cerraron la puerta. Se pusieron de espaldas. Se taparon la cabeza. Y aguantaron el viento y la lluvia de vidrios rotos.

Un poco más lejos, el viento se acercaba al jardín de infantes donde Patricia es maestra suplente. Un zumbido fuerte se empezó a sentir. No sabía qué era, pero tenía claro que no era nada bueno. Los niños estaban cada vez más nerviosos.

"Los hice hacer una ronda. Nos agarramos todos de la mano. Y nos pusimos a jugar a la rueda, rueda", cuenta Patricia. Algunos no se daban cuenta de nada, otros cantaban mientras se les caían las lágrimas. "Dábamos vueltas y veíamos afuera como venían volando las chapas y se daban contra el piso", dice la maestra. Una vez que pasó el tornado, los padres empezaron a llegar corriendo al jardín. Ahora eran ellos los que lloraban del alivio de ver a sus hijos sanos.

Patricia llamó de inmediato a su madre. Y se enteró que se había salvado por poco, refugiada en un baño de la iglesia evangélica en la que solo quedaron tres cosas en pie: los dos baños y el altar. Lo demás se convirtió en polvo.

La pastora de la iglesia, Carola, fue la de la idea de meterse en el baño. "Éramos cinco, cuatro mujeres y un varón, Hugo. Cuando sentí el zumbido le dije que nos metiéramos en el baño. Vinimos sólo las mujeres, él no sé si no quiso venir con nosotras…", cuenta.

Desde el baño no sintieron más que la ruptura de vidrios. Al rato, una de ellas se animó a abrir la puerta. Asomó la cabeza y le dijo sorprendida a Carola: "El salón ya no está". No había nada. Ni siquiera estaba Hugo. Lo buscaron unos minutos y luego salieron para sus casas, a ver si estaba todo bien. Carola vive al lado. Llegó y vio que su hijo chico estaba a salvo. Luego volvió a buscar a Hugo que apareció al rato. Se había refugiado bajo una mesa. Apenas pasó el tornado corrió a su casa a ver cómo estaba su familia. También estaban a salvo.

El suboficial mayor Marcelo Garay venía en la carretera con su mujer, su hija y su sobrina, cuando vio el tornado "que parecía tener papeles encima", pero que en realidad arrastraba chapas de techos.

Garay llegó el mismo viernes a hacerse cargo del destacamento de Bomberos de Dolores. Era su primer día. Cuando vio "el embudo que se estaba formando" buscó un lugar donde parar. "Se me venía de frente y no tenía dónde refugiarme, encontré una portera abierta y me metí en una estancia", cuenta. Segundos después pasó el tornado, a su alrededor volteó árboles y columnas del alumbrado público. Eran sólo 15 hombres los que estaban trabajando en la ciudad —hoy son 70, pues fue enviado apoyo desde varias comunidades. Cuando llegó estaban rescatando a un hombre de entre las ruinas de un taller mecánico. Dos hombres se habían refugiado allí. Solo uno sobrevivió.

Dos niños graves en CTI entre las víctimas

El Hospital de Dolores está destruido. El tejado se voló y empezó a inundarse todo: la sala de internación, la de rayos X —están esperando a que el aparato se seque para prenderlo y constatar lo que sospechan: que se quemó—, la emergencia y sala de operaciones. Había 14 pacientes internados. Todos debieron ser trasladados. Debieron reinstalar la emergencia en otro lugar del edificio: un subsuelo que quedó sano. La directora subregional, Cecilia Costa, se hizo cargo del centro media hora después del tornado. Estaba en Mercedes. Dice que al principio llegaban a la emergencia por "aplastamientos, fracturas y heridas cortantes". Más tarde, empezaron "los ataques de pánico y las crisis nerviosas". Y luego comenzaron a llegar "los voluntarios que por colaborar se lastimaron".

Ayer había seis ambulancias al servicio del hospital, el cual fue visitado por un grupo de arquitectos de ASSE. Voluntarios del Sunca trabajaban arreglando las rupturas más evidentes. El tornado dejó dos niños graves, que ayer estaban en el CTI y que fueron derivados desde el Hospital de Dolores a otros centros. Marcelo, es tío de uno de ellos, que tiene cinco años y que está estable. Al momento del tornado el niño estaba en casa de una tía, que tiene 70 años. "Se le fracturó el cráneo. Creemos que un vidrio de la ventana impactó contra él, pero no sabemos bien porque la tía quedó shockeada", contó Marcelo. "Él en realidad llegó sin vida al Hospital Policial, donde lo trasladaron. Para reanimarlo le echaron suero caliente, entonces tiene quemaduras de segundo grado. El lunes movió una pierna, así que la siente, eso es lo mejor. Va a estar bien", confía el tío.

Los niños que se quedaron sin hogar tras el tornado tratan de recomponer sus vidas. <br>Foto: F. Ponzetto
Los niños que se quedaron sin hogar tras el tornado tratan de recomponer sus vidas.
Foto: F. Ponzetto
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