Discordia por Ecolat

Cierre, culpa y sospecha

La salida del Grupo Gloria tiene en vilo a 400 empleados y sus familias, la mayoría de Nueva Helvecia, y pega en la industria láctea. Pero lejos de divisar el impacto que tendrá esta decisión, en el pueblo todo parece rodar en torno a quién tuvo la culpa y la noticia está rodeada de sospechas. En medio, el gobierno fijó postura contra la empresa.

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La Federación de Sindicatos de la Leche resolvió un paro de 24 horas. Foto: P. Clavijo

El cierre de Ecolat, la fábrica de productos lácteos que a partir de 1978 erigió Jorge Gutman, es un puñetazo en el rostro de Nueva Helvecia, la orgullosa ciudad del este de Colonia. La pérdida de más de 400 puestos de trabajo calificados y de muchos otros indirectos puede hacer que la próspera colonia de los suizos se asemeje un poco a Rosario y Juan Lacaze, las vecinas desindustrializadas y empobrecidas desde hace largo tiempo.

El grupo de capitales peruanos Gloria, propietario de Ecolat, puso el jueves candado a una enorme fábrica, que llegó a ser la segunda exportadora de lácteos del país, y cuyos empleados, los del rango más bajo, ganaban 20.000 pesos en la mano por mes.

La planta todavía está funcionando pues el proceso de cierre demandará unos días. Aunque todavía no se ha dimensionado el impacto, es evidente que Nueva Helvecia sufrirá. "Es demasiado para una ciudad de 11.000 habitantes", comentó María de Lima, alcaldesa de la ciudad desde 2010 que ahora va por su reelección.

En un principio la decisión de la empresa sorprendió a las autoridades del Ministerio de Trabajo que mediaban con los empleados para buscar una solución. Rápidamente la reacción subió de tono, se acusó a los peruanos de tener mala intención y en el correr del día de ayer el gobierno y Ecolat intercambiaron versiones sobre los pasos dados (ver recuadro).

Por su parte, la mesa de la Federación de Trabajadores de la Industria Láctea, discutió ayer medidas a tomar. Por diferencias entre las dirigencias de los sindicatos que lo componen se resolvió ir a un cuarto intermedio el lunes. Lo que ya decidieron es que habrá un paro de 24 horas la semana que viene (con día a definir), y una asamblea más adelante para evaluar incrementar las medidas de reclamo.

Declive y división.

Los rumores sobre despidos masivos en Ecolat, la antigua Lactería, que comercializa productos bajo la marca Parmalat, se apoderaron de Nueva Helvecia a mediados de octubre.

Gloria sostuvo que la baja del precio internacional de los commodities, en particular el de la leche en polvo —que cayó a la mitad aunque ahora se recupera— llevó a grandes pérdidas. Propuso reducir su plantilla en Uruguay de 430 a unas 130 personas: 105 en Nueva Helvecia y el resto en la oficina comercial y polo logístico, en la avenida Millán de Montevideo.

Después de muchos cabildeos, 92 funcionarios aceptaron su despido a cambio de siete salarios y casi dos centenares comenzaron a rotar en el seguro de paro.

Pero a partir del 4 de febrero se iniciaron los despidos vía telegrama. En muchas viviendas de Nueva Helvecia se rezó para que el cartero siguiera de largo. Y en la gran planta del camino Wilson Ferreira Aldunate, casi Federico Fischer, el sindicato se enfrentó a los gerentes. Menudearon amenazas e insultos. La fábrica, que ya recibía escasa materia prima, quedó de hecho bajo control sindical. Recién una semana después, el miércoles 11, seis gerentes ingresaron a la planta y retomaron su trabajo. Pero al día siguiente el Grupo Gloria hizo pública su voluntad de cesar sus actividades en Uruguay.

El director de Trabajo, Luis Romero, veterano sindicalista de Funsa, acusó al Grupo Gloria de venir a "joder" a los trabajadores y al país. Fue una muestra de impotencia tras semanas de negociaciones estériles. Pero difícilmente un inversor cierre una fábrica por la que pagó unos 35 millones de dólares, y a la que luego agregó más instalaciones y equipos.

El año pasado el Grupo Gloria comenzó a montar junto a su fábrica de Nueva Helvecia una estructura anexa de 5.000 metros cuadrados, destinada a una nueva fábrica para producción intensiva de quesos y leche en polvo. También adquirió en Bélgica maquinaria de alta tecnología, con poco uso, y muchos otros equipos que están depositados en contenedores.

Pero a fines del año pasado resolvió que la elaboración de quesos, a la que habían apostado tanto, ya no era negocio. Proponían producir solo leche larga vida, manteca y yogurt con menos personal. Buena parte de los quesos se vendían a Venezuela, país que tiene un sistema cambiario endemoniado y que paga tarde y mal.

Fuentes empresariales dijeron a El País que es probable que los peruanos hayan subestimado a Conaprole, la principal industria láctea del país, que controla el mercado interno y significa alrededor del 67% de las exportaciones del rubro. Conaprole recibe leche de algunos productores de la Colonia Suiza para su planta del kilómetro 79 de ruta 1, tiene buenos contratos de largo plazo y ha podido pagar mejores precios para retenerlos.

Algo parecido ha hecho Indulacsa, competencia directa de Ecolat. A partir de 2012 la empresa de capitales mexicanos, que contrató a algunos gerentes de Ecolat para su planta de Cardona, comenzó a captar buena parte de los productores de leche de la zona de Nueva Helvecia. El año pasado, cuando el Grupo Gloria despidió a varios gerentes de Ecolat, admitió una mala gestión de ciertos asuntos que favorecieron a sus competidores directos.

Ecolat recibía más de un millón de litros diarios en 2008, unos 650.000 en la primera de 2013 (el 20% de toda la producción uruguaya) y apenas 55.000 este verano. Semejante caída se explica por una rebaja de precios aguda al productor, que emigró hacia otras plantas, y a un plan deliberado de achique y cierre, según fuentes sindicales.

"Cada vez llega menos leche", advirtió hace unos días Ricardo Izaguirre, presidente del Instituto Nacional de la Leche (Inale). "Por la vía de los hechos, la empresa se está haciendo inviable".

El 22 de septiembre de 2004 unas 4.000 personas de Nueva Helvecia formaron una cadena humana de 3,5 kilómetros, entre la planta industrial y el centro de la ciudad, en defensa de las fuentes de trabajo puestas en riesgo por la quiebra fraudulenta de Parmalat en Italia. Diez años después, el sentimiento de la comunidad es otro: el viernes 6 el sindicato de Ecolat organizó una marcha por la ciudad y participaron unos pocos cientos.

"Yo voto al Frente Amplio pero al sindicato se le ha ido la mano desde hace tiempo", dice una comerciante del lugar. "Acá la gente no está muy a favor del sindicato, aunque parece que los peruanos tuvieron una actitud zigzagueante".

Esa impresión fue confirmada ayer por Héctor Torres, hasta hace una semana suplente de la alcaldesa María de Lima y ahora titular. "Me preocupa realmente la división que hay en la ciudad de Nueva Helvecia por el tema", comentó.

El sindicato de Ecolat, donde el MPP es fuerte, manifiesta cierto nacionalismo primario ante las empresas "buitre", en medio de una población muy consciente de sus ancestros extranjeros y de la importancia de la inversión externa.

"Los trabajadores de Ecolat estaban habituados a que la empresa cambiaba de manos y siempre venía alguien a poner dinero", sostuvo una fuente política.

Javier Fandiño, un técnico en lechería que es secretario general del sindicato de Ecolat, acepta que no son muy queridos por la población debido a su elevada combatividad. También cree que al gobierno le ha faltado "visión para obligar (al Grupo Gloria) a trabajar a tope o irse; o incluso a ingresar a la planta, con el dueño presente, para comprobar la presunta falta de rentabilidad".

El miércoles 11, cuando el cierre era inminente, Fandiño estimaba que convertirse en cooperativistas para explotar la planta era "la última opción" del sindicato. Es consciente de los escasos éxitos obtenidos en Uruguay por "empresas recuperadas" con dineros públicos.

Días atrás se supo que el grupo francés Lactalis compró la firma mexicana La Esmeralda, propietaria de Indulacsa. Lactalis además es dueño de la marca Parmalat, que Ecolat explota bajo licencia. En suma: Indulacsa, con plantas en Salto y Cardona, desnudó de productores a Ecolat, que no supo retenerlos, y pronto también le quitaría su marca insignia.

Fuentes del gobierno, replicadas por dirigentes sindicales, deslizan varias sospechas. Una: el grupo francés Lactalis viene no solo por Indulacsa sino también por otras industrias de la zona, como Ecolat y Schreiber Food. Dos: los peruanos del Grupo Gloria, hartos de un sindicato muy duro, bajan la cortina, esperan un tiempo prudencial y reabren con el personal deseado, 100 empleados, especializándose en quesos y leche en polvo.

El tiempo dirá cuán sólidas son esas presunciones.

El gobierno dejó atrás mediación y fijó su postura


Lejos, muy lejos de una calma aceptación de la noticia, en el gobierno salieron duro ayer al cruce de Ecolat, que el jueves comunicó su retirada por considerar que no estaban dadas las condiciones para llevar a cabo una reestructura de la empresa.

El director de Trabajo, Luis Romero, desmintió en los programas de radio de la mañana que alguna de las autoridades hubiera sido notificada del cierre antes que la prensa. "Al ministerio no llegó ninguna comunicación", aseguró en Océano. En Carve agregó: "Propuestas hay. Si hay una decisión de irse, lo que ha hecho el Grupo Gloria es perder mucho tiempo al Ministerio de Trabajo, de Industria y de Ganadería".

A su vez, el ministro de Economía, Mario Bergara, le restó trascendencia al hecho de que los peruanos no hayan logrado el éxito en su negocio. "La preocupación en el caso de Ecolat es sobre el proceso específico de la empresa, pero sobre todo de los cientos de trabajadores que están involucrados. Habrá que ver que esta decisión de la empresa no tenga las consecuencias negativas sobre los trabajadores; confiamos en que el mercado uruguayo va a estar absorbiendo esta situación. Esa es nuestra preocupación, no la de que una empresa que ni siquiera ha comunicado formalmente el asunto quiera retirarse", afirmó en rueda de prensa.

En tanto, sobre el final de la jornada Ecolat emitió un comunicado en el que precisó la secuencia de comunicaciones con actores del gobierno. De acuerdo a la empresa, el jueves de mañana hubo una reunión en el Ministerio de Trabajo en la que el gobierno formuló oralmente una propuesta. Ecolat dice que en esa misma instancia manifestó que consideraba "quebrados el principio de autoridad y la relación de confianza con los trabajadores, imprescindibles para continuar la operación". Acordaron volcar esas posturas por escrito. Luego de recibir la propuesta, a las 17.45, en nombre de la empresa, Fernando Bustamante reiteró la postura y por mail comunicó el cierre a tres ministros involucrados. Luego liberó el comunicado de prensa y a las 22 horas notificó al sindicato.

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