GOBIERNO BRASILEÑO APAGA CONTROVERTIDA USINA

Cierran planta acusada de contaminar en la frontera

Gobierno brasileño clausuró la usina de Candiota, cerca de Cerro Largo.

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Candiota: la central termoeléctrica fue multada y clausurada. Foto: Néstor Araújo

La central termoeléctrica de Candiota, ubicada a unos 40 kilómetros de la frontera de Cerro Largo con Brasil, fue finalmente clausurada por las autoridades del vecino país tras reiteradas denuncias de contaminación. Además, la agencia medioambiental brasileña Ibama multó con 75 millones de reales (unos US$ 25 millones) a la planta, considerada la segunda mayor central eléctrica de carbón del vecino país.

Pero en el lugar de los hechos, pocos conocen la medida del gobierno de suspender la actividad. Los que están al tanto lo celebran porque —aseguran— "se va a terminar la contaminación". Quienes están en una incertidumbre total son los casi 2.000 trabajadores que, pese a que la central se encuentra fuera de servicio, igualmente siguen concurriendo a sus lugares de trabajo.

El Municipio de Candiota tiene varios barrios satélites y cerca de 12.000 habitantes que se dedican a tareas de campo, a la producción de arroz, a trabajar en comercios, supermercados y estaciones de servicio. Algunas mujeres desempeñan tareas en centros de salud y en otras oficinas. Y son muchos los que trabajan para la usina.

A la entrada a la ciudad hay un arco gigante que da la bienvenida al Municipio de Candiota, una estación de servicio, una rotonda y un complejo de apartamentos donde parece que ya se está ingresando a la planta urbana. Sin embargo, hay que transitar otros siete kilómetros por una ruta en muy mal estado, sin casas, para llegar a una zona poblada con otra estación de servicio, un supermercado, plazas, avenidas y parques con casas bien presentadas y coloridas. Luego se continúa la ruta para llegar a la usina termoeléctrica.

Cuando El País llegó a los comercios y plazas a preguntar a los vecinos si estaban enterados de la resolución de detener la operativa de la usina termoeléctrica, la gran mayoría dijo que no. Solo un vendedor de discos que estaba instalado en la plaza indicó que había leído el Journal y que estaba interiorizado de la situación.

Contaminación.

Todos rechazan la contaminación que provoca la central. "Nosotros estamos festejando el cierre de esta usina", dijo una señora que pasaba en bicicleta y que fue consultada al respecto. "Sabe que mi marido está enfermo desde hace 20 años", dijo. "Padece problemas respiratorios y los médicos dijeron que es a consecuencia del polvo de carbón de esta usina", agregó la mujer.

Los vecinos se quejan de las enfermedades respiratorias. "Aquí nunca nadie controló, cuando llueve, el agua cae negra, sucia", dijo la propietaria de un trailer que elabora comidas rápidas. "Basta con dejar un recipiente afuera y recogerlo después de las lluvias", declaró. Tabién se lamentó por los que podrían quedar sin trabajo.

"No sabía del cierre", dijo otra vecina que vive hace 20 años en la ciudad.

Un paisano que paseaba su caballo por la plaza dijo que nada había oído sobe le tema. Quieren que se cierre pero al mismo tiempo tienen temor a que ello provoque desocupación. "Aquí trabajan mineros, técnicos en electricidad, remises, micros y taxis; así como las estaciones de servicio, las empresas del transporte de carga y el servicio gastronómico para los trabajadores, entre otras fuentes indirectas, sostuvo el chofer de uno de los ómnibus que esperaba a los obreros para regresarlos a Bagé.

A la hora que El País llegó a la planta, a las 17:00 de la víspera, abandonaban uno de los turnos cerca de 600 funcionarios. Están asistiendo a sus lugares de trabajo pero no hacen más que el mantenimiento de las instalaciones. "Estamos parados, todo está inactivo aquí y no sabemos qué va a pasar con nuestro trabajo", sostuvo un obrero de una empresa tercerizada que cumple tareas para Candiota. Trabajan en total en todos los turnos cerca de 2.000 trabajadores, muchos de empresas privadas.

Trabajadores.

La mayoría de los trabajadores viven en Pelotas y van en ómnibus a trabajar, otros viven en Bagé e incluso en otros pueblos como el municipio de Hulla Negra y de la propia Candiota, según narró una funcionaria de la usina que atiende al público e informa de la operativa de la planta. La usina se encuentra en una zona muy baja: recién se la puede visualizar cuando se ingresa al área restringida de sus propias instalaciones, en medio de un espeso bosque de eucaliptos que le da sombra a casi toda la estructura. Hay un fuerte dispositivo de seguridad para ingresar, según constató El País. Allí hay además un acceso para los trabajadores, otro para el transporte de carga, uno con un resguardo y tres guardias de seguridad (para visitas tanto didácticas como de prensa o de autoridades) y una cuarta puerta al fondo para el ingreso del material de mantenimiento y las herramientas.

Un cliente polémico para Ancap.

Hace una semana la ministra de Industria, Carolina Cosse, dijo que algunas de las 14 subsidiarias de Ancap podrían cerrar. Un caso podría ser el de la planta de cal, ubicada a 22 kilómetros de Treinta y Tres, que tenía como única compradora a la central de Candiota, donde era utilizada para mitigar los efectos de la "lluvia ácida".

El año pasado trascendió que Ancap estaba abonando a empresas de camiones brasileñas US$ 85 por llevar cada tonelada de cal a la planta, mientras los transportistas uruguayos estaban en condiciones de cobrar US$ 50 por llevar cada tonelada.

La empresa "sorprendida".

La planta forma parte de la Sociedad Térmica de Generación de Electricidad (CGTEE), perteneciente a Eletrobras (el órgano del gobierno brasileño responsable de la generación y distribución de energía eléctrica).

La CGTEE se manifestó "sorprendida" por la multa y clausura, y a través de un comunicado aseguró que "las determinaciones emitidas por los organismos ambientales se han cumplido".

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