JORNADA GASTRONÓMICA EN LA ESCUELA SUECIA

El "chef de los reyes" enseña a cocinar a niños de Las Piedras

El uruguayo Germán Olmedo vino desde Suecia y dio una clase magistral.

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Niños de la escuela N° 192 fueron ayudantes del chef Germán Olmedo. Foto: F. Flores

Una fila de 15 niños aguardaba ayer en la puerta de una de las aulas de las Escuela Suecia, en Las Piedras. Sus rostros mostraban curiosidad y ansiedad por saber qué era lo que les esperaba en el interior; algunos, incluso, no resistían la tentación e intentaban espiar a través de las ventanas. "¿Vamos al taller de cocina?", preguntó uno de los niños. Al recibir una respuesta afirmativa exclamó levantando las manos: "¡Vamo’ arriba!".

Adentro, estaba realizando los últimos preparativos el reconocido chef uruguayo Germán Olmedo. El mismo que trabajó como cocinero durante una de las célebres cenas de los Premios Nobel en Suecia, y que ha cocinado para los reyes escandinavos y también para cientos de refugiados de Siria y Afganistán, cuando estaban alojados en carpas en el puerto de Atenas. Allí estuvo cocinando de forma gratuita durante seis semanas.

En esta oportunidad, durante una breve estadía en Uruguay, decidió dedicar una mañana para enseñarles a cocinar a los alumnos de una de las escuelas especiales de Canelones, a la que asisten niños con distintas discapacidades. El objetivo es que conocieran un poco más de la cultura de Suecia, donde Olmedo (32 años) reside desde hace más de una década.

"La idea surgió junto con Santiago Wins, el embajador de Uruguay en Suecia, que estuvo de visita en Uruguay y nos encontramos en un restorán donde planeamos distintas actividades. Una de ellas fue la posibilidad de encontrar una escuela que nos permitiera, de alguna forma, acercar a los alumnos a la cultura sueca y elegimos la de Las Piedras. Si bien la escuela lleva el nombre de ese país, veíamos que no había mucho acercamiento en lo que es el tema cultural, no sabían mucho acerca del país, del tipo de clima o el idioma que se hablaba", explicó Olmedo.

Para ello, además de la clase de cocina, hubo tres talleres más, todos a cargo de uruguayos que viven desde hace muchos años en Suecia y estaban de visita en Uruguay. El primero fue de geografía, brindado por Miguel Ángel Cabrera. A los niños se les mostró imágenes de nueve ciudades de Suecia, se les explicó las costumbres de vida en cada una de ellas y sus características especiales. Otro taller lo brindó el docente Carlos Pebaque, un especialista en vidrio y cristal que hace más de 30 años fundó en Suecia una empresa dedicada a la realización de artesanías con esos materiales. Por último, hubo una clase brindada por Lucía Almada en la que se les enseñó a cantar el "feliz cumpleaños" en sueco, y también a decir "gracias", "hola", y "buenos días", en ese idioma.

Manos en la masa.

Una vez que el chef terminó de ordenar los ingredientes sobre la larga mesada de metal, los niños ingresaron a la clase.

Cada uno se colocó un delantal y un gorro de cocinero, y se lavaron cuidadosamente las manos. Una vez prontos, se pusieron alrededor de la mesa y las miradas se centraron en el hombre que tenían enfrente, vestido con uniforme blanco con banderas de Suecia en el cuello, que utilizan los que cocinaron para la Fundación Nobel.

Lo primero que hizo fue contarles lo que iban a cocinar: unos bizcochos de canela (Kanelbullar, en sueco), un alimento típico de las fechas festivas.

El objetivo era hacer 100 bizcochos para que fueran degustados después del almuerzo por todos los alumnos y profesores de la escuela.

Los niños ayudaron al chef en distintas tareas. Algunos batían la leche, la canela y la manteca, mientras que otros amasaban. La idea era que todos participaran, turnándose para realizar los trabajos.

Ana María Alzate, directora de la escuela, no ocultaba su satisfacción. Los niños estaban contentos y aprendieron "de una forma más lúdica que teniéndose que sentar y retener información".

Escuela "referente" en Canelones.

La Escuela Suecia N°192 en Las Piedras fue fundada en 1962. Actualmente cuenta con 114 alumnos inscriptos, muchos de los cuales tienen alguna discapacidad. "La idea es que haya integración. A aquellos niños que por diferentes motivos no están incluidos en la escuela común, el sistema educativo les proporciona esta alternativa", explicó la directora de la institución Ana María Alzate. "Lo que se plantea aquí es un diseño universal de enseñanza, porque cuando yo tengo dentro de una misma clase a niños con discapacidad motriz, otros con discapacidad intelectual, visual o auditiva, y otros con trastornos sociales o emocionales, tengo que incluir imágenes, palabras y sonido para que todos puedan aprender por igual", explicó Alzate. Según expresó, es una escuela referente en el departamento y la que cuenta con más alumnos.

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