Banda de presos extorsionaba a empresario en el Comcar

Chantajistas cayeron en trampa con dinero falso

Un empresario de 53 años, que había sido remitido a la cárcel en julio pasado por una estafa con cheques sin fondos, era víctima de sucesivas extorsiones en el penal de Santiago Vázquez (ex Comcar) por parte de otros reclusos.

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Grupos de presos amenazaban a importador recluido. Foto: D.Borrelli.

Fuentes judiciales dijeron a El País que una banda de presos le exigió a la pareja del empresario que realizara dos pagos de $ 10.000 a cambio de asegurarle la integridad física a él y a otro amigo que se encuentra alojado en el Módulo 4 del penal.

Luego de haber cobrado ese dinero, los reclusos amenazaron de muerte al empresario si su familia no realizaba un tercer pago de $ 300.000.

"Vos tenés dinero. Te mandaste una joda grande con los cheques. Tenés para pagarnos", le decían a la víctima los presos extorsionadores cuando se encontraban con él en los pasillos del Módulo 4 del Comcar.

Sabían que el monto de la estafa perpetrada por el empresario ascendía a US$ 500.000.

El hermano y la cuñada de R.A, líder de la banda de extorsionadores, actuaban como cómplices desde afuera cobrando a la familia del procesado los depósitos de dinero efectuados a través de una red financiera. Dentro del Comcar, la banda de presos le decía al empresario que velaba por su seguridad.

La pareja del empresario, una joven de 22 años, cansada de la persistencia de los extorsionadores, concurrió al Departamento de Información y Análisis Penitenciario ( DIAP) para denunciar las amenazas y el pedido de dinero. Los policías iniciaron una investigación y concibieron un minucioso plan para desbaratar la banda.

La trampa.

El sábado 8, la jueza de 14° Turno, Helena Mainard, y el fiscal Ariel Cancela autorizaron una entrega vigilada del dinero por parte de familiares del preso amenazado de muerte. La entrega se haría en San José.

La pareja del recluso amenazado llegó al lugar de la cita con un abultado sobre conteniendo dinero falso. Dos personas se le acercaron. A poca distancia, efectivos del DIAP, liderados por el comisario Carlos Rodríguez, filmaban la escena. Luego que se concretó la entrega del sobre, los policías detuvieron a los receptadores. Se trataba del hermano y la cuñada de R.A., compañero de módulo del interno amenazado.

La jueza Mainard y el fiscal Cancela reprocesaron al líder de la banda de reclusos por incurrir en un delito de extorsión en calidad de autor; su hermano y su cuñada fueron procesados con prisión por la comisión de un delito de extorsión en calidad de autor y coautor en calidad de cómplice.

El director del Instituto Nacional de Rehabilitación, Luis Mendoza, ordenó que el interno extorsionado sea realojado en otro centro penitenciario; el mismo tiene un compañero de causa que hasta el momento no ha recibido amenazas en el módulo en el que se encuentra. Sin embargo, la Policía supo que también recibió "ofertas" de seguridad.

Cheques robados.

El empresario amenazado fue detenido en los primeros días de julio de este año luego de una investigación de efectivos de la Seccional 10a en el marco de una megaestafa por US$ 500.000 con cheques robados.

La detención se produjo en un apartamento ubicado en la rambla y Bulevar Artigas. El empresario era el líder de una organización integrada por otras cinco personas. Todos ellos fueron procesados con prisión por el juez Pedro Salazar por estafa y asociación para delinquir.

En 2001, este empresario también realizó estafas con cheques robados y se afincó en Piriápolis. Allí también sufrió extorsiones por parte de un policía y delincuentes.

Delito común entre rejas.

El cobro de "peajes" a reclusos adinerados o que efectuaron una gran estafa es moneda corriente en las cárceles. El Instituto Nacional de Rehabilitación recibe decenas de denuncias por año por este tipo de extorsiones que incluye amenazas de muertes y algunos golpes. Sin embargo, ningún caso terminó en la muerte de un recluso amenazado. Las extorsiones se realizan al recluso, a su familia cuando concurre a la visita en los establecimientos carcelarios, o en su propia casa.

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