Joven y su sobrino de 5 años baleados en Tres Ombúes, en puja de barras

Casa de miedo: dos crímenes a la misma hora en días distintos

Es la casa de la tragedia. Desde la cocina, una madre escuchó los 12 tiros que pusieron fin a la vida de su hijo de 19 años y dejó heridos a otros tres amigos. Tres meses más tarde, a la misma hora y en el mismo lugar, una pareja, primos del joven asesinado, observó cómo un adolescente disparó desde la calle y su hijo de cinco años cayó herido de un balazo en la cabeza.

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"No tires que hay niños, le dijo la madre al menor"

"Me arrancaron a mi hijo de la puerta de mi casa; él no andaba en nada raro y lo mataron porque sí", dijo Alba Rodríguez, madre de Matías San Martín (19) muerto de un disparo en el tórax en la noche del 24 de julio pasado.

A las 19:30 horas de ese día, Alba le preguntó a su hijo qué quería comer porque sabía que a las 21:00 estaría acostado. Al otro día, Matías se levantaba a las 6 de la mañana a concurrir a clases de informática brindadas por el programa del Mides "Yo estudio y trabajo", según señaló Alba a El País.

Matías le respondió que se iba a encontrar en la puerta de su casa con cuatro amigos a beber una Coca-Cola y charlar durante un rato. Alba dijo que todos ellos estudian o trabajan.


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Una fuente judicial confirmó que ningún integrante del grupo que se reunió frente a la casa de Alba tenía antecedentes penales. Sin embargo, eran amigos de "los brasileros" una "barra" de jóvenes que vivían a una cuadra de allí. Los "brasileros" estaban enfrentados a "los Acosta", otra familia de Tres Ombúes, según consta en la investigación realizada por el juez del caso, Gustavo Iribarren.

A las 19:45 del 23 de julio pasado, los Acosta dejaron la moto en Francisco Oliveres y Adolfo Rodríguez Mallarini. En silencio, caminaron una cuadra. Al llegar a la esquina de Oliveres y Groenlandia, observaron a los cinco jóvenes que charlaban frente a la casa de Matías. Constataron que los "brasileros" no estaban allí. Sin embargo, uno de ellos extrajo una pistola. Con frialdad, tiró 12 tiros contra los jóvenes pese a que los conocía desde hacía tiempo. Seis balazos dieron en el blanco. Dos pegaron en las piernas de uno de los muchachos, que quedó caído en la cuneta. Un tercero impactó en la zona lumbar de otro adolescente. Y un cuarto, en el codo de otro joven. Matías San Martín corrió por el costado del muro del frente de su casa. En la huida, se le cayeron los documentos. Giró su cuerpo hacia el tirador. En ese momento recibió un disparo en el tórax. Malherido, el joven ingresó por el portón de su casa y falleció en el costado de la vivienda.

El único ileso fue uno de los adolescentes que vio llegar a los desconocidos y tuvo tiempo de correr a esconderse en la casa de Matías.

A pocos metros, en la cocina, Alba pensó que alguien estaba tirando bombas brasileñas. Después escuchó los gritos de los heridos.

Alba corrió hacia afuera. No vio a su hijo y se dirigió, desesperada, hacia la plaza ubicada a dos cuadras de su casa. Matías era su único hijo varón. Su compañero.

En el camino, una vecina la interceptó. "Tu hijo está muerto. Está tirado en un costado de tu casa", le dijo con una extraña frialdad.

Alba regresó corriendo hacia su casa. Observó el cuerpo de Matías. Sus dos hijas y otros vecinos le impidieron acercarse al joven caído.

Matías fue trasladado al Centro Coordinador del Cerro por un vecino. El joven falleció poco después. "Los homicidas se acercaron y le tiraron a mi hijo. Sabían que no estaban allí ninguno de los brasileros. Mataron por matar. Son asesinos y yo quiero que ellos paguen por la muerte de mi hijo", dijo Alba.

La madre expresó que crió sola a sus tres hijos. "Me rompí el alma para sacar adelante la familia", dijo.

Alba trabaja como guardaparque del centro cívico de Tres Ombúes y en una casa de salud.

Tres días después de la detención de los supuestos matadores, uno de los Acosta fue a su casa a amenazarla. Como no se encontraba bien de ánimo por lo ocurrido con su hijo, Alba no lo atendió. Horas más tarde, envió a sus dos hijas, Patricia y Joselin San Martín, a hablar con él.

"Si mi hermano termina procesado, voy a hasta la casa de ustedes y mato hasta el perro y el gato", amenazó el joven.

El juez Iribarren procesó con prisión a dos sujetos, entre ellos uno de los Acosta, por un delito de homicidio y dos delitos de lesiones graves. Otros dos individuos confesaron ser autores del crimen de Matías. Fueron remitidos a la cárcel por encubrimiento.

Drama

El 29 de octubre de este año, el niño Johan Flores, de cinco años, jugaba a metros de donde había caído moribundo Matías, su familiar cercano.

Ese día, los padres de Johan charlaban con un adolescente de 15 años apoyados en el muro de la casa. La familia vivía en un pequeño apartamento ubicado en el fondo de la casa de Matías San Martín.

Otro menor, de 16 años, pasó en moto por la calle Francisco Oliveres mirando amenazante hacia la casa. La madre de Johan caminó hasta la esquina y lo interceptó.

Sabía que ambos adolescentes se habían enfrentado por un problema en el tránsito. "No tires que hay gurises", le pidió la madre de Johan.

Al rato, el adolescente regresó en la moto. Extrajo un arma de fuego y tiró. El disparo, dirigido al adolescente de 15, impactó en la cabeza del pequeño.

Johan fue internado en el CTI del Hospital Pereira Rossell.

Efectivos del Departamento de Investigaciones de la Zona IV (Cerro) detuvieron al menor. La Justicia de Adolescentes lo internó en el INAU por un delito de lesiones gravísimas.

El sábado 31, Johan falleció.

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